Tras la seguidilla de fraudes en el mundo, alertan por la falta de control en los mercados

Consultados por lanacion.com, algunos expertos señalaron que las estafas se multiplican por la falta de regulaciones; explicaron que surgen en la abundancia y se destapan por el efecto de la crisis
Sin más combustible que los alimente, en medio de la crisis que golpea a los negocios y los mercados mundiales, los fraudes financieros, bancarios y empresariales ya no gozan del anonimato de otros tiempos.

Algunos expertos consultados por lanacion.com advirtieron sobre la falta de control y de regulaciones en el mercado internacional, y alertaron sobre el destape que el cimbronazo global provoca en las estafas promovidas por financistas y banqueros en épocas en que las tasas suben y los inversores buscan recuperar sus apuestas.

El caso ejemplar es el de Bernard L. Madoff, hoy detenido en su penthhouse tras haber pagado una fianza de US$ 10 millones. Fue uno de los principales ejecutivos de Wall Street con una trayectoria impecable de casi 50 años, en la que creó una de las firmas de inversiones más prestigiosas del mundo.

El actual enemigo público número uno en Manhattan confesó semanas atrás haber cometido un gigantesco fraude, quizás el mayor en la historia de los Estados Unidos, que les costará a los inversores por lo menos 50.000 millones de dólares.

"Todo es solamente una gran mentira", les dijo a tres de sus socios el ex presidente del Nasdaq y ex salvavidas en las playas de Long Island en sus inicios. "Todo fue una gran pirámide financiera", susurró.

"Estos fraudes saltan porque hay más control tras la crisis", afirmó a este medio Alejandro Vanoli, vicepresidente de la Comisión Nacional de Valores porteña. "Hay dos fenómenos que están presentes cuando surge una situación de fraude", explicó. Y agregó: "Una tiene que ver con las debilidades de los mecanismos de control en los mercados de capitales".

"Esto se conjuga con que, cuando hay bajas en los mercados, lo que ocurre es que muchos de los esquemas como los Ponzi se hacen insostenibles porque la gente deja de invertir", completó el experto.

Este esquema se llama Ponzi en referencia a un estafador que lo implementó a comienzos del siglo XX, y se caracteriza por un efecto de bola de nieve en el que la alta rentabilidad prometida se paga con la llegada de nuevos clientes.

El sistema saltó a la fama en Boston a principios de 1920, cuando Ponzi, un inmigrante italiano, se convirtió, en apenas seis meses, en un millonario de menos de 40 años. Los beneficios se obtenían, en teoría, a través de la compra y reventa de sellos postales internacionales. Después de destapado el caso, Ponzi se refugió en la Argentina.

"Cuando la supervisión no es eficaz, aparece un caldo de cultivo para que se den estos fenómenos. Lo que subyace de aquí es que existe una fuerte confianza en que los mercados se auto ajustan o autorregulan y en la práctica, esto no ha funcionado", indicó Vanoli.

"En tanto y en cuanto no se perfeccionen las regulaciones internacionales y se limiten y se controlen los actores no regulados como los hedge funds o los paraísos off shore y fiscales, va a ser difícil prevenir este tipo de prácticas", explicó Vanoli, que criticó que hasta ahora la comunidad internacional sólo se ha ocupado de poner "parches" al sistema.

"Estas situaciones se dan en épocas donde hay abundancia de plata. La tasa de interés baja y la gente con mucho dinero busca mayores rentabilidades", comentó a lanacion.com, Juan Carlos Rosiello, profesor del Máster en Finanzas del Eseade. "Esto se corta estrepitosamente cuando empiezan los problemas y todos quieren su plata de vuelta", agregó.

Rosiello afirmó que no falta regulación sino un mejor "control" de las normas y los códigos de conducta existentes. "El problema es del ejercicio de la regulación y cuando a todos les va muy bien no se está mirando si un empleado se roba un caramelo", ironizó.

"No faltó regulación, sino que el control fue muy laxo. En la abundancia nadie se queja", dijo el profesor del Consejo Profesional de Ciencias Económicas porteño y consultor financiero.

Hace unos días, el presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, destacó la importancia de mejorar los sistemas reguladores financieros y adelantó que en su futura gestión "se vigilarán que las normas se cumplan, la supervisión y la transparencia".

Por otro lado, desde la otra orilla del Atlántico, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y la canciller alemana, Angela Merkel, presentaron en París propuestas para salvar el capitalismo, cuestionado por la crisis.

Otros casos. Pero el caso Madoff, pese a ser el más conocido, no es el único. En los primeros días de 2009, las autoridades colombianas desbarataron una banda liderada por un empresario local que logró engañar a 250.000 familias a través de una estafa piramidal.

La empresa DMG captaba los fondos ofreciendo a cambio tarjetas prepagas que se podían utilizar para la compra de productos y servicios y que además generaban intereses. Los defraudados, al comienzo familias muy humildes, perdieron en total más de US$ 850 millones. Inicialmente, los contactos se hacían boca a boca, aunque la gran explosión llegó gracias al Facebook.

Los bancos tampoco quedaron exentos. En enero pasado, Jerome Kerviel, un operador de 31 años del francés Société Générale fue acusado por los directivos de la entidad financiera de abrir "posiciones fraudulentas". Las pérdidas llegaron a los 4900 millones de euros.

Detenido por la policía gala, Kerviel fue denunciado por la usurpación de créditos de acceso informático de colegas o la falsificación de documentos. La mesa directiva del banco afirmó que las mermas pudieron haber llegado a 50.000 millones de euros.

Después de Enron, la lupa se ubicó sobre las grandes empresas. Pero probablemente, no tenía suficiente aumento. "Es como cabalgar un tigre sin saber cuándo descender sin ser devorado", señaló durante estos días B. Ramalinga Raju, fundador y presidente del gigante informático indio Satyam, después de ser descubierto como el cabecilla un mega fraude contable.

Todo saltó hace un mes, cuando Raju trató de que el consejo de administración de su empresa aprobase la compra por US$ 1600 millones de las compañías indias Maytas Properties y Maytas Infrastructure, lo que llevó a la dimisión de cuatro consejeros. En su carta de despedida, Raju explicó que era su "última tentativa para sustituir activos imaginarios por reales".

En el país. La Argentina no está afuera del mundo, por lo menos en lo que a fraudes se refiere. A fines de junio de este año, el banco norteamericano JP Morgan Securities presentó "cargos criminales por fraude bancario contra Hernán Arbizu", un ex empleado de nacionalidad argentina que trabajó para su división de banca privada en Nueva York.

Arbizu fue despedido por "realizar una transferencia fraudulenta de dinero desde una cuenta radicada en los Estados Unidos, violando las normas del país que rigen las actividades bancarias y financieras", informó la entidad en un comunicado, que aclaró que el monto del traspaso fue de US$ 2,8 millones.

Según la entidad, Arbizu está imputado de violar el estatuto de fraude bancario norteamericano, sección 1344 del título 18 del Código de los Estados Unidos, "que contempla penas máximas de 30 años de prisión y una multa de un millón de dólares".

En sintonía, a fines de diciembre Eugenio Curatola, un agente de bolsa argentino fue detenido en su country de Hudson por defraudar, al estilo Madoff, a más de 1000 personas por US$ 300 millones. El empresario aseguraba que en un año lograba obtener el 45% de interés a partir de una inversión mínima de 10.000 dólares.

El mayor estafador de la década en el país dejó una moraleja que Vanoli recuerda con el objetivo de que sirva de consejo a los futuros inversores: "Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía".

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