Tres para pelear por el poder

Tres para pelear por el poder
Por José Ignacio Llados

El escenario electoral de tercios terminó de sellarse ayer con el trío Macri-Solá-De Narváez. Dos propuestas peronistas -una oficialista y la otra disidente- y una de base radical definirán el poskirchnerismo en 2011. De eso se trata octubre y sobre esa base se conformó el acuerdo del peronismo refractario al Gobierno. El resto de los candidatos -Reutemann, Cobos, etcétera- deberá anclar su propuesta en alguna de estas alternativas si pretende no diluirse.

No hubo opción. Que Macri apuntale un potencial enemigo íntimo para la elección presidencial de 2011 y que De Narváez se asocie con una propuesta que le rebaja el cartel tiene esa sola explicación. No habrá 2011 para ningún llanero solitario.

Abundaron, eso sí, las presiones. Eduardo Duhalde apuntaló a Felipe Solá -que, dicho sea de paso, no podrá jugar su nombre en octubre si antes no renuncia a la banca de diputado que obtuvo por el kirchnerismo- y sugirió a De Narváez que aceptara ser segundo. La primera respuesta resultó negativa. "Yo pongo la plata, yo voy primero. No le voy a regalar una fortuna a Felipe", reaccionó De Narváez. Al rato cambió de opinión.

Las bases peronistas más disconformes necesitan tener la sensación de recambio fuerte, no de dispersión. Si no, la oferta electoral se divide y el espacio, al segmentarse, pierde incidencia y termina por regalar la chapa opositora a la entente Carrió-UCR-Socialismo-Cobos. Duhalde, consultor omnipresente del PJ no kirchnerista, transmitió ese mensaje a la nueva sociedad.

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El acuerdo de ayer también sugiere que los liderazgos personalistas de poco sirven si no aparecen afirmados sobre un partido con capacidad de empuje, fiscalización y logística. Los candidatos marketineros sólo influirán englobados en una lógica partidista.

Mauricio Macri es uno de los dirigentes con mejor imagen, según diversas encuestas. Pero no le alcanza con eso. El interior no se gana sólo con la TV y el recuerdo de una gestión deportiva. Si quiere quedarse con una elección presidencial, debe tener el sostén del peronismo o del radicalismo. Ayer, Macri se decantó por el PJ.

El acuerdo supone también que una diáspora kirchnerista depositará a los peronistas desencantados en este nuevo espacio. Aporte de masa crítica se le llamará a eso. Es una de las carencias que Macri-Solá-De Narváez aspiran a desterrar con el pacto de ayer.

Nada garantiza la fidelidad dentro de este bloque político. De hecho, De Narváez tiene un conflicto de intereses con Solá y una historia de celos personales con Macri, y el jefe de gobierno supone que deberá pelear una candidatura presidencial con Solá. Pero hoy no tienen alternativa. El escenario político nacional empieza a decantarse y ya no da espacio para líberos.

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