Tres palos y a la bolsa.

GODOY CRUZ 0 – LANUS 1: Lanús la pasó mal en Mendoza, pero se llevó un triunfo que lo dejó único escolta. El Tomba hizo todo para no perder, aunque Bossio y los caños se lo impidieron.
Leandro Caruso resumió en un simple gesto lo que fue el partido. A los 25 minutos del segundo tiempo, el delantero de Godoy Cruz tuvo la enésima chance del Tomba en su cabeza y la pelota rozó el palo derecho de Bossio. Caruso, con el pulgar y el índice de cada mano apuntando hacia abajo, redondeó la imagen. Y no estaba pidiendo una pelota... ¿Tuvo suerte Lanús, como graficó Caruso? Y sí. De mínima, no mereció ganar. De máxima, tampoco nadie hubiera protestado mucho si el ahora único escolta del campeonato caía en Mendoza. Godoy Cruz le creó 18 situaciones de gol, incluyendo tres que terminaron en los palos. Fueron diez en la primera parte y ocho en el complemento. El equipo de Zubeldía, en cambio, generó una docena, con un desglose que lo deja expuesto: apenas tres en la primera mitad y nueve en los segundos 45.

Números al margen, el control remoto del partido lo tuvo en exclusividad Godoy Cruz. Manejó tiempo, balón, espacios y sus ataques finalizaron casi siempre en el área chica. El Granate mostró su versión de visitante, saliendo a esperar qué proponía el rival y más cauteloso que cuando es anfitrión en la Fortaleza. Ahí hay que encontrar la explicación de por qué recién ayer pudo sumar su segunda victoria de visitante, entre Copa Libertadores y torneo local. Parado varios metros más atrás, sólo podía meter bocadillos en el monólogo del Tomba. Los de Cocca abrían la cancha con inteligencia, el pisador Caruso se sumaba al circuito de Leiva, Encina y Figueroa haciendo sufrir bastante a Lanús. Faccioli no hacía pie y a Velázquez se le movía el piso. Y la contra veloz por los costados, característica fundacional de este Lanús, era una hipótesis. En los 70 metros que había hasta el arco de Ibáñez desde que Blanco o Valeri tomaban el balón, sólo Salvio se ofrecía como receptor. Por eso, los carrileros debían frenar y perder valiosos segundos. En la única oportunidad que le funcionó el arma letal en esa etapa inicial (a los 42), el Grana se puso en ventaja. Saque rápido de Bossio para Blanco y pase medido para dejar a Salvio mano a mano. Zubeldía saludaba desde el banco la viveza de su arquero. Negocio redondo. Faltaba cuidarlo.

En la parte final se repartieron casi las mismas cartas. La gran diferencia fue que Lanús salió a pararse unos metros más arriba para tratar de liquidar la historia y disimular que no sabe defenderse sin la pelota. Ahí llegaron dos goles anulados (mal el de Sand y bien el de Salvio) y un despeje en la línea tras taco del mismo Pepe Sand. Pero después de esa ráfaga, la visita volvió a replegarse para explotar una contra que salió mejor. Cocca, por su parte, varió dos veces de esquema (3-4-1-2 y 3-3-1-3), pero entre los palos y Bossio no le dejaron alcanzar el empate.

El 1-0 quedó corto para el partidazo que entregaron dos equipos que hacen del juego al ras del piso una religión. Y no es casual que se haya visto un buen espectáculo, ya que en los tres duelos anteriores habían dejado 17 goles (3-3, 2-2 y un 4-3 para Lanús). El Grana se fue feliz con un triunfo que vale tres palos... verdes.

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