Treinta y tres tristes tigres.

Treinta y tres tristes tigres.
Por Rafael Bielsa.

Lo de “… treinta y tres tristes tigres triscaban trigo en un trigal” viene a cuento de que, en el 39no encuentro en Davos, la economía se ha vuelto un trabalenguas, más allá del número exacto de tigres presentes –que algunos asistieron, asistieron–, y de que además de tristes algunos estaban coléricos y otros vengativos.

Contento, no se vio a ninguno desde el 28 de enero en que empezó el evento, hasta el 1 de febrero de 2009 cuando concluyó. En la estación de esquí del Este de Suiza, conocida antiguamente por sus clínicas para tuberculosos, se celebra cada año el Foro Mundial de Economía (WEF, su sigla en inglés).

Nassim Taleb, el autor del libro El cisne negro (The Black Swan, en el que desarrolla la idea de que después de los hechos se encuentran las causas y en realidad casi nunca son las reales) exigió castigo para los ejecutivos bancarios en la víscera que más le duele, proponiendo que se los obligue a devolver los pagos extra mal habidos. Cuando Michael Dell, de Dell Computers, osó sugerir que Rusia podía necesitar cooperación tecnológica, el primer ministro Vladimir Putin lo echó con cajas destempladas. Recep Tayyip Erdogan, primer ministro turco, dio por concluido el debate sobre Gaza con Shimon Peres, presidente de Israel, por habérsele asignado un tiempo insuficiente para sus réplicas. Amr Moussa, el ex canciller egipcio que encabeza la Liga Arabe, dijo que la acción de Erdogan era comprensible porque Israel “nunca escucha”. Viñas de ira alpina. “El espíritu de mutua comprensión, el espíritu positivo y constructivo” de Davos, se extravió entre los centavos arremolinados de la bancarrota.

En medio de ese faro del neoliberalismo, George Soros profirió que es indispensable la intervención estatal, aunque como medida de emergencia y temporal. Palabras avaras y tardías. Avaras, porque considerada estructuralmente, la crisis es más grave que la del año 1930, habida cuenta de la interconexión de la economía a nivel planetario y de la dimensión del sistema financiero. Y tardías, porque ya en 1998 John Eatwell y Lance Taylor advirtieron ante la Fundación Ford que los mercados liberales sólo son eficientes si están eficientemente regulados, administrando los riesgos de la liberalización. “Sin regulación”, demostraron, “... los riesgos y sus costos asociados pueden volverse intolerables”. Propusieron la creación de una Autoridad Financiera Mundial que desempeñara en el ámbito de los mercados financieros transnacionales el papel que los reguladores nacionales desempeñan (o debieran haber desempeñado) en los mercados domésticos.

A pesar de que los organizadores del Foro Económico Mundial convocaron a los internautas a subir videos con sus respuestas a la pregunta: “¿… qué crees que tienen que hacer los países, las empresas o los individuos para conseguir un mundo mejor en 2008?”, los expertos y los políticos convocados no se pusieron de acuerdo acerca de si convendría o no crear los llamados “bad banks” estatales (“bancos malos”), para que absorban todos los activos tóxicos o no líquidos, o sobre cuánto dinero exactamente ha perdido la gente a nivel global respecto de su riqueza personal (el magnate de medios de comunicación Rupert Murdoch fijó esa cifra en 50 billones de dólares para los últimos 12 meses).

Nadie pareció dudar de que la inestabilidad del sistema internacional pide más acción en común, pero la ausencia de un liderazgo indiscutido (a pesar de que el año pasado en las mismas montañas, la ex secretaria de Estado Condoleezza Rice juró que “… nuestra economía –la norteamericana– seguirá siendo el motor que guíe el crecimiento económico mundial”), y de instituciones globales aptas para detener y revertir el impacto, abren interrogantes al respecto. Por añadidura, cuando hay intereses tan descomunales de por medio los actos de contrición no aseguran enmienda.

El veterano profesor de Economía y fundador del evento, Klaus Schwab, declaró que la antigua estación termal iba a ser el escenario donde se encontraran fórmulas para curar a la economía mundial, y bautizó a esta edición (récord, con más de 2.500 asistentes) “Remodelando el mundo de la post crisis”, licencias que se le consintieron por sus canas y su carácter de anfitrión, porque sanar la crisis pide algo más que la suma de la mayoría de los asistentes, y porque antes que imaginar la post crisis es indispensable aislar los bacilos y encontrar los antídotos de la crisis. Ni los 43 jefes de Estado, ni los 17 ministros de economía, ni los 19 gobernadores de Bancos Centrales ni los 1.400 dirigentes de grandes empresas volvieron a casa con la certeza de antaño de haber fijado la agenda económica para los próximos meses.

Los inevitables recortes en los empleos hacen temer estallidos sociales y disconformidad con el capitalismo, seguida por el resurgimiento del nacionalismo, del chauvinismo respecto de trabajadores extranjeros y del proteccionismo, en un escenario de “ley de la selva”, ya que se habla de tigres. La opinión pública francesa, confió la ministra de Economía Christine Lagarde, presiona a su gobierno para que los impuestos tengan impacto fronteras adentro. Pero por aquello de los arrepentimientos y de los intereses, el consejero delegado de la petrolera Royal Dutch Shell, Jeroen van der Veer, se mantuvo en sus trece y sostuvo que nadie quiere volver al exceso de regulación de los años sesenta y setenta; no aclaró a quiénes incluía dentro del colectivo “nadie”. Angela Merkel, canciller de Alemania, no tuvo piedad con la versión anglosajona del capitalismo y propuso la creación de un Consejo Económico de Naciones Unidas, similar al Consejo de Seguridad, pero para supervisar los mercados. Tampoco dio precisiones acerca de qué países dispondrían del poder de veto.

Las economías emergentes han sido las menos responsables del descalabro planetario. En la reunión del G-20 (el club que reúne a los países más ricos y a las economías emergentes) que tendrá lugar en Londres hay una buena oportunidad para bregar en armonía de modo que no terminen siendo los inocentes los que tristes trisquen trigo, mientras los tigres vuelven a la rapiña nocturna. “Subrayamos que las instituciones de Bretton Woods (el FMI y el BM) deben ser reformadas para que puedan reflejar de manera más adecuada los cambios en la economía mundial y puedan ser más sensibles a desafíos futuros”, señaló el comunicado final de la reunión que tuvo lugar durante 2008 en São Paulo. Sin embargo, aún no hay propuestas concretas.

Final en línea con el principio: “... el mundo está enladrillado. ¿Quién lo desenladrillará? El desenladrillador que lo desenladrille, buen desenladrillador será”.

Comentá la nota