Tras una nueva arquitectura financiera

Ambos presidentes se reunieron ayer en Washington. Llegaron a un acuerdo de cuatro puntos para la cumbre, que incluirá un pedido de reconocimiento de responsabilidades en el origen de la crisis de parte de los países más desarrollados.
La presidenta Cristina Kirchner y su par brasileño Luiz Inácio Lula da Silva coincidieron ayer en llevar una postura común a la cumbre del G-20 que se realizará hoy en Washington para discutir la crisis mundial. El acuerdo incluye un pedido para reformular la arquitectura crediticia y financiera internacional, de manera que los países que lo necesiten puedan recibir créditos del FMI u otros organismos sin los condicionamientos que les exigen hoy en día.

La Presidenta llegó a esta ciudad cuando aún no había amanecido y la niebla borraba todo y después, también de noche, fue a cenar a la Casa Blanca. Pero su única salida diurna para reunirse con Lula le permitió ver, aunque sea en las seis cuadras que separaban sus hoteles, el melancólico espectáculo otoñal que brinda Washington con las hojas de su árboles rojizas, amarillas, moradas y la alfombra ocre en los parques de las que ya cayeron. Y todas brillando por la garúa permanente.

Pese al escenario, inevitablemente hablaron de temas duros: la crisis financiera y cómo enfrentarla. Es que Argentina no sólo necesita que no decaiga su actividad económica y el nivel de empleo. También le es indispensable que no se desbarranque la de Brasil, su principal socio. Lula le dio garantías en ese sentido al comentar que inyectará dinero en el mercado destinado al consumo y a mantener los puestos de trabajo.

Nada se dijo –en realidad aseguraron que no– tanto en fuentes del gobierno argentino como del brasileño, si Lula puso algún reparo por algunas medidas de protección comercial que tomó Argentina en los últimos tiempos a la luz de la devaluación del real. En cambio, buscaron mostrarse unidos en el diagnóstico de la crisis, en qué medidas deberían tomarse para enfrentarla y en llevar un planteo similar a las reuniones de trabajo de hoy del G-20, una asociación de dos decenas de países nacida en 1999, como consecuencia de la sucesivas crisis financieras de los ’90.

Según fuentes consultadas por PáginaI12, la charla rodó sobre cuatro ejes. El primero respecto de la caracterización de la crisis y en resaltar que no la ocasionaron los países en vías de desarrollo sino la máxima potencia mundial y países europeos de primer orden. En consecuencia, Argentina y Brasil consideran que, aunque no se trate de buscar culpables, cada país debe asumir su cuota de responsabilidad de acuerdo con cómo incidió en la generación de la crisis.

El segundo punto en el que coincidieron CFK y Lula es que justamente el G-20 es el organismo multilateral indicado para resolver los mecanismos a implementar frente a la crisis. Es que el G-20 lo integran países emergentes, además de las grandes economías del exclusivo G-7. Y en el camino de la política internacional de los últimos meses hubo muchos intentos para que todas las decisiones en torno de la crisis se cocinaran allí adentro. Brasil y Argentina plantearán que aunque la crisis se generó en el Primer Mundo perjudica a todos. En consecuencia, los demás países deben tener voz y participación en la búsqueda de salidas.

El tercer ítem que consideraron los dos presidentes fue cuáles son a su criterio las medidas necesarias para –según las palabras del canciller Jorge Taiana– “reformular la arquitectura crediticia y financiera”. Cristina Kirchner y Lula están de acuerdo en que los organismos financieros internacionales, como el FMI, deben dar créditos sin condicionamientos a cambio, algo que al parecer está muy lejos de lo que piensan en los países más desarrollados.

El cuarto y último renglón del acuerdo se refirió a las medidas a tomar en el corto plazo. Y la propuesta argentino-brasileña es que los grandes montos que están descargando los tesoros de los países más grandes sean destinados a la producción y a estimular el consumo.

La reunión, que fue la quinta bilateral entre la Presidenta y Lula en lo que va del año, duró más de una hora y participaron además de Taiana, el secretario de Relaciones Económicas, Alfredo Chiaradía, y el asesor para temas internacionales de Lula, Marco Aurelio García.

La misma mirada respecto al G-20 la había encontrado a la mañana la Presidenta en el encuentro que tuvo con el primer ministro de Australia, Kevin Rudd. Difícil no coincidir cuando Rudd fue uno de los impulsores de esta cumbre en Washington. Con Rudd también acordaron empezar a darle mayor fuerza a la relación entre ambos países y se comprometieron a dos próximos encuentros, uno en Argentina y otro en Australia.

Luego de la reunión con Lula, la Presidenta salió volando de regreso a su hotel para encontrarse con la ex secretaria de Estado y representante de Barack Obama, Madeleine Albright, y llegar a tiempo a la cena con Bush. A toda velocidad, los patrulleros que la custodian con sus sirenas cortaron de un tajo el silencio de la ciudad escoltándola de un sitio a otro.

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