El tren de la crisis también puede remolcar

Por Hernán de Goñi

Estados Unidos está festejando el principio del fin de la crisis? Todavía no. Lo que están apareciendo son los negocios que abre toda crisis. Es un dato que habilita el optimismo, pero que no alcanza como para celebrar por anticipado.

Por ejemplo: desde que la acción del Citigroup cayó por debajo de un dólar y disparó una cuasi nacionalización de la entidad, miles de inversores se lanzaron a comprar papeles del Citi, cuyo valor se triplicó desde entonces. Lo hacen porque crece entre ellos el convencimiento de que es hora de arriesgar algo del capital preservado. Algo similar sucede con el sorpresivo aumento de 5,1% en la venta de casas usadas. Es el producto de los masivos remates hipotecarios, pero también revela que para los precios actuales de la vivienda están empezando a aparecer compradores.

El Tesoro de EE.UU. también está apelando a la codicia, el único instinto que moviliza a Wall Street. Apuesta a que los privados, ayudados por el Estado, se comporten como pequeños buitres y compren activos tóxicos baratos, con la ilusión de hacer alguna diferencia a futuro.

Habrá recaídas, sin duda, pero Obama y Bernanke apuestan a que este ciclo madure en el segundo semestre del año.

La pregunta del millón es si la Argentina podría aprovechar una eventual reversión de la crisis externa. Es cierto que la elección anticipada puede ayudar a que después de julio se tomen decisiones difíciles (que algunos imaginan dramáticas si Néstor Kirchner pierde en las urnas). Pero si el Gobierno se empeña en esparcir incertidumbre (es lo que logran sus reiterados intentos de subordinar el campo a sus necesidades políticas) puede perder un tren que nadie sabe cuándo pasará otra vez.

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