Un tsunami de contradicciones

Por Roberto Cachanosky

En su afán por defender lo indefendible, el matrimonio ha entrado en tantas contradicciones y verdades a medias, que si ellos están comprando como ciertos sus argumentos, se entiende porqué el país está metido en un lío fenomenal.

La primera cuestión que no se entiende de los argumentos de la presidente es cuando insiste en que si hoy estuviera rigiendo la 125 los productores pagarían menos derechos de exportación. Dejando de lado que la 125 se caía en octubre del año pasado, algo que siempre se olvida de mencionar la presidente, y suponiendo que la hubiesen renovado, ¿por qué no baja las retenciones ahora y se acabó el problema, si total estaría cobrando lo que pretendían con la 125? ¿Qué es lo que busca el gobierno? ¿Ganar la discusión o encontrar la solución al problema?

Tampoco se entiende el argumento para sostener las retenciones en el actual nivel. Por un lado dicen que es para desojizar el país y, por otro lado, dicen que no pueden bajar las retenciones a la soja porque necesitan la plata para repartirla entre los pobres, al tiempo que dicen que gracias a ellos hay menos pobreza. No entiendo, ¿bajaron o subieron la pobreza con su modelo? Porque si bajaron la pobreza necesitarían menos recursos y podrían reducir los impuestos. ¿Quieren que se produzca soja o no quieren que se produzca soja? Porque a esta altura del partido ya no se entiende lo que quieren. Si el campo produce soja conspira contra las otras actividades. Si el campo no vende la soja que produjo conspira contra la distribución del ingreso. Si el campo quiere exportar carne o trigo está mal porque está "lucrando con el hambre del pueblo argentino", si no exporta soja está conspirando contra el modelo porque no quiere comercializar cuando todos se mueren por comercializar. Algo así como si exporta está mal y si no exporta también está mal.

Por un lado prohíben o limitan las exportaciones y por el otro, convocan a los embajadores para que vendan la Argentina para que se exporte más.

¿Quién puede tomar decisiones de inversiones de largo plazo frente a un discurso tan contradictorio?

La presidente también suele afirmar que los balances de las empresas muestran utilidades récord jamás vistos gracias al modelo. Alguien debería avisarle a la presidente que en la Argentina hay una inflación mayor a la que dibuja el INDEC y que esa inflación distorsiona los balances, porque no pueden ajustarse por inflación. El no ajuste por inflación no es casualidad, porque el impuesto a las ganancias se aplica sobre utilidades ficticias, por lo tanto, lo que se busca es aplicar un impuesto a las ganancias sobre utilidades inexistentes que la presidente compra como si fueran ciertas. Las utilidades récord de las que tanto habla son una ficción inflacionaria como el IPC del INDEC, los indicadores de actividad, las reservas del BCRA y, ahora, los datos de recaudación que informan. ¡Las contradicciones de la planilla de recaudación de febrero son de antología! Insisto, el problema no es que el gobierno venda una Argentina de ficción, el problema es que ellos compren esa Argentina de ficción y actúen en consecuencia.

Pero supongamos por un momento que existen utilidades récord. ¿Qué hace el mercado en ese caso? Los capitales se dirigen hacia esos sectores en que ofrecen una rentabilidad mayor que el resto de los sectores productivos. Aumenta la oferta de ese bien por la mayor inversión, baja el precio y la rentabilidad se iguala al resto de los sectores productivos. ¿Por qué no ocurrió esto en Argentina? Porque Néstor Kirchner le ordenó a Moreno que destruyera las actividades alternativas. Intervino en los mercados de la leche, la carne y el trigo haciéndolos inviables, por lo tanto consiguieron sojizar más la economía y es por eso que ahora dependen de la venta de soja para financiar el gasto.

Mientras el mundo jugaba a favor, llevaron el gasto público hasta niveles récord en monto y en ineficiencia. El problema es que cuando uno mira la evolución de la recaudación impositiva desde noviembre en adelante observa que los impuestos que más caen son los que el Estado no coparticipa. Al caer las exportaciones y las importaciones, disminuyen los ingresos por derechos de exportaciones y por derechos de importación. La caja no coparticipable. También por la recesión el impuesto al cheque cae en términos reales. De este impuesto el Estado Nacional se queda con el 70% y el otro 30% se distribuye de acuerdo a la ley de coparticipación vigente. Es decir, la caja le hace agua, fundamentalmente, por el lado de los impuestos que el gobierno central no coparticipa o coparticipa marginalmente. En el 2008, la suma de los derechos de exportación, importación y del impuesto al cheque era equivalente al 24% del total de los ingresos fiscales. En enero y febrero sumaron el 19%, compensado parcialmente por la confiscación de los ahorros privados en las AFJP. ¿Qué es lo que pasó? Se quedaron con el nivel de gasto público de la época que había viento de cola de afuera y con los ingresos fiscales del viento en contra de afuera, más las barbaridades económicas que cometieron en todos estos años.

Por eso tenemos un tsunami de contradicciones que a diario escuchamos desde la tribuna y como se enredan con los argumentos. Porque no pueden decir la cruda realidad. La caja agoniza, y si la caja agoniza, también agoniza el modelo de construcción de poder.

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