La última maniobra de Kirchner para ganar las elecciones

Por Luis Majul.

Fraude; engaña pichanga; inescrupulosidad; cinismo; burla; estafa. Con cualquiera de estos términos podría ser calificada la última maniobra de Néstor Kirchner para ganar las próximas elecciones.

‘No importa cómo, lo importante es mantenerse en el poder que es donde está la caja. Es decir, el arma para vencer a mis enemigos y evitar que me quiten el control’. A esa frase se reduce hoy el ejercicio de la política para el ex presidente y quienes lo apoyan. Él y sus hombres no lo disimulan. Ya no se discuten ideas ni proyectos, ni se polemiza por la gestión de quienes gobiernan. Incluso los pocos incondicionales que todavía tienen capacidad de análisis, explican con frialdad de cuchillero por qué es una decisión ‘brillante’ incluir en las listas de candidatos a Daniel Scioli y los intendentes.

– En el segundo cordón del conurbano no entienden ni les importa estas pequeñas disquisiciones institucionales que tanto le preocupan a usted. En el segundo cordón, que es donde están los votos, todavía bancan a Néstor y Daniel es el dirigente que tiene mejor imagen positiva. A ellos no les molesta que el gobernador sea candidato a diputado nacional pero que luego no asuma. Y además, ¿qué puede decir la oposición, si se la pasa haciendo lo mismo que nos critican? Así argumentó uno de los pocos dirigentes que se enteró antes que Scioli lo que Kirchner tenía pensado hacer.

La fuente, entusiasmada, sacó un papelito con la lista de figuras que también habrían defraudado a sus votantes con decisiones personales que los beneficiaban. Entre las más destacadas estaban:

n Elisa Carrió, quien a pesar de haber nacido en el Chaco se presentó como candidata en la Capital Federal.

n Gabriela Michetti, quien a pesar de haber sido elegida como vicejefe de gobierno de la Ciudad ahora se presentará como primera candidata a diputada nacional.

n Felipe Solá, a quien le quedan dos años más de mandato pero se presenta de nuevo como candidato para revalidar sus títulos para después intentar ser candidato a Presidente.

Como buen kirchnerista, puso a todos en una sola bolsa. Para él y para Néstor no hay ninguna diferencia entre el gobernador de la provincia más grande del país y el legislador menos influyente. Para la fuente, es un detalle que Michetti haya aclarado que no volverá a la vicejefatura porteña después de competir en la próxima elección.

Boomerang

Ahora todo el mundo hace cuentas. Y los datos dicen:

n Que Kirchner en la Provincia sigue perdiendo cada día más votos y que sólo ya no llega ni siquiera al 30%.

n Que junto con Scioli hoy estaría entre el 35 y el 40%.

n Que el efecto Alfonsín haría crecer un poco a Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín, pero que esa tendencia se va diluyendo a medida que se aleja la fecha de la muerte del ex presidente.

n Que la gran incógnita es cuántos de los votos que aporta Scioli se le deberían restar a los que hoy estaban pensando en votar a Francisco De Narváez o Solá.

Todavía ningún encuestador midió como le puede caer a la sociedad esta maniobra disfrazada de ‘candidatura testimonial’.

¿Y si semejante decisión se empieza a considerar como parte del avasallamiento a las instituciones que se puso en evidencia con fuerza durante el conflicto con el campo?;

¿Y si esta ‘jugada brillante’ no hace más que acentuar el hartazgo ya no solo en entre la clase media, media alta y los centros urbanos sino también entre los argentinos a los que supuestamente ‘estas disquisiciones’ no les interesan?

Hace dieciséis años, un sociólogo menemista creyó que los argentinos no condenaban a un presidente exitoso que andaba en una Ferrari a 200 kilómetros por hora porque lo vislumbraban canchero, ganador y transgresor. La Ferrari era una dádiva que un jefe de Estado no debía aceptar. El auto pasó por un peaje sin pagar mientras superaba el límite de velocidad. La falsa ilusión del uno a uno parecía disimularlo todo.

Pero el día en que a Carlos Menem se le empezó a apagar la estrella, hasta los mínimos gestos que antes se miraban con simpatías empezaron a ser recordados para transformarlo en el jefe de Estado más rechazado desde 1983 hasta ahora.

Ética

De verdad, el eje de la discusión no debería ser Kirchner sino la ética política.

La misma ética que se cansaron de destacar hace poco en Raúl Alfonsín casi todos los que hoy se juegan su carrera política, incluido Scioli.

Si no importa cómo se gana una elección, ¿por qué debería importar si la plata se consigue trabajando o robando? Si lo importante es mantener el poder de cualquier forma, ¿para qué respetar el Congreso, la Justicia, las leyes, los premios, los castigos, los derechos humanos, la investidura presidencial, la libertad de transitar por el país, el pago de los salarios en tiempo y forma, los derechos de los niños, la palabra empeñada e incluso la existencia del otro más allá de uno mismo?

Al marketinero y agresivo muro de Posee lo consiguieron derribar, pero la pared que se levanta entre la ambición de quienes gobiernan y las necesidades de los gobernados es enorme, y parece indestructible.

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