El último round en el camino a La Moneda

El candidato oficialista incomodó a Piñera al recordar la muerte de su padre, asesinado durante el pinochetismo. El empresario atinó a decir que "parte de mi sector se equivocó". Para Frei, era la oportunidad de achicar la distancia.

El ambiente en las plazas, cafés o en las esquinas estaba tranquilo, pero expectante ayer por la mañana en Santiago y gran parte de Chile. Casi como una previa de un partido de fútbol importante, se respiraban nervios y ansiedad. Es que el debate televisivo que horas más tarde enfrentaría públicamente por última vez a los candidatos presidenciales Eduardo Frei y Sebastián Piñera antes del ballottage del próximo domingo tenía a todos haciendo pronósticos. Aunque, claro está, nadie, del bando que sea, se declaraba vencedor a priori. Esto al menos en la ciudadanía, lejos del mundillo político al interior de los comandos de la Concertación y la derecha, donde todos apuestan sus fichas a ganador.

El primero en opinar públicamente fue el ex ministro del Interior del gobierno de Ricardo Lagos, el actual secretario general de la OEA, José Miguel Insulza. En su calidad de líder internacional, declaró en un tono diplomáticamente correcto que sea cual fuere el resultado eleccionario "todos van a respetar al presidente que se elija". Sin embargo, el "panzer" –que lleva a la Concertación en su ADN– recalcó que "no da lo mismo" quién sea elegido. "No da lo mismo Concertación que Alianza, eso es un hecho visible todos los días, en las cosas que se dicen a cada rato en la política chilena."

La frase no fue antojadiza. Según se especulaba al mediodía, el candidato de la Concertación basaría su estrategia frente a las cámaras justamente desnudando las contradicciones de su contendor de derecha en temas como leyes laborales, Derechos Humanos y el desmarque de la herencia pinochetista que gran parte de su sector no pude o quiere olvidar.

Más tarde Frei, tras concluir una reunión con políticos, escritores y científicos de la talla de Agustín Squella, Antonio Skármeta y Ricardo Lagos, aseguraba estar "tranquilo y contento", Y (refutando a este cronista) descartó usar alguna cábala, pues "esto no es un partido de fútbol", dijo entregando luces de lo que se venía. "Esto es más que la elección de un presidente, es la elección de la forma de ver Chile. El mercado ya no resolvió los problemas de Chile. Hoy día necesitamos un gobierno mucho más activo, mucho más consciente, mucho más responsable para influir en las grandes decisiones. En definitiva: más arte, más ciencia, más desarrollo."

Desde la otra vereda, Sebastián Piñera confiaba en "un debate libre, apasionado, con ideas, con fuerza, con proyectos, pero sin descalificaciones". Sin embargo, endureció su discurso y calificó la estrategia de su contendor como "sucia, miserable, del terror, basada en mentiras y cruel porque asusta a la gente".

La respuesta del comando de Frei llegó de inmediato. La jefa de campaña, Carolina Tohá, instó al inversionista a definir su posición respecto de los casos de DD.HH. recordando que Piñera tuvo una reunión con 500 militares pro Pinochet que están en retiro, a los cuales les ofreció apurar los juicios que se llevan en su contra.

En ese escenario, ambos aspirantes al sillón principal de La Moneda llegaron mostrándose los dientes al set de Megavisión, el canal privado contrario a la Concertación. Justo a las 22 horas, Frei y Piñera, vestidos ambos de traje oscuro y corbata roja, respondieron las preguntas de la prensa. Y, como en un combate de pesos pesados, se fueron golpe a golpe en temas sensibles.

Lo primero que acaparó la atención fue el llamado a los adherentes de Marco Enríquez-Ominami (que salió tercero, con 20 por ciento en primera vuelta) que hicieron los dos que quedan en carrera.

Tras la primera tanda de consultas, Frei se vio más entero y más suelto que su contendor, el cual estuvo dubitativo a la hora de responder si incluiría a colaboradores de la dictadura en su eventual gobierno y respecto de si el concepto progresista le queda bien al sector que representa. Como se esperaba, el candidato oficialista recordó la muerte de su padre, presuntamente asesinado por agentes militares a comienzos de los ochenta y cuyo crimen aún sigue siendo negado por miembros de buena parte de la derecha. El asunto incomodó a Piñera, que se declaró defensor de los DD.HH., al asegurar que "parte de mi sector se equivocó en esas materias, pues no hay justificación para violar esos derechos esenciales".

Siempre como arriba de un ring, Frei aprovechó de recordar que por los votos en contra de la derecha, el Congreso de Chile no ha podido aprobar leyes tendientes a mejorar la educación, la entrega de la píldora del día después y temas laborales. El contraataque de Piñera vino cuando acusó que en los veinte años en que la Concertación ha gobernado el país, la educación se ha estancado y la delincuencia ha aumentado.

Respecto de otro de los temas del día, Piñera cuestionó a la presidenta Bachelet, por no haberlo invitado a la inauguración del Museo de la Memoria (ver nota aparte); sin embargo, Frei recordó que buena parte de la derecha que apoya al empresario aún no reconoce que en Chile se cometieron atropellos, por lo que estaba fuera de lugar que asistiera.

Otro tópico que se abordó fue la cultura. Ahí Piñera recordó que el escrito peruano Mario Vargas Llosa está alojado en su casa y que lo acompaña en el cierre de su campaña. Frei respondió enseguida que más de sesenta escritores, intelectuales y científicos le han dado públicamente el apoyo su candidatura y advirtió que entre 1973 y 1990, las artes y las letras fueron borradas del país.

