*Los tres cambios grises del gobierno neuquino

Comienza el tercer año de gestión de Jorge Sapag. Es el año decisivo, tal vez el más importante. Arrastra básicamente tres relaciones que distinguieron inicialmente sus definiciones iniciales. Tres sectores con los que actualmente se vuelve a pensar una estrategia, para reconsiderar en algunos casos, para profundizar la apuesta en otros.
Los problemas que se le presentan a Neuquén en el nuevo año tienen su origen más en la política que en la economía, ya que nunca esta última disciplina creada por el hombre para administrar los recursos en su beneficio, ha podido imponer su racionalidad por encima del populismo crónico que ha distinguido a esta provincia.

El equilibrio ideal entre ambas, que un político sintetiza en el concepto de que la política conduce a la economía pero sin violar sus reglas, y que un técnico asume como la concesión que la economía hace a la política para disimular su reinado indiscutible, es simplemente eso, ideal. En el mundo real no hay equilibrio, sino buenas o malas políticas con buenos o malos manejos de la economía. No importa tanto qué se ponga primero, sino la calidad del gobierno, su propia capacidad de administración de los bienes públicos.

En el contexto del tercer año –el decisivo- de la administración de Jorge Sapag, habría que apuntar a tres relaciones establecidas desde la política, con el ánimo de mostrar un cambio de rumbo –uno más- dentro del singular mundo que es el MPN. Estas tres relaciones, la profundizada con el gobierno nacional de los Kirchner, la intentada con los sindicatos estatales, y la fracasada con la corporación política que representa a los mapuches, marcan a fuego un resultado gris, que mantiene sus potenciales logros todavía en el campo de lo posible, de lo alcanzable, pero de lo todavía no concretado.

Se ha dicho –también desde esta columna- que la relación de Sapag con los Kirchner es pragmática, que persigue el propósito de sacar tajadas de la torta que tan bien ha horneado el matrimonio, y que mantiene encerrada en la alacena de Olivos, bajo llave, repartiendo por ahora solo algunas migajas, de la periferia y no del centro.

Esa alacena parece inviolable, y Sapag sólo ha podido oler el producto, llevarse algunos efluvios prometedores. Es el tercer año, pero la porción de torta se demora: Chihuido I sale, pero a medida de los K y en el tiempo que ellos digan; el precio del gas y del petróleo sale, pero en igual tiempo y medida; la nueva coparticipación, que Kirchner prometió impulsar a principios del año pasado, es una eterna convidada de piedra en la discusión de fondo de la política nacional, y tal parece que será lo último que piensa hacer Cristina, en un contexto de serio deterioro fiscal, tanto de la Nación (que se alimenta de la plata de los jubilados, tras la abolición de las AFJP), como de las provincias, que acumulan un déficit de entre 14.000 y 16.000 millones de pesos, cuadro del que participa Neuquén, junto a otros 19 Estados que tienen un desequilibrio igual o peor que los registrados en la década del ’80.

Vale decir, pues, que la relación "pragmática" no ha dado mayor resultado, aunque no hay que cerrar esa puerta, ni mucho menos, ya algún resultado habrá: la cuestión será entonces si se dio a tiempo, en sintonía con las necesidades políticas, o si llegó cuando ya se había perdido el momento, cuando la luz languidecía y la gente ya tenía más sueño que hambre.

La relación con los sindicatos estatales es tan ubicua como lo ha sido siempre desde el MPN. Los "compañeros" se pueden transformar rápidamente en "enemigos"; y viceversa. En el cierre del 2009, cuando se le preguntó a Sapag por sus adversarios internos (en referencia, como siempre, a Jorge Sobisch), contestó:

- Está fuera del podio de los adversarios más importantes-

- ¿Quién está en el primer lugar?- se le repreguntó al gobernador.

- Los problemas- dijo el gobernador con elegancia.

- ¿Hablando con nombre y apellido? – se le insistió.

- Los gremios, ATE y ATEN- masculló el mandatario.

La pretendida relación con los sindicatos fue tal vez el error estratégico que más le cuesta asumir al gobierno de Sapag. Porque con la consigna de dialogar y "anticipar los conflictos" para tener "paz social", metió la pata en el manejo de la economía, y aquí se vuelve al inicio de esta nota: no importa tanto quién manda, sino cómo se hace.

