Triunfa el amor

Por: Sergio Suppo

El peronismo de Córdoba puede celebrar ahora que está unido. Y lamentar que se quedó mudo para pelearse con los Kirchner. Son las consecuencias inmediatas de la reconciliación de Schiaretti con De la Sota y del gobernador con el matrimonio presidencial. Por Sergio Suppo.

Néstor Kirchner regresará pasado mañana a la provincia que menos lo quiere.

"Viene porque hemos acordado que no habrá más agresiones personales contra él ni contra el Gobierno nacional", dice un hombre del gobernador.

Además de administrar, los muchachos de la Casa de las Tejas han debido explicar a su gente los términos de las últimas dos decisiones políticas de Schiaretti: primero, la reconciliación con José Manuel de la Sota; luego, el acuerdo de paz con Néstor Kirchner.

El peronismo de Córdoba puede celebrar ahora que está unido. Y lamentar que se quedó mudo para pelearse con los Kirchner. Son las consecuencias inmediatas de ambos enjuagues.

"Si juntos será difícil, separados resultará imposible", se repiten a cada momento los muchachos peronistas que mentan el reencuentro de los últimos dos gobernadores. En el final del poema Buenos Aires, Jorge Luis Borges escribió lo que mejor describe ese acercamiento: "No nos une el amor sino el espanto".

Luego de un fuerte intercambio de frases envenenadas y de actos encendidos siguió una concordia que terminó con Schiaretti y De la Sota yendo juntos al acto del Día de la Lealtad, el viernes último. Menos mal que no era el Día del Teatro; se han visto actores más creíbles interpretando el papel de amigos de toda la vida.

El pacto de no agresión incluye que De la Sota no perturbará con críticas la administración de Schiaretti y que el gobernador no hará nada para impedir que su amigo vuelva a buscar el cargo que ejerció durante ocho años y medio, entre 1999 y 2007.

Hay más anotados para una candidatura a la que De la Sota tiene razones para saberse con ventaja. Los ministros Oscar González y Carlos Massei y el intendente de San Francisco, Martín Llaryora. Todos, sin contar al referente kirchnerista Eduardo Accastello, que lleva un sello que le acarrea millones de pesos a su administración en Villa María pero le retacea votos por la rotunda impopularidad de los K.

El acuerdo con Kirchner incluye para Schiaretti, como para todo el peronismo cordobés, seguir la dieta No CCP (no fotos con Julio Cobos, no acercamientos a la Mesa de Enlace del campo, no coqueteos con el peronismo disidente).

Es lo convenido a cambio de que los fondos nacionales (para pagar deuda y el déficit previsional) lleguen sin las demoras que cada fin de mes hacen pensar que no hay plata para pagar los sueldos.

Es cierto que Schiaretti mantendrá su discurso para cambiar el extorsivo esquema de coparticipación federal y para reclamar las deudas a la Nación. Pero no irá más allá, no buscará alianzas con otros gobernadores díscolos y ya no personalizará en los Kirchner sus críticas.

Tarde no es temprano. Luis Juez tardó medio año en advertir que debía desprenderse de Miguel Ortiz Pellegrini. Cuando finalmente le impuso la renuncia al jefe de su bancada de legisladores provinciales, faltaba apenas una semana para que la Legislatura le aplicara a éste una sanción leve por una falta grave: litigar contra el Estado (representó como abogado a trabajadores de Epec y a medio millar de choferes de la Tamse) siendo funcionario público.

La gente de Juez cuenta ahora que, allá por mayo, el jefe del Frente Cívico le hizo notar a Ortiz Pellegrini que él renunciaría frente a una situación similar, pero que el dirigente que llegó del radicalismo no lo escuchó. En voz más baja, los juecistas aceptan que entregar la cabeza de Ortiz Pellegrini durante la campaña electoral que terminó en los comicios del 28 de junio hubiera sido darle una ventaja al peronismo, que presentó la denuncia y la activó en la Legislatura.

En la tarde en que los cordobeses se preparaban para sufrir con la selección de Diego Maradona, Juez apareció en la Legislatura para la despedida de Ortiz Pellegrini. Un día antes, en su estudio de abogado, había debido imponerle la renuncia, no sin antes escuchar que el legislador afirmaba contar con un acuerdo con peronistas y radicales para ser apenas amonestado.

