El turno del fútbol

Por Mariano Grondona

La intención de Néstor Kirchner de intervenir en la televisación del fútbol confirma no sólo la continuidad sino también la expansión de su "modelo" hacia nuevos espacios hasta ayer intactos. Este "modelo" se aplica a toda clase de actividades deficitarias cuyo ahogo financiero arranca del comportamiento del propio Gobierno para que pasen a depender de los subsidios de un Estado que sólo los promete a cambio de sumisión política. Este modelo se ha puesto de manifiesto ante las empresas de servicios públicos y diversos grupos industriales, pasando por la ruina fiscal de las provincias y los municipios y habiéndose intentado además, aunque sin éxito, frente al campo.

Al día siguiente de su derrota electoral del 28 de junio, Kirchner declaró que hay que "profundizar el modelo". A la vista de las cifras del día 28, esta afirmación pudo tomarse al principio como una mera bravuconada pero ahora hay que tomarla en serio porque significa que, pese a haber perdido no sólo las elecciones sino también el inminente control del Congreso, Kirchner se comporta como si hubiera ganado. Prueba de ello es que el maquillaje del gabinete vino a confirmar la influencia de los incondicionales Moreno y Etchegaray convirtiendo en una burla el diálogo con los opositores, obligando a cerrar filas en el Congreso a los legisladores tentados de emigrar y llevando la presión hasta los bloques "aliados" para que también se sometan. A la "profundización del modelo" corresponde asimismo la continuación de la "venganza" kirchnerista contra antiguos aliados como Alberto Fernández, contra el campo y también contra Clarín, al que Kirchner quiere despojar de los contratos que tenía Torneos y Competencias con la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), para televisar el fútbol hasta 2014.

¿Cómo explicar esta conducta de un hombre que, habiendo perdido, actúa como si hubiera ganado? Esta conducta, ¿es acaso "racional"? Quizá Kirchner todavía espera que la oposición continúe dividida y que esto permita demostrar que él, y sólo él, tiene la verdadera "voluntad de poder" que necesitan los argentinos. Pero otros explican su conducta por el lado psicológico más que por el lógico, como la expresión de una íntima necesidad de controlarlo todo. Un último recurso para salvar su propio equilibrio emocional frente a las circunstancias que hoy lo superan, aunque obedecer a esta compulsión implique seguir prolongando la fórmula de "subsidios a cambio de sumisión", que exige continuar la ilimitada expansión del gasto público para financiar la inmensa red de subsidios que el Estado ya no puede sostener. Como está pasando con Aerolíneas Argentinas, la promesa de cientos de millones para los clubes de fútbol encaja en esta desmesura, mientras varios gobiernos provinciales ya han hecho saber que no podrán pagar los sueldos. Si esto sigue así, ¿cómo será en tal caso el "fin de fiesta" del kirchnerismo?

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