Tres internas en Uruguay con aroma a elecciones generales.

Los orientales votan hoy para elegir a sus candidatos para los comicios nacionales de octubre próximo. Hay un enorme fervor y se espera un presentismo alto. Las figuras principales son el frenteamplista José Mujica y el blanco Luis Lacalle.
Se cierra el ciclo del primer gobierno de izquierda en Uruguay, que arrancó en 2005 con la presidencia de Tabaré Vázquez por el Frente Amplio. Y hoy empieza la carrera para la sucesión de octubre, con las internas de sus principales partidos, el FA, el Nacional y el Colorado.

Hay un padrón de 2,5 millones de uruguayos y vendrán algunos miles de Argentina, en una elección que es voluntaria pero que, se estima, llevará a las urnas a más de la mitad de inscriptos. Elegirán a convencionales nacionales y departamentales y de allí saldrán las primeras figuras para octubre, en todo el país.

La izquierda está convencida de las bondades de su gestión y de su victoria. Pero también la oposición y en ella, la que asoma con posibilidades ciertas de desafiar, los nacionales o blancos, sueña con regresar al gobierno. Todo lo que la primera marca como logros del quinquenio, la segunda lo impugna. No es contradicción ni esquizofrenia; es política, claro; pasa en todo el mundo.

Por el FA van los senadores José Mujica, ex ministro de Ganadería y representante del ala mayoritaria del Frente, el MPP, donde recalaron viejos tupamaros tras la dictadura de 1973-85, y Danilo Astori, ex ministro de Economía y de la socialdemócrata Asamblea Uruguay. También Marcos Carámbula, pero la puja es entre aquellos dos y ganaría Mujica.

Entre los blancos compiten el ex presidente Luis Lacalle, favorito, y Jorge Larrañaga. Y en los colorados, que no aparecen con chances para octubre, hay varias listas y aventaja Pedro Bordaberry, hijo del hoy preso ex dictador.

La reforma electoral del 96 acabó con la polémica ley de lemas y estableció, además de internas partidarias obligatorias, el sistema de balotaje en presidenciales si un candidato no logra la mitad de los votos válidos. Por eso, terceros o cuartos en discordia quedan fuera de la compulsa por el Ejecutivo, y se polariza la elección. Más si, como se especula, llegan a ser candidatos Mujica y Lacalle.

Según la encuesta que se consulte, el FA, consolidado como primera fuerza política del Uruguay, tendría hoy 45 a 49% de adhesión en generales. Y blanco y colorados juntos podrían, en eventual segunda vuelta, complicar la posibilidad de un nuevo mandato de la izquierda.

Pero eso es matemática, no política, y hay aún mucha tela que cortar, incluida la definición de binomios y las propuestas a los electores en la campaña que teñirá el invierno y la primavera orientales.

Para la oposición, el FA en gobierno "no tiene final estelar, y eso que partió con mayoría parlamentaria (no la había desde 1966), bonanza económica y ese capital de ilusión tan valioso, porque vino anunciando durante 30 años sus virtudes lo más lejos posible de gobiernos blancos y colorados, sólo apoyando la ley forestal y el ingreso al Mercosur", dijo Lacalle a este enviado.

Su economista de cabecera, Jorge Caumont, añadió: "Subió a record el gasto público y la presión fiscal, por la reforma a la renta de las personas física, que alejó a la clase media y a profesionales del FA; pero aún así desaprovechó oportunidades".

Sin embargo, el cristal es otro en el oficialismo. El bloque de diputados de Astori difundió un trabajo donde se observa que, gracias a inversión social y recaudación, en el gobierno Tabaré la mortalidad infantil bajó de 13,2 a 10,4 por mil, la inversión en educación saltó de US$ 420 a 1.350 millones, el salario mínimo más que se triplicó y la jubilación se duplicó.

También, que se crearon 170 mil puestos nuevos de trabajo y se mejoró la situación laboral de peones rurales y empleados domésticos, y que 700 mil uruguayos que antes no la tenían, hoy acceden a cobertura médica.

A su vez, el senador Rafael Michellini destacó el Plan Ceibal de una computadora por alumno (lo poco que reconoce la oposición) y la más que duplicación del PBI. Y cuestiona que la oposición diga que todo ello haya sido por el "viento favor" o la "suerte".

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