La tristeza de Estudiantes apuntó las críticas al arbitraje

"Nos metió en un arco", dijo Verón sobre la labor de Larrionda; pese al dolor, un nuevo objetivo: la Libertadores
PORTO ALEGRE.- Cuando en esta ciudad la torcida de Internacional todavía festejaba la obtención de la Copa Sudamericana, la otra cara de la moneda la vivían los jugadores de Estudiantes de La Plata, que acusaron el golpe en el mismo instante en que Jorge Larrionda finalizó el juego. Cada hombre se sintió frustrado y sin consuelo por el empate ante Inter. El capitán, Juan Sebastián Verón, rápidamente asumió su rol de líder: "Vamos muchachos, hay que levantarse y seguir. Ya está".

Las frases, dirigidas a quien pudiera escuchar, eran para levantar un vestuario de almas rotas, quebradas por el esfuerzo y el cansancio, y por una recompensa deseada que jamás llegó. Los gestos adustos y los rostros cargados de impotencia y desilusión marcaron el camino de retorno del estadio Beira Río, donde el equipo platense igualó 1-1 con Inter y perdió la final de la Copa Sudamericana.

Nada fue fácil para Estudiantes. Desde aquel famoso partido del Apertura frente a Tigre que quisieron postergar para sumar días de descanso, lo que finalmente no lograron, hasta este presente salpicado de tristeza y resignación.

Las huellas de angustias se advirtieron en los jugadores, el cuerpo técnico y hasta en los familiares de los futbolistas. El dolor se adueñó de todos ellos, profundizado porque estuvieron a un paso de alcanzar la hazaña.

Las marcas de fastidio se reflejaron en las palabras de Leonardo Astrada: "Siempre pasa lo mismo, la AFA termina beneficiando a los equipos extranjeros y no a los argentinos". La referencia del DT fue por el escaso descanso que tuvieron para disputar la final. Astrada agregó: "El circo estaba armado acá. Pero no quiero justificarme ni justificar a los muchachos que dejaron todo. Me voy tranquilo y orgulloso de dirigir este equipo".

Verón, el referente, también caminó con pies de plomo sobre la actuación de Larrionda. "El árbitro no estuvo acertado. Nos metió en un arco."

Esta vez, la vieja mística copera de Estudiantes no dio resultado. El sueño se derrumbó con ese gol de Nilmar a los 8 minutos del segundo tiempo del suplementario. El análisis de Rodrigo Braña fue contundente: "Jugamos mejor que ellos. Pero entre que no la embocamos y algunos fallos del árbitro, que me pareció que no nos favorecieron, perdimos todo".

Los jugadores terminaron extenuados y la resignación les impedía un pronto regreso a los vestuarios. Desábato no podía contener el llanto, lo mismo que les sucedía a Braña, Cellay y Andújar. Verón consoló al pibe Iberbia, que se lesionó y continuaba con un lamento eterno. Una vez entregado el trofeo se encaminaron todos hacia el túnel. La postal de la desazón se reflejó en el vestuario: camisetas tiradas en el suelo, las miradas perdidas y un lacerante silencio. "No hay reproches, dimos todo. Estoy orgulloso del equipo", animó Verón. El mensaje de Astrada también fue de aliento.

El regreso a La Plata fue con angustia. Sin embargo, el plantel ya se fijó un nuevo objetivo: vencer pasado mañana a Colón y así lograr un lugar en la Copa Libertadores de 2009. Pese al dolor, la grandeza y la unión del grupo proyectan sus deseos. Estudiantes se apoya en su mística y quiere levantarse.

38 son los años que pasaron desde el último logro internacional de Estudiantes; en 1970 ganó por tercera vez seguida la Copa Libertadores.

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