Tres carillas por tres llamadas

Ante Faggionato Márquez, el diputado repitió que no conoce ni llamó a Segovia, preso por contrabando y por tráfico de efedrina
El candidato de Unión-PRO Francisco de Narváez reiteró ayer que no tiene ni tuvo relación con el llamado rey de la efedrina, Mario Segovia, a quien –según sostuvo en un escrito judicial– no conoce ni con ese nombre ni con el alias que éste solía utilizar: Héctor Germán Benítez. El juez federal de Zárate-Campana, Federico Faggionato Márquez, citó a De Narváez como testigo en la causa de la efedrina a raíz de tres llamadas realizadas desde un celular a nombre del empresario-candidato y hacia el celular de Segovia-Benítez. "En manos de mis empleados hay 379 aparatos Nextel y las llamadas fueron hechas desde el que tenía en su poder Danilo Coronel, un auxiliar de mi establecimiento agropecuario de Luján". Coronel, por su parte, admite que es el usuario del celular, pero insiste en que tampoco conoce a Mario Segovia-Héctor Benítez.

El texto entregado ayer por los abogados de De Narváez en Zárate-Campana no cierra la investigación, aunque la lógica indica que la pesquisa tiene más que ver con contrabando de DVD y CD vírgenes desde China o (lo que es más grave) de elementos químicos sumamente peligrosos como la ricinina y la aconitina, que le llegaron a Segovia por una ruta inusual: Francia, Estados Unidos, Brasil, Buenos Aires. Las tres llamadas fueron realizadas entre junio y septiembre de 2006, época en la que todavía no existía la maniobra de la efedrina –lo que investiga Faggionato–, pero en la que Segovia se movía en el mundo del contrabando de gran envergadura.

El periodista de este diario Horacio Verbitsky fue quien develó la existencia de las llamadas y se comunicó con De Narváez. Este le aseguró que nunca escuchó hablar de Segovia ni de su alias. De todas maneras, el candidato resolvió pedirle al juez Octavio Aráoz de Lamadrid que lo investigue y en ese expediente la Aduana, que se ocupa justamente de pesquisas sobre contrabando, reiteró que las llamadas se hicieron, una, el 25 de junio de 2006 y dos el 1º de septiembre del mismo año. Las comunicaciones duraron 107, 84 y 4 segundos. Esta última tiene todo el aspecto de ser una llamada para decir sólo todo ok.

Más allá de que Faggionato le pidió explicaciones a De Narváez, el centro de la investigación está en manos del juez en lo Penal Económico Ezequiel Berón de Astrada, encargado de profundizar en el contrabando. En el escrito de ayer, el candidato afirma que tiene tres mil empleados, por lo que su flota de celulares asciende a 1156 aparatos, de los cuales 379 son Nextel. Desde uno de estos últimos se hicieron las llamadas. De Narváez sostiene que convocó al empleado Danilo Coronel, que tenía el 155-451-2227, pero que Coronel –mencionado como jardinero– le aseguró que no conoce tampoco a Segovia y que nunca lo llamó. De Narváez transcribió en su escrito una comunicación telefónica realizada con Coronel en la que se le preguntó por las llamadas a Segovia. En ese diálogo, Coronel dijo que de vez en cuando prestaba su teléfono, pero no identificó a quién. Además, parece poco probable que justo lo haya prestado en las tres oportunidades en la que se llamó a Segovia.

En cualquier caso, todo indica que el próximo paso de los jueces será citar a Coronel y habrá que ver qué dice también el propio Segovia, detenido desde noviembre pasado cuando estaba a punto de viajar a Puerto Iguazú. Poco después se realizó el allanamiento de su vivienda en Fisherton, cerca de Rosario, donde se incautó aquel espectacular Rolls Royce Phantom, centenares de miles de euros y dólares, armas y oro en lingotes.

Faggionato Márquez enviará un oficio a la Cámara de Diputados de la Nación, para certificar si la firma que aparece en el escrito con el cual Francisco de Narváez respondió a la citación del magistrado corresponde efectivamente al legislador del peronismo disidente. Amparado en sus fueros de legislador, De Narváez presentó un escrito de tres carillas, donde ratifica sus declaraciones públicas en las que niega conocer a Segovia.

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