Tres derrotas en un día

Por Carlos Pagni

Cristina Kirchner acumuló ayer tres nuevas derrotas en su inexplicable guerra del Bicentenario. La oposición le envió una carta en la que solicita la convocatoria a una sesión del Congreso para tratar la validez de los decretos de la discordia: el que dispone de las reservas del Banco Central para pagar deudas corrientes y el que removió al presidente de esa institución, Martín Redrado, por negarse a hacerlo. Pero no habría que descartar que las cámaras se reúnan, por su cuenta, en febrero.

Además, la Cámara en lo Contencioso Administrativo devolvió a la jueza María José Sarmiento las causas sobre la invalidez de esos decretos de necesidad y urgencia. Las definiciones se demorarán, por lo menos, hasta el miércoles que viene. Los operadores del Gobierno en tribunales habían calculado que los camaristas estarían hoy fallandoen su favor. El resultado de la tercera contienda es engañoso. El juez Thomas Griesa abrió, en Nueva York, una mediación para evitar que el embargo sobre los fondos argentinos quede firme. La medida se revertiría si el Gobierno declarara que el DNU referido a las reservas no está vigente. Pero eso anularía el decreto.

La oposición invitó a Cristina Kirchner a que convocara al Congreso sólo por cortesía. La UCR, el PJ disidente, la Coalición Cívica, Pro, el socialismo, GEN (de Stolbizer) y los partidos provinciales podrían alcanzar el quórum en Diputados. Sobre todo si el bloque de Pino Solanas concurre al recinto, aun para votar en contra del resto.

A esta coordinación se llegó a pesar de -o debido a- una jugada de Elisa Carrió. La diputada denunció a Gerardo Morales -presidente del bloque de senadores radicales y principal aliado de ella en la interna radical- de negociar un acuerdo con el kirchnerismo. Morales negó todo, indignado.

Pero en las declaraciones de Carrió había un fondo de verdad: el senador jujeño mantuvo por lo menos una conversación, el lunes por la noche, con representantes del oficialismo. Es posible que Carrió se haya enterado por otro jujeño, el peronista Eduardo Fellner, presidente de la Cámara de Diputados, que habló con ella anteayer.

Al PJ opositor también le llegó la noticia -y la propuesta- de un pacto. Ayer al mediodía el entendimiento parecía no haber existido. O haberse arruinado. Según fuentes confiables, ni Oscar Aguad -jefe de los diputados radicales- ni Ernesto Sanz -presidente del partido- habían avalado las supuestas tratativas de Morales.

¿Cuáles habrían sido los términos del pacto que denunció Carrió? Según lo que reconstruyó LA NACION a través de distintos testimonios, el pliego sería éste: el Gobierno modificaría el decreto sobre las reservas para que lo tratara el Congreso; nadie cedería en público, ya que la Cámara en lo Contencioso Administrativo invitaría a los legisladores a discutir los decretos; se crearía una comisión bicameral para controlar que los recursos no se aplicaran a gastos corrientes; Redrado no renunciaría pero admitiría que su cargo quedara "en reserva", siguiendo los pasos del procurador de Santa Cruz, Eduardo Sosa, que espera desde hace 15 años que se lo restituya en el cargo.

Entre los diseñadores de esta estrategia nonata estuvieron también, según fuentes judiciales y legislativas, el camarista Carlos Grecco y el procurador del Tesoro, Osvaldo Guglielmino.

Otro camino

Ayer se impuso otra hoja de ruta. La oposición intentará reunir a los 129 diputados necesarios para sesionar.

El argumento conceptual lo proveyó Patricia Bullrich: "Al firmar un decreto de necesidad y urgencia la Presidenta activó un proceso que incluye la participación de las cámaras". Para reunir el quórum los radicales deben cubrir la banca del fallecido Genaro Collantes. El macrismo tiene que reemplazar a Esteban Bullrich, que asumió como ministro de Educación porteño. Y en el Senado debería jurar la cordobesa Norma Morandini, aliada de Luis Juez.

Julio Cobos no quiere aprovechar que a fin de mes estará reemplazando a la Presidenta para convocar al Congreso. Es lógico: Cristina Kirchner estará en China, donde estaba Fernando de la Rúa cuando Carlos "Chacho" Alvarez dinamitó su administración.

Tampoco Ricardo Alfonsín, vicepresidente de Diputados, quiere ser acusado de golpista. Por eso serán los legisladores quienes resuelvan que se convoque a una segunda sesión para tratar los decretos. Es un paso imprescindible para notificar a toda la cámara. De Fellner, titular del cuerpo, cabe esperar poco. "Si llamo a una sesión, el loco me echa", se excusó. ¿Hablaría de Kirchner? La duda cabe porque Kirchner es diputado y no podría echar a un colega.

El Senado

El Gobierno podría, quizás, aprobar los DNU en el Senado. En la Argentina es más fácil convertir en ley un decreto que un proyecto de ley (para el primero basta con el sí de una cámara). Si el oficialismo se sirve de esta ventaja, la oposición pedirá a la Corte que, de una vez por todas, declare inconstitucional la aberración.

Tampoco en tribunales les fue bien a los Kirchner ayer. La cámara devolvió las causas a la jueza Sarmiento. Uno de sus jueces, José Luis López Castiñeira, fue recusado por el diputado Federico Pinedo (Pro). Otro, Grecco, se excusó por violencia moral. Tal vez lo hizo por la dura recusación que le formularon Juan Carlos Cassagne y Gregorio Badeni, los abogados de Redrado. De Grecco el Gobierno esperaba bastante más. ¿Comenzó la indisciplina judicial?

Ahora la controversia depende de los ritmos de Sarmiento y de su reemplazante a partir del lunes, Ernesto Marinelli, que está trenzado con el Poder Ejecutivo por el trámite de un controvertido concurso judicial.

Aníbal Fernández y Guglielmino formularon ayer una denuncia penal contra Sarmiento y Pinedo. Algo tenían que llevar a sus jefes, aunque fuera disparatado, en un día de tan bajo rendimiento. Tal vez a Pinedo le caiga bien caer en una celda por defender el Banco Central, que fundó su abuelo (con perdón de Raúl Prebisch).

¿Terminarán aquí las desgracias oficiales? ¿O será verdad, como olfatea Redrado, que hay alemanes e italianos merodeando sobre los fondos de la Argentina en Suiza? Es lo único que falta para que el complot sea perfecto.

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