Tristán Bauer justificó la censura a Cobos en Canal 7

Tristán Bauer justificó la censura a Cobos en Canal 7
El presidente del Sistema de Medios Públicos dijo que el festival de Jesús María es un espacio cultural y no político. Schiaretti pide explicaciones.
El presidente del Sistema de Medios Públicos, Tristán Bauer, defendió ayer la decisión de Canal 7 de no hacer tomas de imágenes de Julio Cobos durante el festival de Jesús María, Córdoba, asegurando que la prioridad era el sentido artístico y cultural del evento y no la política. “Lo que espera nuestro pueblo, nuestra audiencia, es ver ahí expresados a los cantores, nuestros jinetes que tienen destreza en la doma y no otras cosas”, dijo el funcionario.

En los 55 minutos que estuvo en el festival, el viernes de la inauguración, Cobos no logró ningún plano ni siquiera cuando los organizadores del evento le regalaron un poncho, ya que entonces el canal emitió una tanda publicitaria.

Para el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, las autoridades del Canal 10 de esa provincia –a cargo de la transmisión original– “deberían explicar” por qué no mostraron las imágenes del vicepresidente y de él mismo. Inmediatamente, Ricardo Edelstein, presidente de los Servicios de Radio y Televisión de la Universidad Nacional de Córdoba (SRT), de los que depende Canal 10, salió a responderle. “No hubo ninguna orden de censura. Como el vicepresidente y el gobernador no pronunciaron discursos y sólo estuvieron como invitados, tal vez se consideró que no fue necesario mostrarlos durante la transmisión”, se defendió.

Schiaretti también pidió explicaciones a Martín Bonavetti, director del Canal 7, quien estuvo en Jesús María en la noche del viernes y quien aún no dio sus razones sobre el episodio. Bauer, durante una entrevista con Víctor Hugo Morales, por radio Continental, admitió que envió hasta allí a Bonavetti, y que con él comparte el concepto de “avanzar en la construcción de un nuevo canal”.

“Para mí en ese espacio cultural no tenemos que abrir espacios para la rivalidad, yo creo que es un espacio cultural”, dijo en relación con la pulseada entre Cristina Kirchner y su vice. La pregunta del millón es qué hubiera pasado si quien asistía al festival de doma era la Presidenta.

Con ese mismo argumento, el cineasta también justificó haber dormido el debate sobre la incursión militar israelí en la Franja de Gaza en los programas comunitarios con que cuenta Canal 7. “Como en el espacio de la colectividad en el programa AMIA para todos y Desde el aljibe, yo no voy a abrir espacios para la rivalidad. Y me criticarán por no dejar emitir ciertas voces (...) pero creo en otra idea de país, creo en otra idea de televisión pública”, dijo. Por eso –resaltó– sobre el conflicto militar en Oriente Medio “sólo se habla en los noticieros”.

Por su parte, la diputada cordobesa Norma Morandini, del bloque Memoria y Democracia, aseguró a Crítica de la Argentina que –cuando se reinicie el período ordinario de sesiones– realizará un pedido de informes en la Cámara para que las autoridades de Canal 7 expliquen lo sucedido en el recinto. “No me gusta personalizar las cosas, soy partidaria de contextualizarlas. No tengo nada personal contra el matrimonio Kirchner, pero sí tengo mucho en contra de la concepción autoritaria del poder que ellos encarnan.”

–¿Hubo censura?

–Siempre hablamos de democratizar la Ley de Radiodifusión pero no se habla de democratizar la conducta de los funcionarios. Lo grave de este hecho es suponer que la ciudadanía son niños a los que hay que tutelar o que todo se puede tapar con propaganda. Hay un derecho colectivo que es el de la sociedad a ser informada. El Pacto de San José de Costa Rica, que tanto se invoca, señala que no puede haber censura pública.

–¿Cómo se garantiza ese derecho?

–El Estado tiene que garantizarlo. Lo que es público es de todos y todos lo tienen que cuidar. Canal 7 no tiene estatutos, ni siquiera conocemos sus gastos. En la Comisión de Libertad de Expresión de Diputados, a la que el oficialismo no concurre, estamos tratando de avanzar sobre un proyecto que garantice la pluralidad en los medios del Estado. Un sistema que garantice el acceso por idoneidad y que haya un consejo con control parlamentario.

OPINIÓN

Néstor Kirchner, director de contenidos

Por Diego Genoud

El mapa de medios está mutando. El año electoral será el del desembarco de los empresarios que respaldan al Gobierno nacional en el mercado radiofónico. Radio del Plata pasó a manos del Grupo Empresario Argentino S.A. (GEASA), que integran dos cordobeses de trayectorias bastante disímiles, Gerardo “El Gringo” Ferreyra y Euclides “Tati” Bugliotti. Ferreyra estuvo preso nueve años y conoció en la cárcel a Carlos Zannini, el secretario de Legal y Técnica de la Presidencia. Bugliotti formó parte del entorno íntimo de Carlos Menem hasta 2003, fue amigo del ex gobernador de Córdoba, Ramón Mestre, y hoy es dueño del Orfeo Superdomo en la capital provincial. Esa sociedad es una buena muestra de la alquimia que ensaya el Gobierno.

Radio América y FM Aspen están a punto de pasar a manos de Sergio Spolszki, quien en Del Plata estará formalmente a cargo de la gerencia comercial. Como anticipó Crítica de la Argentina en septiembre pasado, un consorcio comandado por el sindicalista Víctor Santa María se quedó finalmente con la frecuencia de AM 750.

Néstor Kirchner considera que radios, canales de televisión y diarios deben pasar a manos de empresarios argentinos. Los hombres de negocios que visitan la Quinta de Olivos afirman que menciona con insistencia al grupo mexicano CIE y al español Prisa.

El GEA quiere quedarse con otras emisoras antes de marzo. Piensan precisamente en algunas de las que todavía controla el CIE: Splendid, Rock and Pop y Aspen si es que Spolszki no la incluye en el paquete de América. “Vamos a ir por otros medios. La Ley de Bienes Culturales los obliga a desprenderse de parte de sus empresas”, le anticipó a este diario uno de los interesados. En la residencia presidencial, argumentan que la ley sancionada en 2002 –que limita la participación extranjera en medios– benefició únicamente al Grupo Clarín, pero debe aplicarse también en otros casos. La presencia de Spolszki en el nuevo entramado expresa la transición que inicia el oficialismo, de los medios gráficos a los audiovisuales.

Kirchner tiene la certeza de que este año los medios van a jugar un rol clave. Recostado sobre el PJ y sin la aprobación popular de sus comienzos, teme que el oficialismo pierda por paliza en un escenario que repercutirá con seguridad en la elección de octubre. La propiedad de los medios es un tema tabú para los propios medios, una herencia muy probable de la dictadura a la que casi todos respaldaron. Los más grandes avalaron el genocidio, hicieron negocios con Videla y jamás amagaron con una autocrítica. Para comprobarlo sólo hace falta leer Decíamos ayer, el imprescindible libro de Eduardo Blaustein y Martín Zubieta. El silencio se edifica sobre la extorsión y la cola de paja generalizada. “¿Vas a hablar de los accionistas de tu diario?”, me respondió uno de los empresarios consultados. Un segundo después se contradijo: “Eso no le importa a nadie”. Muchos políticos opositores prefieren no abordar el tema porque, sin prensa, no tienen destino. Por eso, es tan necesaria una nueva Ley de Radiodifusión que no se escriba con la letra que dicte el gobierno de turno. Para que todo el mundo sepa quién dice lo que se dice y deduzca por qué.

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