En la trinchera

El intendente que soñaba con abocarse a que Córdoba se parezca más a Rosario o Curitiba, terminó entrampado en intentar resolver algo imprescindible para poder mirar más allá del Palacio 6 de Julio: su ordenamiento puertas adentro.
El grueso de los cambios de gabinete dispuestos por Daniel Giacomino en sus 19 meses de gobierno pueden leerse como correlato de dos factores: depuraciones producto de su conflictivo matrimonio devenido en divorcio con Luis Juez; y el drástico reordenamiento que la realidad le impuso a la agenda con la que entró a la intendencia.

Así, de desembarcar frente a la Cañada –en un municipio, se suponía, equilibrado por su antecesor luego de la debacle de Kammerath– acompañado de un staff con la intención de mirar más allá de la coyuntura y cargado de ideas para "dar brillo a la ciudad"; Giacomino pasó, menos de dos años después, a un gabinete de "guerra": diezmado por recortes presupuestarios y fracturas políticas, y con el núcleo de sus funcionarios absorbidos por los conflictos y la necesidad de administrar recursos insuficientes.

El intendente que soñaba con abocarse a que Córdoba se parezca más a Rosario o Curitiba, terminó entrampado en intentar resolver algo imprescindible para poder mirar más allá del Palacio 6 de Julio: su ordenamiento puertas adentro.

¿Cómo pensar en hacer debutar aquellos "indicadores de gestión" con los que prometía monitorear la productividad del personal, si por un corte de adicionales –que son potestad del Ejecutivo– los empleados llevan más de un mes sin trabajar? El protagonismo prometido en el debut a áreas como Planeamiento Estratégico, Turismo o Cultura contrasta irónico con el cumpleaños que la ciudad acaba de pasar sin festejo alguno.

De aquí en más. Cierto es que este panorama puede cambiar en una gestión que recién promedia. En su último reordenamiento de tropa, Giacomino eligió, además de refugiarse en hombres de su confianza y reforzar la ofensiva que lidiará con el Suoem (el protagónico quedó a cargo de Guillermo Luque, su "supersecretario"), preservar el protagonismo de áreas que le permiten soñar con dejar su huella en la ciudad.

Ambiente es un caso: desde allí, y usando a Crese como herramienta central, el intendente quiere cambiar el manejo de la basura y resolver un problema cordobés de larga data.

Otro caso es el de la reconvertida Secretaría de Obras y Servicios Públicos, responsable de ejecutar el jugoso paquete de obras que la Nación aún promete financiarle a Giacomino, y de pilotear un instrumento al que el intendente aún apuesta fichas: la concertación. A eso ahora sumó otra área sensible: el Transporte. No es casual que ambas carteras sigan a cargo de funcionarios que acompañan al mandatario desde la primera hora: Fernando Cámara y Daniel Rey, respectivamente.

En los meses que siguen se verá si, finalmente, el manejo exitoso de lo urgente da oxígeno a la gestión para ocuparse de lo importante.

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