Tras el tornado, el sueño de volver a levantar sus casas

En las próximas horas, 11 familias que perdieron todo podrán ocupar sus hogares reconstruidos
SANTA ROSA, Misiones.- Juan da Rosa, de 69 años, y su mujer, Teresa Olivera, de 54, volverán con cuatro de sus ocho hijos a un nuevo hogar pasado mañana. Serán los primeros en estrenar casa propia. Decidieron mudar 70 metros, en otro punto del monte, el emplazamiento de la nueva vivienda, que ayer comenzó a edificarles el Instituto Provincial para el Desarrollo Habitacional.

El privilegio de ser los primeros se explica en que de los centenares de evacuados ellos están entre los más urgidos. Comparten esa categoría junto a otras 11 familias, que son asistidas en la escuela N° 613 de Tobuna, en el distrito misionero de San Pedro. A más tardar pasado mañana, ellos empezarán a repoblar los hoy desiertos cerros de Santa Rosa y otros parajes vecinos como Polvorines, Juanita y Piñalito, entre otros. El resto, según prometió el gobierno provincial, en diez días verán sus casas íntegramente reconstruidas y equipadas.

La única pertenencia de Juan y Teresa es la ropa que vestían cuando los sorprendió el tornado. Pero la solidaridad de la gente les asegura hoy su subsistencia.

Las intensas tareas de socorro, producto de la logística conjunta de la Gendarmería, el Ejército, bomberos y la policía misionera, los abastece ahora con lo necesario. Estrenarán casas de 40 metros cuadrados, con dos habitaciones, cocina y galería y con las letrinas ecológicas en el fondo de sus parcelas y agua de vertientes, tal como vivían antes. Todo dentro de la casa será una novedad; hasta los juguetes para los más pequeños, legado de la solidaridad proveniente de muchas partes de país. Las toneladas de donaciones hoy se concentran en un centro comunitario de San Pedro, que transportan las fuerzas de seguridad.

"A pesar de lo que nos tocó vivir, ahora estamos bien", dice Juan. Pero reconoce que volver a vivir en el monte mantiene atormentados a sus hijos. Sobre todo a Nicolás, el niño de tres años del que dicen: "Hace un mes, otro padre, un vecino que enviudó, nos regaló". Lo explica Teresa: "La violencia del viento los marcó y ahora la vida no será igual. A pesar de que tengo siete hijos, adopté a Nico, porque su madre murió mientras daba a luz sola en el monte. Nico tiene otros siete hermanos y el padre no lo podía cuidar", cuenta con naturalidad, sobre la realidad cotidiana que trasuntan tantas familias pobres del Norte.

A su lado, en el centro de evacuados, Olga Sosa, embarazada de cinco meses y madre de dos hijos que se alimentan con el guiso que un gendarme les alcanza, escucha el mismo relato sin sorpresa. Está preocupada porque en la provincia hay escasez de chapas de zinc, y teme permanecer más tiempo en el refugio hasta que vuelvan a colocarle el techo que el tornado se llevó. Pero ella no pierde la esperanza.

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