Tres meses de dictadura

Según reflejaron los medios hondureños críticos del golpe, la sensación ayer dentro de la embajada y en la marcha zelayista fue que la vía del diálogo está por agotarse. Mel pide que actúe la ONU.
La dictadura hondureña cumplió 90 días con la capital militarizada y la resistencia popular aún en las calles. Ayer miles de zelayistas marcharon nuevamente por el centro de Tegucigalpa para repudiar al gobierno de facto y los ataques contra la embajada brasileña, donde están refugiados el presidente constitucional Manuel Zelaya y su entorno más cercano. "Aquí nadie se rinde", fue el grito que lanzaron contra el cordón militar, cuando pasaron cerca de la sede diplomática sitiada. Había más de 500 metros entre los manifestantes y la casa de dos pisos, pero las consignas y la música de la marcha inundaron las habitaciones de la embajada y dibujaron, aunque sea por un momento, una sonrisa en los rostros de Zelaya y su gente. Fue la única alegría que tuvieron ayer.

Los gases tóxicos y la desesperación del viernes se habían disipado ayer. Los zelayistas estaban más tranquilos, pero agotados. "La verdad, yo ya no sé qué están esperando afuera", aseguró, resignada, la primera dama Xiomara Castro a este diario. Está preocupada, dijo, como excusándose por el malhumor. Hace cinco días que está encerrada con su esposo y más de cien personas en una edificio de oficinas de dos plantas, sobreviviendo con galletitas, atendiendo las llamadas de los medios internacionales cada 15 minutos y asediada por ataques químicos y psicológicos de los militares, que alternan entre tirar gases que provocan vómitos y ampollas y marchar frente a la embajada en medio de la madrugada golpeando sus escudos con sus bastones.

"Me siento impotente. Estamos viviendo situaciones muy difíciles y a pesar de eso no vemos decisiones concretas. ¿Qué medidas está tomando la comunidad internacional contra las fuerzas armadas hondureñas? Aquí hay un golpe militar; fueron militares los que echaron del país al presidente, son militares los que están en las calles y son militares los que deciden quién entra acá a la embajada", se quejó la primera dama.

No es la única que pide más medidas y más rápido. Su esposo, el presidente Zelaya, también le reclamó al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que si van a sancionar al régimen de facto hondureño lo hagan rápido. La sensación que reflejaban ayer los medios hondureños críticos del golpe era que dentro de la embajada brasileña y en la marcha de los zelayistas la vía del diálogo estaba por agotarse, si no se había agotado el mismo viernes con la agresión a la embajada brasileña.

El viernes a la noche la canciller de Zelaya, Patricia Rodas, dio una conferencia de prensa en la ONU para denunciar que los golpistas no están tan aislados como sostienen Estados Unidos y la OEA. A sólo horas de que el Consejo de Seguridad condenara por unanimidad el ataque con gases tóxicos a la embajada brasileña, la funcionaria acusó a Israel de haber provisto los gases. "Fuentes de la Inteligencia militar leales a Zelaya nos han filtrado que los químicos y armas de asedio han sido proporcionados por las empresas Alfacom e Intercom (dueño de esas empresas) es un intermediario de Israel", aseguró Rodas.

Las empresas Alfacom e Intercom pertenecen a un ciudadano israelí, naturalizado hondureño, llamado Yehuda Leitner. En estos últimos años este empresario e ingeniero en seguridad ganó licitaciones estatales y se condujo como un respetado dirigente de la comunidad judía hondureña. Actualmente es el vicepresidente de la comisión directiva de la principal organización de la colectividad. Sin embargo, los zelayistas más memoriosos lo recuerdan como uno de los asesores israelíes que, junto con militares de la última dictadura argentina, entrenaron al Batallón 316, el escuadrón de la muerte más sangriento que sufrieron los hondureños en la década del ochenta.

Investigaciones periodísticas de la agencia Reuters y del reconocido periodista norteamericano Jon Lee Anderson de aquella época mencionaron a Leitner como un ex soldado israelí que había sido contratado por la empresa de seguridad de ese país ISDS (International Security and Defense Systems) para enseñarles a los militares hondureños cómo torturar, secuestrar y asesinar a los grupos guerrilleros.

Otra vez los mismos nombres de los oscuros años ochenta volvían a reaparecer con la dictadura. Pero nadie pareció reaccionar, como tampoco lo hicieron cuando la resistencia zelayista demostró ante las cámaras que las bombas lacrimógenas que lanzan la policía y los militares hondureños tienen el sello de la Policía Nacional peruana.

Ningún gobierno del mundo apoya formalmente a la dictadura hondureña, pero es indudable que los golpistas aún tienen aliados fuera de las fronteras del pequeño país centroamericano. "Yo les miro las caras todos los días y puedo asegurar que los militares hondureños están envalentonados, no asustados", sentenció, ya enojadísima, la primera dama.

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