Ultimas cifras del naufragio

El año 2009 presentará sus credenciales a partir de marzo. Allí podría comenzar a mostrar su verdadera cara la crisis, cuando las cuentas públicas comiencen a sufrir la asfixia.
Que la economía está mal, está mal. Nadie lo duda, pero cuán grave está es una incógnita que sólo muy pocos pueden conocer con certeza. Los índices de confianza privados ratifican que muchos argentinos sienten que navegan a la deriva en un mar plagado de incertidumbres y acechanzas. Sin embargo, una densa niebla impide ver claramente hacia dónde se orienta hoy el país. Es que las cifras escasean en la Argentina; la manipulación, dilación y ocultamiento de los datos oficiales ha generado un efecto cascada sobre todo el sistema de producción de información económica.

Sus consecuencias son muy nocivas, porque quienes capitanean las empresas carecen de brújula y sextante para guiarse en una crisis de dimensiones oceánicas. En tales aprietos prefieren equivocarse magnificando la gravedad de la situación y ampliando así el círculo vicioso de desconfianza y retracción de la inversión y el consumo.

Si la información sobre lo que sucede en el país es escasa, fragmentaria y anacrónica, qué decir de lo que sucede a nivel de la provincia, donde la orfandad estadística es aún mayor. Sin embargo, todo apunta hacia un año 2009 muy complejo, sin dudas peor que todos los años anteriores de esta década, excepto el nefasto período 2001/2002. Algunos datos permiten, sin embargo, trazar un esbozo del cuadro de situación e incluso imaginar qué puede pasar en los próximos meses.

Córdoba tiene hoy un centenar de empresas en procedimiento de crisis; sin embargo, los funcionarios oficiales reconocen que este número crecerá de manera significativa a medida que la recesión se haga más profunda. Los mismos funcionarios temen que en las próximas semanas se multipliquen los concursos preventivos de acreedores, se disparen los despidos e incluso el cierre de empresas. Los sectores más afectados son, por ahora, la agroindustria, el complejo automotor y el sector calzado; pero también hay un franco deterioro en el sector de comercio y servicios.

La desconfianza de los empresarios también se ha traducido en un estancamiento del empleo privado en el último trimestre del año. Así lo indican algunos relevamientos privados correspondientes al último trimestre del año anterior, que señalan la parálisis e incluso la retracción que sufrió el mercado laboral en dos sectores que resultaron clave para reducir la tasa de de-socupación: la construcción y la industria. Incluso, las agencias privadas de personal ya advierten que las empresas no sólo dejaron de generar puestos de trabajo sino que comenzaron a reducir sus planteles de personal. Además, las negociaciones salariales dependen cada vez más dramáticamente de la situación económica que vive cada rama de la actividad. La aplicación de suspensiones, de hecho, ha actuado como un mecanismo de reducción de salarios. Se calcula que si la crisis alcanza la magnitud de que la que se vivió a fines de 2001 podría costarle a la provincia entre 40.000 y 60.000 empleos sólo en el sector formal, en los próximos dos años.

Otro dato que suma preocupación es la caída de la producción agropecuaria; cifras no oficiales indican que la provincia perdería entre 2.500 y 3.500 millones de pesos debido a la sequía y a la caída del rinde. Alrededor de dos tercios de estos ingresos -entre 1.600 y 2.300 millones- hubieran quedado en manos de los productores rurales, quienes lo habrían volcado a la inversión y al consumo.

Un índice muy importante para saber qué sucede en la economía real es la demanda de vehículos. Con un poco más de 8.000 unidades entregadas al mercado provincial, la venta de autos nuevos se derrumbó 20 por ciento respecto a un año atrás, en tanto que las transferencias de vehículos usados sufrió una caída de casi la misma magnitud: se comercializaron 12.771 unidades, 3.000 menos que en enero de 2008. Todo indica que los planes oficiales para reactivar al sector han sido ineficaces.

Sin embargo, el año 2009 presentará sus credenciales a partir de marzo. Allí podría comenzar a mostrar su verdadera cara la crisis, cuando las cuentas públicas comiencen a sufrir la asfixia que generará la habitual dosis de divisas.

Lo que se ha visto hasta el momento puede que sea nada más que el prólogo de una crisis profunda y duradera, que el ocultamiento sistemático de la información no podrá evitar.

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