Triunfo ciudadano.

Antes del 28 de junio los humores del electorado obligaron a los candidatos oficialistas a morigerar la agresividad de sus discursos. Malos ejemplos ejecutivos. Por Federico van

Alguien pasó al olvido. El protagonista principal de la película es el ciudadano. El es el corrupto que acepta pagar una coima. Es el mismo que la pasa muy mal porque no dejó lo suficiente para que las inspecciones sean menos severas de lo que corresponde. O, en todo caso, es hermano del que recibe el bolsón. No es descabellado pensar que es amigo del que da los certificados de libre deuda o las licencias; pero no va a decir nada, porque no es buchón. En verdad él conoce lo que pasa mejor que nadie y sabe cómo piensa tal o cual dirigente; pero sabe que no conviene que diga nada, porque Rentas le puede caer encima o puede perseguirlo su jefe. Y si lo denuncia ahora, como hizo Federico Masso, seguro que lo hace por despechado o porque está haciendo campaña. Lo importante es poner en duda la verdad.

Muchos ciudadanos tienen miedo y son presas de la hipocresía. Así será su voto, así serán sus actos.

Cuando el ciudadano se libera del temor, actúa en pro de las instituciones; y a las ideas y a las decisiones les crecen alas, porque pueden ejercer la libertad.

En 2001, cuando la dirigencia no sabía qué hacer y se perdía en el laberinto de la crisis, el ciudadano -y sus representantes- fue el sólido cimiento para que la democracia no trastabillara cuando la plata no valía y las bandas presidenciales se cortaban en pocos días. El ciudadano -con todos sus derechos y sus obligaciones- es el que decide lo bueno y lo malo. Es el que hace o deja hacer. El 28 de junio tomará decisiones. Sin embargo, luego de esta semana se puede sentir triunfador aunque falten 42 días dar su veredicto.

En estas jornadas el presidente consorte de la Nación, Néstor Kirchner, bajó sus decibeles. Anduvo alzando bebés, besando chicos y abrazando abuelos. Su agresividad cedió.

Su hijo dilecto, José, parece que compartiera consultores y asesores, porque anduvo hecho una seda. En sus salidas matutinas como "intendente de facto", Alperovich sólo habla del bacheo, de la pavimentación o de la obra de aquí o de allá. Cualquier otra cuestión, "no sabe, no contesta".

Es decir que en tiempos electorales, cuando se necesita del ciudadano elector se acatan las críticas. Y pareciera que la voz ciudadana transmite una sensación de tranquilidad y de comprensión.

Seguramente sería más fácil y menos violento que el ciudadano, en vez de ser un sumiso temeroso, pudiera desarrollar sus preocupaciones en instituciones que lo escuchen para que los propios gobernantes tengan mayor sensatez y consenso.

Hasta la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, se animó a discrepar de su gran benefactor Hugo Chávez. Mientras el venezolano le tiraba dardos a Barack Obama, la argentina le guiñaba un ojo. Tarde, Cristina empieza a tomar conciencia de que Argentina debe estar en el mundo. En otras épocas no le hubiera importado. Otro triunfo del ciudadano y de la democracia en tiempos electorales.

Pero, ¿todo esto ocurre porque de un día para el otro les agarró un ataque de democracia y respeto por la voz del pueblo? No; seguramente se debe a que hay que recuperar terreno -¿los votos?- perdido.

Hay quienes especulan con que esa es la razón por la que Alperovich salió a decir que el 28 de junio no obtendrá las cuatro bancas a diputado que están en juego. Lo más seguro es que no se haya tratado de un síntoma del virus de la humildad. Por el contrario, seguramente se trata de un mensaje a los peronistas. Muchos mensajes se transmiten en voz baja y dicen que no todos trabajarán por igual. No hablan en voz alta porque tienen miedo, pero sienten ganas de advertirle al gobernador que esperan otro trato y que repelen la presión desenfrenada.