Rompiendo el estilo de avanzar sin preguntar, que ya le trajo más problemas que soluciones, esta vez Juez había consultado la decisión de "renunciar" a Ortiz Pellegrini con al menos media docena de dirigentes de su fuerza.

Lo mismo era tarde. Durante todos estos meses, el jefe de la bancada juecista no había logrado probar que no había violado la norma constitucional que impide litigar como abogado siendo funcionario público o legislador. En su caso, los juicios laborales prometen varios millones de pesos de honorarios.

Para peor, en su lógica de supervivencia, el legislador había logrado una sanción leve que, de no renunciar, le habría sido aplicada esta semana.

Juez declara ahora intolerable esa transa que incluye un salvataje para Domingo Carbonetti, el incombustible legislador del departamento Unión al que acusan de haber actuado como abogado en el juicio de divorcio de José Manuel de la Sota y Olga Riutort. Se supone que no debería haberlo hecho, por ser miembro del jury que juzga la labor de los magistrados. "Nosotros no tenemos los complejos de transparencia de Juez y vamos a defender con uñas y dientes a ‘Mingui’", promete un funcionario de primera línea de la Casa de las Tejas.

Corriendo de atrás, los juecistas irán por una revancha consistente en establecer la diferencia entre la renuncia impuesta a Ortiz Pellegrini y la defensa a Carbonetti que hará primar el oficialismo.

Boletos, pases y abonos. Un día después del adiós al abogado-legislador, Juez esparció una sospecha generalizada sobre el Concejo Deliberante de la ciudad de Córdoba, al decir que, según había escuchado, en él "habría peajes" (léase, coimas o intercambio indebido de favores) para aprobar el aumento del boleto en el transporte urbano.

Lo que Juez no dijo en público y sus amigos se encargaron de apuntar en privado no explica, sin embargo, la derrota que por anticipado ya había asumido Daniel Giacomino. El intendente ya sabía que no habría voltereta posible que le hiciera sumar la mayoría que necesita para ajustar la tarifa.

Esos datos envenenados de Juez, de imposible comprobación judicial, refieren tres casos de canje de votos por cargos en la Municipalidad en dos bloques opositores y en el propio bloque juecista, que tras la ruptura entre Juez y Giacomino también es adverso al intendente.

En una declaración insólita, el viernes pasado, el subsecretario de Transporte, Gustavo Bermúdez, aceptó de modo parcial la denuncia, al confirmar la existencia de un intento frustrado de canjear el voto de dos concejales juecistas.

Bermúdez habló una vez que su jefe Giacomino ya había comenzado a explorar otras variantes al rechazo del Concejo a aprobar un aumento del boleto del transporte urbano.

Es simple: lo que no pagarán los pasajeros lo pagarán todos los vecinos, cuando abonen la sobretasa con la que el intendente espera crear un fondo especial para subsidiar lo que ni la tarifa ni los fondos nacionales alcanzan a cubrir.

Giacomino está en el peor de los mundos. En su pelea con Juez, perdió por completo el Concejo Deliberante, un organismo que la Carta Orgánica de la ciudad creada durante los años de Rubén Martí habilitó a discutir en términos políticos lo que en realidad debería ser una ecuación económica resuelta por el Departamento Ejecutivo.

Como a los concejales les viene muy bien ser simpáticos diciendo que no a un aumento sobre el pueblo pasajero, Giacomino está obligado a buscar cómo el total de los vecinos sufragará el populismo deliberante.

El del transporte, al fin, es un problema menor que la huelga municipal que vuelve a jaquear a la ciudad. Giacomino pedirá una conciliación obligatoria para ganar un mes de tranquilidad y ofrecer dos montos fijos (más alto para los que cobran menos y más bajo para los salarios altos), propuesta que su propia gente descuenta que será rechazada por el sindicato de municipales (Suoem).

Una vez más, confrontará directamente con la conducción del gremio, en una pelea que resolvió retomar entre la tarde del viernes y el sábado al mediodía. Alguna vez, hace menos de cinco meses, nos dijeron desde la Municipalidad que el Suoem había quedado debilitado luego del choque que Giacomino precipitó antes de las elecciones para quitarle votos a Juez.

Es verdad, Juez sacó menos votos. ¿Y el Suoem? Bien, gracias.

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