La travesura de un chico de seis años tuvo en vilo a todo el mundo

Sus padres y las autoridades pensaron que se había subido a un globo; estaba escondido en su casa
WASHINGTON.- La televisión norteamericana logró ayer otro dudoso hito: durante cinco horas mantuvo a televidentes de todo el mundo pendientes de lo que -se suponía- era el trágico destino de un niño atrapado en un raro artefacto volador sin control cuando, en realidad, el pequeño estaba a salvo en el desván de su propia casita del barrio de Fort Collins, en el estado de Colorado.

"¡Alerta, alerta! Un niño de seis años vuela a bordo de un globo aerostático fuera de control en Colorado. La fuerza aérea está tratando de ver cómo puede hacer para rescatarlo", vociferó, al quebrar la tarde, el informativo de la cadena CNN.

A partir de allí, buena parte del país -y de los televidentes del mundo occidental- estuvo pendiente de la suerte de Falcon Heene, un encantador niñito de seis años que, al parecer, había cometido una travesura que lo llevaba al peor de los destinos: subirse a un globo aerostático para perderse con él en el cielo.

No podía haber drama peor. Las imágenes del globo sin control, que se elevó hasta 3000 metros de altura, se convirtieron en la obsesión de la pantalla. Durante horas las cámaras estuvieron pendientes de esa rara cosa plateada, con forma de plato volador, que el padre del chico -un inventor de cosas extrañas llamado Richard Heene- acaba de diseñar.

La duda del momento era cómo hacer para que el globo volviera a tierra sin perjudicar al chico, al que medio Estados Unidos suponía aterrado, en una precaria canastita.

"El estado de Colorado ya ha movilizado un helicóptero y se prepara para despegar un Black Hawk. La idea es, primero, tranquilizar al chico y luego, ver cómo se puede hacer para ponerle unas pesas al globo y hacerlo bajar", dijo un comentador de TV.

La fiebre del drama lo invadió todo. "¿Qué pasa con el chiquito de Colorado?" fue la pregunta de diputados que acababan de escuchar un informe sobre tráfico de drogas en América latina. "¿Dónde está el niño?", preguntaba una pegajosa balada que alguien, rápidamente, compuso en Brasil para la ocasión.

Como si no fuera suficiente, llegó otro momento de horror. Las cámaras mostraron entonces lo peor: tras dos horas de vuelo a la deriva y después de haber recorrido más de 80 kilómetros, el globo se precipitó a tierra en Keenesburg, a unos 100 kilómetros de donde viven los Heene, pero no había señales del chico. Se temía lo más espantoso: que, muerto de miedo, el niño se hubiera arrojado a la nada en un suicida intento de salvarse.

Fue ése el momento en que varios expertos fueron convocados para analizar una rara imagen que alguien vendió enseguida a la televisión: un objeto oscuro cayendo del globo. "¿La canastilla con el chico?", era la pregunta que por poco quebró la voz del comentarista.

Otra cadena, con increíbles reflejos, montó un rápido panel sobre padres que descuidan a sus hijos. Tocó el momento de analizar a la familia del pícaro Falcon: una madre que participa en programas de intercambio de mamás, un padre que se pasa el día inventando cosas raras.

La CNN, en tanto, optó por convocar a un experto en imágenes que, durante varios minutos, analizó si el tamaño de la "mancha oscura" en la foto guardaba relación con una posible canastilla caída del globo.

"Tengo mis dudas", dijo el experto. Y hubo un respiro de alivio: era probable que el pequeño Falcon estuviera vivo. "Un avión con rastreador lo está buscando en la zona que recorrió el globo", volvió a decir la televisión. Otro capítulo del drama comenzaba: el rastreo entre los yuyos.

Pero no llegaron a verse las imágenes del sofisticado buscador en acción porque, en ese momento, la noticia fue que a alguien -sin helicópteros ni aviones ni cámaras- se le ocurrió revisar a fondo en la casa del pequeño. Y fue allí donde lo encontraron escondido en un desván, en el techo.

Falcon Heene "está vivo y en su casa", dijo riendo el comisario. "El chico estuvo todo el tiempo allí, escondido en una caja en el desván que está sobre el garage", explicó, riendo, el alguacil Jim Alderman.

Numerosos periodistas acudieron a su conferencia de prensa. Y otros más estaban en camino para lo que -se temía- iba a ser un desenlace dramático. "El pequeño ha aparecido. ¡Qué bien!", comentó la CNN. Y ésa fue la última referencia que hizo a la travesura que la hizo movilizar recursos y tener pendientes a millones en todo el mundo. Hubo alivio. Y junto con ese humano sentimiento de compasión, pareció aflorar, también, una sensación cercana a la vergüenza. Pero, si ése fue el caso, ayer nadie dijo nada.

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