Tras perder poder, los Kirchner dialogan

Por Jorge Oviedo

Como se previó tras el traspié electoral, del que acaba de cumplirse un mes, el Gobierno, que ya no las tiene todas consigo, ha debido plantarse de otra manera frente a los demás actores de la escena nacional. En el caso de los sectores empresariales, los Kirchner despreciaron el trato con asociaciones, los debates públicos, los foros donde se discutían ideas. Los desplantes y hasta boicots a los sucesivos coloquios de Idea son un claro ejemplo.

Una economía creciente, un poder político enorme para actuar sin acordar con la oposición y una caja desbordante permitieron disminuir a algunas asociaciones gremiales. No sólo los políticos eran pasibles de ser "borocotizados". Los Kirchner también fomentaron la división de las entidades, captándoles miembros, silenciándolos con beneficios y disciplinando al resto con amenazas.

Los tiempos cambiaron. El Gobierno tiene poco para conceder; más bien debe comenzar a ver a quién le quita. No hay billetera para captar a los espíritus menos inflexibles con la promesa de ventajas.

Los Kirchner parecían convencidos hasta hace poco de que para tratar con los industriales bastaban los telefonazos de Guillermo Moreno. Ahora hay un jefe de Gabinete que dialoga y que le dijo al titular de la entidad fabril, Héctor Méndez: "Si hay un tema urgente, me llama. Si me llama a las nueve de la mañana, de no haber una emergencia, para las cinco de la tarde calculo que nos estaremos reuniendo". Y hasta se animó a desautorizar las políticas morenistas de control estatal de empresas privadas. Pablo Challú le dijo que hay que abandonar los controles de precios y que él sabe de lo que habla, porque lo tuvo de asesor a Moreno, cuando estuvo en la Secretaría de Comercio. El mensaje fue que sólo ante circunstancias excepcionales se pueden usar estos mecanismos, que además deben ser limitados en el tiempo, pues impiden la reactivación. Aníbal Fernández dijo que quiere apurar soluciones. La UIA le explicó que son excesivas las limitaciones a las importaciones brasileñas. "El problema es China", le dijeron.

El funcionario explicó que el Gobierno debe salir cuanto antes de la Papelera Massuh. "Si después lo pelean Cristina o Moreno por haber dicho eso, es otra cuestión, pero es lo que dijo en la reunión", afirmaron los presentes.

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