Un tropiezo en el crecimiento.

Argentina perdió ajustadamente ante Cuba en cuatro sets, en el hexagonal final de la Liga Mundial.
En el deporte se dan resultados, de vez en cuando, que duelen más por lo que pudieron ser que por lo que realmente son. La derrota de la Argentina frente a Cuba es una de esas excepciones. Porque perder estaba en el primer renglón de cualquier análisis previo, pero haber estado tan cerca de ganar es una realidad que solamente se puede evaluar después de los parejísimos 104 minutos de juegos que los caribeños terminaron adjudicándose por 25-22, 22-25, 26-24 y 26-24.

Desde Weber hasta el último de los suplentes sabían que el partido iba a ofrecer pocas chances de victoria. Pero que esas oportunidades de oro deberían aprovecharse de principio a fin. Desde el resultado final, está claro que no se pudo. Pero desde el juego, desde la actitud y también desde los aciertos y las virtudes de uno y de otro, la mejor noticia para el vóleibol argentino es que este grupo de jugadores estuvo ahí nomás de sorprender otra vez al mundo de este deporte.

Es que después de los dos espectaculares bloqueos de Gabriel Arroyo ¿primero a Simón y después a León¿ para cerrar el segundo "chico" y poner la cosa 1-1, la Argentina tuvo ventaja de hasta cuatro puntos en el tercer y el cuarto parcial. Aquellos fueron momentos propicios para aprovechar el desequilibrio emocional de los cubanos. Pero, porque a la Argentina no le sobra nada para chocar con oponentes de este nivel y, sobre todo, porque Cuba posee individualidades como las de Roberlandy Simón (el capitán), Yoandy Leal, Wilfredo León y Michael Sánchez, esas ventajas parciales se esfumaron más rápido que lo aconsejable para estas instancias.

Lo cierto que en el tercer parcial la Argentina picó 4-1 (otro bloqueo de Arroyo), 7-4 por un ataque fuerte de Scholtis y llegó 8-4 arriba al primer tiempo técnico por un avioncito que Leal tiró a la tribuna. Hasta el 10-6, por otra pelota que Scholtis conectó en la punta derecha, la Argentina amenazaba con borrar a los cubanos del rectángulo. Pero los de la isla, sostenidos por el potente saque del increíble León (tiene apenas 15 años y juega como un consagrado) y una sensible reducción de efectividad en la recepción argentina, de repente la chapa marcó una paridad en 16-16. Fueron punto a punto hasta que León volvió al servicio. Dos arces y una recepción pobre pusieron arriba a Cuba por 22-19. Con el ingreso de Conte se fortaleció el bloqueo argentino y volvieron a empatar en 23-23. Pero a un error de Filardi se sumó otro misil en ataque de León y Cuba se apropió del tercer set.

Como si fuera una fotocopia de lo sucedido en el parcial anterior, el cuarto anduvo por los mismos carriles. Por un ataque rápido de Filardi y un bloqueo de Scholtis, la Selección llegó primero al segundo tiempo técnico con el esperanzador resultado de 16-12. Sin embargo, desde ahí hasta el 24-24, fue el bloqueo cubano lo que controló el ataque de Ocampo, Scholtis y Porporatto. Hasta que un error de manejo de De Cecco le bajó el telón al partido que, tal vez haya sepultado las chances argentina de estar en semifinales. Es que mañana habrá que cruzarse con Brasil, una potencia que por estos años está en un nivel claramente superior al de este vóleibol celeste y blanco que vive una etapa de reconstrucción.

La producción argentina en esta edición de la Liga Mundial ha sido largamente mejor a lo esperado. Ayer, por caso, Weber sentó rápidamente a Quiroga y Filardi cumplió a satisfacción. Después excluyó a Guillermo García y el Negro Ocampo jugó en altísimo nivel. Por último, salió Spajic, que sufrió bastante por el centro de la red, y Porporatto, su reemplazante, demostró que puede rendir a satisfacción.

No es todavía tiempos de balance. Nunca es saludable perder pero, como se dijo, hay derrotas que despiertan esperanzas mientras que existen victorias que no superan la coyuntura de la alegría momentánea. Todo indica que la Argentina va a crecer, tramo a tramo y partido a partido. Ante Brasil habrá otro examen, sin dudas.

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