Triple crisis global en el comienzo de 2009

Por Rosendo Fraga. Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.

Si Obama no logra rápidamente ganar credibilidad, reconstituyendo a partir de ello el liderazgo del mundo desarrollado, no será posible encauzar la crisis financiera ni contener la estratégico-militar

En los últimos días de 2008 y los primeros de 2009, el presidente electo de los EE.UU. ha comenzado a mostrar limitaciones para manejar los problemas. Hasta comienzos de diciembre, mantuvo una estrategia clara: separar su gestión de la de Bush,- como hizo Roosevelt con Hoover en 1933,- para evitar así un desgaste prematuro antes de iniciar la gestión. Pero la presión de Wall Street lo llevó a su primer fracaso, al no lograr la aprobación del rescate para la industria automotriz, presentado en forma conjunta con el actual Presidente. Ya al comenzar el año, fue la misma bancada demócrata la que decidió postergar para febrero, la aprobación del propio plan de Obama para reactivar la economía. El caso de corrupción que se generó con el intento de venta de su banca por parte del Gobernador de Illinois, es un golpe de mala suerte inoportuno. Pero que no haya logrado su renuncia como intentó, muestra que no le resulta fácil ejercer un liderazgo efectivo dentro de su propia estructura política. El silencio demasiado prolongado frente al ataque israelí a la Franja de Gaza, puede ser interpretado como un ejercicio de prudencia política, pero también pone también el mundo ha comenzó a juzgarlo como una inacción excesivamente cómplice con Israel.

La guerra que se está librando en Medio Oriente, es consecuencia de la falta de liderazgo mundial. Israel, que seguramente considera que su existencia como país está amenazada en el largo de plazo si no se interrumpen las actuales tendencias en Medio Oriente, aprovechó para adoptar una arriesgada decisión, el vacío de poder existente en los EE.UU. en particular y en el mundo en general en estos días. Hasta hace poco tiempo, la activa diplomacia de Condolezza Rice probablemente hubiera presionado a Israel para evitar una acción de imprevisibles consecuencias y probablemente con su sucesora Hillary Clinton en funciones, hubiera sucedido otro tanto. La opinión pública mundial se está volcando contra Israel y el veto de EE.UU. en el Consejo de Seguridad, impide acciones concretas que frenen las acciones militares israelíes. Los gobiernos árabes moderados sufren creciente presión de sus pueblos para que se involucren a favor de los palestinos, Siria a suspendido las conversaciones con Israel y si el conflicto termina generando acciones terroristas contra blancos judíos en el mundo e involucrando a Irán,-precipitar este conflicto puede ser un objetivo de los halcones israelíes- las potencias occidentales pueden verse obligadas a intervenir, pero ya no para frenar a Israel, sino para sostenerlo. El reciente acuerdo establecido entre el presidente iraní (Ahminajed) y el primer ministro pro-norteamericano de Irak (Al Maliki), sólo días antes de la ofensiva israelí, muestran por un lado la perdida de influencia de Washington en la región y por otro que se estaban produciendo sorpresivos realineamientos en Medio Oriente y no precisamente a favor de Israel.

En cuanto a la crisis económica, al comenzar 2009 es más probable que lo peor todavía no haya pasado. Aunque lo más grave de la crisis financiera ya hubiera sucedido, las consecuencias en la economía real todavía no se han manifestado en toda su intensidad y en lo social recién han comenzado. Si bien la tasa de desempleo en los EE.UU. está lejos de superar el 20% como en los años treinta, si es posible que en 2009 llegue a dos dígitos, lo que es un costo social muy alto para este país. En Rusia, China e India, los despidos ya se cuentan por cientos de miles por mes y en Europa, el trabajo de los inmigrantes ha comenzado a caer vertiginosamente como el primer escalón de un fenómeno que se extenderá más. La discusión central es si la recesión que se vive que es la mayor desde la Segunda Guerra Mundial, puede transformarse en depresión y en consecuencia prolongarse como sucedió en los años treinta. EE.UU. ha tenido deflación en octubre y noviembre y también en diciembre de acuerdo a las cifras provisorias.

Pero la clave de la solución es política: si Obama no logra rápidamente ganar credibilidad, reconstituyendo a partir de ello el liderazgo del mundo desarrollado, no será posible encauzar la crisis financiera ni contener la estratégico-militar.

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