Antes de votar ya se dio un triunfo del ciudadano. Está demostrando que la democracia es diálogo, consenso, y no que se lo lleven por delante. Los principales actores anónimos tienen anticuerpos y no salen a golpear puertas en cuarteles como en otros tiempos.

En la oposición tampoco se ha entendido el mensaje.

En Tucumán su gran derrota será no haber podido consensuar un único frente poderoso que preocupe a la conducción actual.

Las cartas ya están jugadas. A priori, y por la nacionalización de los comicios, corren con ventaja, entre los opositores, los frentes que encabezan los candidatos a senador Fernando Juri y José Cano. Los demás, por la falta de un encolumnamiento nacional que los proteja, aparecen más atrás en el lote. Es que muestran un futuro difuso e incluso pegado al alperovichismo. Las coaliciones del peronismo disidente y del radicalismo son los senderos que se bifurcan del kirchnerismo y de la izquierda en la ruta a 2011.

En la primera semana después de lanzadas las candidaturas, Juri mostró un armado más ambicioso, con más de una decena de agrupaciones y con una heterogeneidad social que potenciaba su propuesta.

En un principio, Cano mostró una impericia absoluta a la hora de armar su estructura, pero apenas el radicalismo logró la unidad, el frente comenzó a parecerse a una fuerza política. Y terminó la semana con el fortísimo apoyo de Elisa Carrió y de Gerardo Morales. No fue el acto multitudinario que todos soñaban, pero siempre que un referente nacional levanta la mano, los postulantes suman puntos.

Lo mismo de siempre

Mientras el moderado Alperovich corta cintas, la principal candidata a senadora -Beatriz Rojkés- aparece -y habla- en cuanta reunión pública y oficial se realiza, sea del tema que fuere.

Pero hay vicios que no puede disimular el Poder Ejecutivo. Por eso esta semana el maltrato a las instituciones -y la pasividad ciudadana- reapareció cuando el Poder Ejecutivo buscó inmiscuirse poniendo candidatos propios, íntimos del ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, en la selección de los representantes (titular y suplente) del estamento de los abogados en el Jurado de Enjuiciamiento. La postulación de Silvia Peyracchia y de Carlos Cattáneo genera más dudas que certezas acerca de la procedencia de tal pretensión. Y en el caso de que terminaran siendo integrantes del órgano para evaluar la conducta de los jueces y hasta, eventualmente, destituirlos, ellos se sumarían a los representantes del oficialismo -serían siete de ocho- y, por tanto, perdería pulcritud e independencia la decisión final que adoptara el Jury y la conformación de este como un órgano de naturaleza pluriestamental.

No fue lo único. Durante la semana estalló un escándalo en el Colegio de Escribanos porque se permitió que varios profesionales juraran para tener su registro sin que se acatara una decisión judicial -medida cautelar- que frenaba ese acto.

Al Ejecutivo -como sucedió en el Colegio de Escribanos- no le importó lo que dispuso la "señora de ojos vendados". La Justicia, nada menos, había protegido preventivamente el supuesto derecho de una serie de escribanos que se sintieron desplazados porque, habiendo conseguido integrar ternas para obtener el registro, el Poder Ejecutivo -¿el Ministerio de Gobierno y Justicia?- valoró peculiarmente el orden de mérito y nombró algunos sin tener en cuenta a quienes habían terminado en los primeros lugares.

En los dos casos, el Ministerio de Gobierno quedó vinculado a estos episodios difusos.

Alperovich, que declama la pulcritud y la transparencia de su gestión, ¿estaba enterado de todo lo que hizo su asesor Pirincho?

Si lo estuvo, ambos hechos se convirtieron en un paso en falso para la definición del futuro sistema de selección y remoción de jueces. Si el Consejo Asesor de la Magistratura termina moldeándose a estas arbitrariedades, el riesgo de no tener una Justicia independiente aumentará.

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