Un traspié en el plan de reabrir el canje de la deuda

Por: Marcelo Bonelli

Las ambigüedades del Gobierno hicieron que los bancos extranjeros convocados pidieran decisiones concretas y oficiales para atender a los bonistas externos.

Una fuerte diferencia entre el Palacio de Hacienda y los bancos extranjeros que quieren liderar la operación financiera provocó esta semana un estancamiento en el proyecto secreto de reabrir el canje de la deuda externa a la brevedad.

Amado Boudou tuvo que poner el freno por exigencia del ex presidente Néstor Kirchner, a pesar de que había pedido asesoramiento a Mario Blejer.

Los bancos liderados por el Barclays respondieron de inmediato: por escrito exigieron que Argentina deje de manejarse con ambigüedades y pidieron decisiones concretas y oficiales para continuar sondeando una solución clave para la deuda impaga a los bonistas.

En otras palabras: frenaron las reuniones y pidieron un decreto oficial que refleje que Argentina negocia en serio.

Ocurrió en las últimas jornadas y eso motivó un inesperado traspié: un freno a la iniciativa de reabrir el canje de la deuda y normalizar un punto clave para que Argentina vuelva a los mercados.

El plan persigue suplantar con nuevo endeudamiento la endeblez de las cuentas fiscales y así financiar los desajustes del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Para eso primero lanzó el canje interno de la deuda. Ahora Boudou pretende relanzar la reapertura del canje de la deuda externa que continúa en default, una asignatura pendiente que tiene la Argentina desde el gobierno de Néstor Kirchner y que bloquea la normalización de relaciones con el Fondo Monetario Internacional y el Club de París.

La intención del ministro era hacer el anuncio durante la inminente misión de la Presidenta a los Estados Unidos. Cristina Kirchner viajará en dos semanas a Pittsburgh a la Cumbre del Grupo de los 20 y después estará en Manhattan para hablar en el Council of the Americas. El plan inicial era utilizar esas tribunas para hacer el anuncio internacional.

Pero las trabas en las negociaciones con los bancos pueden complicar la jugada política. Los trabajos financieros previos marchaban en forma normal, hasta que surgió un freno inesperado desde Olivos. El propio Néstor Kirchner ordenó detener los avances realizados por el ministro Boudou. Para eso insistió en que la Argentina le exija a los bancos intervinientes dinero "fresco" a cambio de reabrir el canje de la deuda.

Hace un año, los tres bancos que quieren controlar la operación ofrecieron a cambio del negocio dinero fresco para la Argentina. El Barclays, el Citibank y el Deutsche Bank estimaban aportar unos 2.000 millones de dólares.

Pero ahora Boudou comenzó a negociar sin contemplar ese aporte. Su decisión fue fruto de la mayor urgencia que tiene Argentina.

La nueva exigencia del ex presidente Kirchner provocó una dura respuesta de los banqueros. Fue hace una semana y estuvo a cargo de Carlos Mauleon, director para la deuda de América latina del Barclays.

Primero, el banquero pidió que la Casa Rosada exprese con instrumentos públicos -un decreto- su intención real de normalizar la deuda en default.

También comunicó al Palacio de Hacienda que era imposible hacer un aporte de fondos frescos como el pactado hace un año atrás y ahora reclamado por Kirchner.

Para embarrar aún más las cosas, el banquero pidió que Argentina se comprometa a pagar de inmediato los intereses de esos bonos en default.

La ofensiva del equipo de banqueros la lideró Mauleon desde Wall Street. Pero integran el equipo de trabajo Juan Bruchou, del Citibank; Marcelo Blanco, del Deutsche Bank y también por el Barclays, Roberto Helbling.

Así, el Gobierno fue víctima de sus propios errores y limitaciones: entregar toda la gestión a los banqueros.

Amado Boudou lo hizo para superar la inexperiencia y la falta de capacidad profesional de su equipo. Y el cortocircuito lo deja en una posición incómoda.

Clarín confirmó que este contratiempo hizo que el titular de la cartera económica reanalice su estrategia. En su viaje a Londres se lo anticipó a Dominique Strauss-Khan.

En el encuentro que tuvo con el titular del Fondo Monetario cambió las prioridades: le dijo que ahora su aspiración era normalizar las relaciones con el FMI para después ir al Club de París y, por último, reabrir el canje de la deuda.

En otras palabras: exactamente al revés del proyecto inicial del titular del Palacio de Hacienda.

El encuentro fue breve e informal. Ocurrió en un receso durante las maratónicas reuniones del G-20. Boudou expresó su deseo de normalizar la relación entre Argentina y el Fondo Monetario Internacional. Pero volvió a trasmitir algo que obsesiona al kirchnerismo: reclamó que la futura auditoría no sea lapidaria contra la economía argentina.

Habló de evitar "preconceptos" e, incluso, sondeó la posibilidad de que las conclusiones del informe no fueran públicas.

Strauss-Khan reiteró su buena voluntad política hacia la Argentina. Pero fue claro al decir que era absurdo determinar a priori el contenido de una auditoría.

También el titular del FMI fue cortante con el deseo de Argentina de no publicar el documento. Sostuvo que contradecía un compromiso político que asumió la propia Cristina Fernández de Kirchner: fue en la reunión de abril del G-20, en donde todos los presidentes obligaron precisamente al FMI a difundir todas sus auditorías.

Comentá la nota