Concretamente, la relación con los sindicatos se mejoró en el primer año de gestión, el 2008, con una sangría importante para las cuentas públicas, ya asumida en dos presupuestos subsiguientes -2009 y 2010- que plantearon un virtual congelamiento salarial, con déficit declarado oficialmente y mecanismos de financiamiento bastante extremos, como por ejemplo la habilitación de un canje de deuda.

Pero no fue solo plata. Los gremios, particularmente ATE, avanzaron en el control de organismos del Estado (organismos, sí, porque no llegan a ser empresas públicas, ya que no se financian a sí mismos ni aplican políticas empresarias). Así, el sindicato conducido por Ernesto Contreras maneja casi a su antojo el Ente Provincial de Energía (EPEN); y pretende hacer lo mismo con el Ente Provincial de Agua y Saneamiento (EPAS), entidad que estuvo en conflicto durante todo el último año mientras –por ejemplo- el río Neuquén y el Limay se seguían contaminando a mansalva con el aporte de aguas servidas, fruto de la mala planificación estatal y de la insuficiencia de obra pública en el sector. Los gremios también avanzaron en el ISSN, y están copando de a poco todo lo que les permite la generosa ley neuquina en el Consejo Provincial de Educación, en este caso a partir de ATEN.

Al mismo tiempo, el sindicato que el mismo MPN había intentado alimentar para contrarrestar la amenaza constante de ATE, que es el gremio en expansión UPCN (vale acotar aquí, que es el sindicato estatal más fuerte en el país), creció en cantidad de afiliados y en importancia, pero recibió un fuerte golpe desde el mismo gobierno cuando se dejó sin homologar el convenio colectivo de trabajo (paritarias) que trabajó durante todo el 2008 con entusiastas funcionarios de Sapag.

El resultado fue extraño: el gobierno del diálogo y de la anticipación de los conflictos mandó a enterrar el mecanismo más idóneo para la resolución de conflictos que posee la legislación laboral actual. En Neuquén hay paritarias solo cuando ATE quiere. Con los maestros, el tema no se puede hablar, porque ATEN directamente rechaza el mecanismo. Otro caso curioso, ya que un sindicato se permite rechazar leyes vigentes, y suplantarlas con un sistema de asambleas y negociaciones abiertas con "la patronal", es decir, el Estado.

Finalmente, el tercer tema en el contexto de la "nueva política" que pretendió fundar el actual gobierno, el de la relación con los "pueblos originarios", en concreto, con los mapuches en Neuquén, ha sido un estrepitoso fracaso, y marca con crudeza una diferencia de intereses con el gobierno de los Kirchner muy grande: allí donde a los K les encanta regalar demagogia sobre la amplitud ideológica, a Sapag le cuesta dolores de cabeza importantes, porque se pone en duda y en peligro la base misma de la construcción capitalista del Estado, que es la propiedad privada.

La Confederación Mapuche, que hace años trabaja meticulosamente el tema de los "territorios ancestrales", se permitirá discutir –será desde el 5 de febrero- la creación de un municipio, el de Villa Pehuenia, utilizando argumentos instalados en la propia Constitución provincial. Además, durante todo el año pasado, ha protagonizado un duro, severo, y preocupante enfrentamiento con propietarios de campos en la zona centro, sur y oeste de la provincia, siempre bajo el mismo argumento del "territorio ancestral", que no es ni más ni menos que reivindicar para sí tierras que fueron "colonizadas" desde la campaña de Roca en adelante, y que fueron asignadas a privados o al Estado bajo la modalidad de tierras fiscales.

Sapag tuvo que enfrentar el problema negándose a adherir a un censo nacional que el gobierno de los K apoyó sin disimulo. Y hasta tuvo que denunciar que camionetas de reparticiones nacionales habían participado de una toma ilegal de campos que la Justicia había ordenado liberar.

El tema mapuche no es menor, en un contexto de fuerte tensión social como hay en Neuquén. Y combina muy bien los disparates retóricos de la política argentina (la más reciente invención, la interculturalidad, en un país que había proclamado en 1853 estar abierto a todos los hombres y mujeres de buena voluntad del mundo), con los intereses económicos profundos, que no pertenecen solo al mundo de los "huincas".

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