Por una triangulación, la casa que vendió Kirchner es de su socio y amigo Báez.

Por una triangulación, la casa que vendió Kirchner es de su socio y amigo Báez.
El matrimonio presidencial le vendió su residencia en Río Gallegos a Lázaro Báez, socio de Néstor Kirchner e investigado por la Justicia por presunta evasión fiscal. Desde el último conflicto social que estalló en Santa Cruz, los Kirchner se mudaron a El Calafate y dejaron de visitar Río Gallegos. Con esa operación, quedó al descubierto la relación entre Báez y Fabio Biancalani, senador por Chaco y mano derecha del gobernador Capitanich.
La próxima vez que Néstor Kirchner decida volver a Río Gallegos, tendrá que tocar timbre y pedirle las llaves de su casa a uno de sus socios: el empresario Lázaro Báez.

En efecto, el megadenunciado zar de la construcción es el nuevo dueño de la morada K. Así, el ex presidente volvió a cimentar una sociedad que ya parece no querer ocultar. Báez, investigado por la Justicia por presunta evasión fiscal, volvió a cerrar acuerdos comerciales con el primer caballero. PERFIL pudo confirmar que en las próximas semanas el registro de la propiedad de Río Gallegos dará por finalizado el tramite de “escritura y compraventa” y dejará asentado en la matrícula de la propiedad que desde el 20 de noviembre de 2008 el nuevo dueño del chalet es Epelco S.A. Esta es una de las empresas que Báez mantenía fuera del círculo de sus sociedades para poder alzarse con nuevos contratos de obra pública fuera de la provincia de Santa Cruz.

Epelco tiene sede social en Libertad 141 de la ciudad de Río Gallegos, el lugar donde funciona el estudio de Fernando Butti, contador de Báez. De la misma manera, Epelco formó una UTE con Austral Construcciones, el caballo de batalla del empresario santacruceño y, antes del desembarco pingüino en la empresa, con IECSA, la constructora de Angelo Calcaterra, primo de Mauricio Macri.

La compra de la casa de Néstor Kirchner, que además fue comandada por el escribano Leandro Albornoz, notario del pool de empresas de Báez, dejó en evidencia una relación que en Santa Cruz hasta ahora se quería mantener en las sombras. El senador chaqueño, Fabio Biancalani, ladero del gobernador Jorge Capitanich, vendió parte de sus acciones en la constructora Biancalani al socio de Néstor Kirchner y así permitió que Leopoldo Hector Daniel Gallegos, administrador judicial y gerente de “Sucesión de Adelmo Biancalani S.A” y Carlos Joaquín Alonso, el apoderado, desembarquen como presidente y director de Epelco S.A. Así, en teoría, se transformaron en los nuevos dueños del ex chalet de Kirchner.

Fuentes de Austral Construcciones aseguraron a PERFIL que la unión con el senador data “ de hace más de un año” y que primó para cerrar la operación “la capacidad de obra” de la empresa chaqueña. Apenas asumido el gabinete de Cristina Kirchner se mencionó al ingeniero Alonso como nuevo gerente de obras de la Dirección Nacional de Vialidad, pero su estrecha vinculación con Báez, y la negativa del sindicato de trabajadores viales a esa designación, terminaron ahogando la posibilidad. Igual, a fines del año pasado cobró un sueldo por las nuevas funciones que se le asignaron en Vialidad Nacional. PERFIL intentó comunicarse con los supuestos dueños de EPELCO, para consultarlos sobre sus relaciones con Báez y la transacción con Néstor Kirchner, pero ninguno respondió los reiterados llamados. Incluso, desde la residencia de Gallegos aseguraron que “el señor está de vacaciones en Brasil”.

Biancalani tampoco se quiso referir a su vinculación con Báez por “estar en una reunión”, según dijo a este diario su secretario.

En la empresa confirmaron la compra de la casa del matrimonio presidencial y la definieron como “una inversión forzada”. “Desde Balcarce 50 ordenaron comprarla. Es así”, agregó la misma fuente. Si bien no trascendió el monto de la operación, PERFIL averiguó que sólo por arancel de sellado en rentas se pagaron 15.850 pesos. A partir de esa cifra se calcula que la venta superó, por lo menos, los 700 mil pesos. Por las dudas, la casa se mantiene intacta, incluso con la bóveda que Kirchner le pidió al Banco Nación y ordenó colocarla en el subsuelo.

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