Los últimos días de Ocaña en el Gobierno.

El teléfono no sonaba. La situación no podía ser peor en Charata. El dengue era incontrolable. Graciela Ocaña había viajado sin el apoyo de su propio gobierno. Ese día, el gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, era casi su único aliado. Y la ministra de Salud terminó de decidirse: después de las elecciones se va.
Ese fue el instante en que sintió que ya no tenía más lugar en el Gobierno. Pero no es el motivo real de su salida del poder. Sabía que Néstor Kirchner estaba furioso porque no quería nacionalizar el problema del dengue. Y ella se llevó medio Ministerio al Chaco Ocaña cree que Kirchner nunca se lo perdonó. "Sufrí mucho", dijo.

No renunciará antes de las elecciones para no generar ruido; después hará oficial su decisión. Ya se lo dijo a Cristina Kirchner, aunque la Presidenta le dice que la apoya. Hace poco se lo repitió al jefe de Gabinete, Sergio Massa, uno de sus pocos amigos en el Gobierno.

¿Por qué se va? Además de la decepción personal con el proyecto, están las presiones del líder de la CGT. Sus peleas constantes con Hugo Moyano fueron por resistirse a que los gremios manejen $ 1.700 millones de la Superintendencia de Salud. "Me voy por los camiones", afirmó irónica. Fue en su enorme despacho revestido en madera oscura.

Pero además el ex presidente Néstor Kirchner no está conforme con su gestión. Jamás la llamó desde que asumió en Salud pero la ministra está convencida de que Kirchner dio la orden de que ella respondiera cinco horas en el Senado por la crisis del dengue. "Mi máximo defensor ese día fue Gerardo Morales", se quejó la ministra.

Tiempo después, Kirchner llamó a Miguel Angel Pichetto, jefe de los senadores del PJ, para frenar la ley de emergencia sanitaria por la epidemia del dengue. La ley estaba acordada y era impulsada por Ocaña.

También impidió que la funcionaria asistiera otra vez a la Comisión de Salud para exponer sobre el dengue y la gripe A. No quería que el tema fuera politizado en medio de la campaña electoral.

Elisa Carrió apodó hace años a su ex aliada "La Hormiguita" por su capacidad de trabajo y tenacidad. Ahora la ministra cree que eso le juega en contra y no puede dar las peleas como en el PAMI.

Está desencantada. Pero no prepara una salida traumática. "Hay que volver al kirchnerismo explícito. Sigo creyendo en el proyecto original, pero Kirchner terminó abrazado a las mismas cosas que me dijo que iba a combatir", ha dicho frente a sus más íntimos.

El peor día en el Gobierno lo transitó cuando en un televisor cerca de su despacho vio una placa roja de Crónica TV: "Renunció Ocaña". No era la primera vez, pero ese día estalló. La Presidenta la llamó y se reunieron. Siempre le dice lo mismo: "Seguí adelante, tenés mi apoyo". Era una verdad a medias, porque las disputas internas continuaron.

Ocaña había ganado meses atrás una pelea contra el superintendente de Salud, Héctor Capaccioli, un hombre de Alberto Fernández y recaudador de la campaña presidencial, que terminó fuera del Gobierno. Poco después, con el alejamiento de Alberto Fernández, Ocaña igual se sintió aislada.

La historia de ella en el kirchnerismo había empezado en diciembre de 2003, cuando el ex jefe de Gabinete la invitó a su oficina. Por la puerta que se conecta con el despacho presidencial, entró Néstor Kirchner y la cautivó con las ideas. Ocaña se fue de esa reunión, llamó a Carrió y le contó que además le ofrecían conducir el PAMI. Carrió le deseó suerte y cortó decepcionada.

Nunca más se hablaron y Ocaña cree que Carrió no fue sincera, y sí oportunista, cuando dijo que la espera "con los brazos abiertos".

Nunca habla mal de la Presidenta pero dice que, aunque llegó al poder con la convicción de cambios, no los hizo. En su área, "el sindicalismo del peaje", como suele decir, le impidió trabajar.

En los días posteriores a la renuncia de Alberto Fernández algunos de sus colegas del Gabinete le decían: "Cambiá esa cara, parecés la viuda de Alberto Fernández". Ocaña se sentía sin red. Y tomó una decisión: fue a la peluquería.

Se cortó el pelo. Al revés que Sansón, cuando Ocaña se corta el pelo, se renueva, le vuelve "la fuerza". Siguió. Pero no le fue mucho mejor. En el medio perdió la posibilidad de ser candidata a diputada por la lista que encabeza Néstor Kirchner y que ella quería ocupar.

También tiene una dura pelea con Juan Carlos Nadalich, ex ministro de Desarrollo Social, mano derecha de la actual ministra de esa área, Alicia Kirchner. En el entorno de Nadalich critican duro a Ocaña por haber frenado la campaña contra el dengue y de varias desinteligencias en el manejo del Ministerio de Salud. En otros sectores ligados a la salud también se cuestiona el manejo de Ocaña en su área.

Ocaña y Alicia Kirchner conviven en el mismo edificio, separadas por algunos pisos, pero sólo se hablan por cuestiones formales.

Pero la rivalidad entre ella y Moyano por el choque de intereses es una razón clave para dejar el Gobierno.

Varias veces discutieron cara a cara. Una de las principales peleas fue por 150 millones de pesos destinados a las obras sociales para prácticas médicas complejas extraordinarias. La ministra dio de baja en 100 millones de pesos a las obras sociales sindicales.

El ejecutor de esa medida fue el abogado Juan Rinaldi, hombre de Moyano que reemplazó a Capaccioli, y se convirtió en un aliado inesperado de la ministra.

"La Hormiguita" habla seguido con Alberto Fernández y coinciden en que puede seguir con las ideas del "Kirchner original". Ella cree que Daniel Scioli puede ser una alternativa y no descarta trabajar con él para 2011.

No piensa hablar de su salida en público porque se impuso silencio hasta las elecciones. En el entorno de la ministra creen que podría reemplazarla Oscar D'Onofrio, director médico de la obra social de los choferes de camioneros, o el ministro de Salud bonaerense, Claudio Zin.

Ocaña buscará trabajo en un par de semanas. La entusiasman las investigaciones y proyectos de transparencia. Quiere recuperar el tiempo para leer. Dice, en la intimidad, que el poder no le agrada y tiene algunas fobias, como la custodia. Una vez, un juez que investiga denuncias del entorno de Ocaña por amenazas le dijo: "El número de donde hacen las llamadas es de uno de sus custodios". Se quedó helada.

Suele definirse como una mujer libre y sencilla. "Creí mucho en el kirchnerismo práctico. Ya no existe y hay que volver a eso", ha dicho.

Quiere también disfrutar un poco de su casa en Haedo, de sus afectos y también de sus perras caniches, Lulú y Mimí.

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