En el plano internacional, Piñera criticó el pacto gasífero firmado en 1994 entre el propio Frei, como presidente de Chile, y su par argentino, Carlos Menem, el cual fracasó luego de que el bombeo desde Argentina comenzara a declinar. Astuto y rápido como nunca, Frei respondió que el cierre de los caños no estaba en los planes del contrato original, pero que la iniciativa permitió ahorrar a Chile miles de millones de dólares y que la red de tuberías que se extendió puede servir ahora a Chile para exportar gas natural licuado desde puertos locales a la propia Argentina.

Al cierre de esta edición, Piñera insistía en enumerar los errores de la anterior pasada de Frei por La Moneda, mientras éste respondía uno a uno los embates, como el más experimentado de los boxeadores, con golpes certeros como por qué el inversionista no se ha desprendido aún de la aerolínea LAN, Chilevisión o el club de fútbol Colo Colo o su característica más destacada: ser un especulador ya sea en el plano de los negocios o en la política.

Habrá que ver si la arremetida novedosa de Frei le alcanza el próximo domingo o si Chile deberá acostumbrarse a un gobierno de derecha elegido democráticamente después de 50 años.

BACHELET ABRE EL MUSEO; ABUCHEOS A VARGAS LLOSA

Un lugar para la memoria

Como toda gran obra, ésta también partió con polémica. Se trata del Museo de la Memoria, que ayer inauguró la presidenta Michelle Bachelet, quizá la cara más visible en la actualidad de los horrores que la dictadura de Augusto Pinochet cometió en Chile entre 1973 y 1990.

Justamente ese período, nefasto en la historia de este país, es el recuerdo que recoge este centro. La idea es mantener un espacio público con testimonios y documentos sobre las víctimas de las violaciones a los Derechos Humanos durante los 17 años en que las botas y bayonetas gobernaron de facto la nación.

El proyecto es el primero de varias iniciativas similares que se están impulsando en Argentina, Brasil, Perú y Uruguay, entre otros países del vecindario que padecieron dictaduras entre las décadas del ’70 y ’80.

Para la mandataria –cuyo padre, el general Alberto Bachelet fue muerto por sus pares tras el golpe militar de 1973–, esta iniciativa corresponde a la idea de conservar viva la memoria de lo que pasó a Chile como sociedad. La clave, sostuvo, "es que las nuevas generaciones asimilen las lecciones de nuestra historia y contribuyan a sostener el compromiso moral de impedir que la sociedad chilena cometa los mismos errores y los mismo horrores". Sin embargo, miembros de las agrupaciones de Derechos Humanos se han manifestado en contra, pues dicen que la manera en que se gestó su construcción no fue del todo apropiada como tampoco la gente que dirigirá el museo.

De hecho, en medio del discurso inaugural, la presidenta fue interrumpida por varios minutos por la hermana de Matías Catrileo, el activista mapuche muerto por Carabineros en una protesta en el sur de Chile, hace dos años. Tranquila Bachelet la dejó hablar, para luego responder. "Entendemos su dolor, pero en democracia se hace justicia y se hará justicia, eso es lo que nosotros podemos asegurarle. Justicia que nunca tuvimos en esos años", así que yo le pido respeto por el dolor de todas estas familias que al igual que usted quieren justicia. Vamos a pedir respeto por favor, porque para mucha gente éste es un momento muy importante." Aplauso cerrado.

El que no fue aplaudido y más bien se llevó el chiflido de su vida fue el escritor e intelectual peruano Mario Vargas Llosa, invitado por la propia Bachelet a la ceremonia, pero que generó polémica luego de reconocer su adhesión a su amigo Sebastián Piñera.

Incólume ante las pifias, al autor de La ciudad y los perros reiteró que este museo debería incluir a todos los afectados en esos años, en una alusión directa a los militares que murieron en enfrentamientos con grupos armados que se opusieron a la dictadura. De lo contrario, sostienen en la derecha, se presentaría una visión sesgada sobre las causas del golpe.

En ese sentido, la presidenta de la Comisión Presidencial de Derechos Humanos, María Luisa Sepúlveda, dijo que el Museo de la Memoria "ayudará a saber lo que nos pasó y de ahí poder hacer una reflexión para comprometernos al nunca más".

Junto a lo anterior, otros sectores expresaron su preocupación por la incidencia política que pudiera tener Piñera –de ganar el ballottage del domingo– acerca del museo. Sin embargo, Sepúlveda aseguró que la obra perdurará en el tiempo con su propósito y su destino, lo que incluye una administración de la derecha, a pesar de que ese sector haya compartido el proyecto pinochetista, pues "se trata de un museo sobre una parte de nuestra historia, de lo que fueron atentados a la dignidad de tantas chilenas y chilenos, eso de cambiarlo en su contenido sería inadmisible".

Hasta el lugar llegaron también los ex presidentes de la Concertación Patricio Aylwin (1990-1994), Eduardo Frei (1994-2000) y Ricardo Lagos (2000-2006), quienes declinaron hacer comentarios, pero dieron una gran señal de unidad oficialista de cara a la segunda vuelta del fin de semana.

El museo, ubicado en pleno centro de Santiago, cuenta con cinco mil 600 metros cuadrados construidos. En él están los relatos, recuentos, documentos jurídicos, recortes de prensa, audios y videos, objetos, artesanías, relacionados con los casos de más de mil detenidos desaparecidos y alrededor de 3200 ejecutados políticos durante la dictadura.

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