El turno de las bicicletas

Por: Osvaldo Pepe

Lo pueden confirmar quienes circulen por Buenos Aires, pero también aquellos que recorran Roma, por citar un ejemplo del exterior. Pocas actividades resumen tanto el espíritu y los valores materiales y simbólicos de una sociedad como el tránsito y el transporte público. En la confluencia de ambos se pueden visualizar la racionalidad y la eficacia de los sistemas estatales, la responsabilidad de los actores privados, la observancia de la ley y el respeto al prójimo. En suma, se puede vislumbar el grado de ciudadanía responsable de una sociedad con sólo ver cómo se comportan vehículos, personas y autoridades en las calles, avenidas y autopistas.

En la Ciudad se viene trabajando para disciplinar el tránsito, según encuestas la segunda prioridad de los porteños. Pero aun así sigue siendo un dolor de cabeza. Primero, por las vidas que se pierden, pero también por la sangría económica si se consideran los costos del sistema de salud, del seguro y los daños en bienes e infraestructura. Una asociación civil enciende ahora otra luz de alerta, y enfoca a los ciclistas, de quienes asegura son los que menos respetan las normas de tránsito. En Buenos Aires circulan unas 100 mil bicicletas y el Gobierno apuesta fuerte a incluirlas en su plan integral de tránsito para desalentar el uso de autos en zonas céntricas.

La percepción general es que en las calles los ciclistas están desprotegidos, ya que ni agentes de tránsito ni policías les prestan mayor atención. Sin embargo, en ellos el casco suele ser una rareza y el rojo del semáforo no siempre motivo de freno. Algunos jueces han empezado a sancionar la imprudencia de los peatones en casos de accidentes. Habrá que empezar a seguir muy de cerca a los ciclistas. A veces la frontera entre víctima y victimario se vuelve difusa.

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