Tras la firma checa del Tratado de Lisboa, la UE comienza su gran reforma

Será más autónoma en política exterior. Además habrá un presidente europeo.
Ocho años, muchas crisis, decenas de cumbres y varios referéndums fallidos después, la UE tiene al fin un nuevo tratado que debería darle más eficiencia para la toma de decisiones. El Tratado de Lisboa -bautizado así porque se firmó en la capital portuguesa- entrará en vigor el 1° de diciembre tras la ratificación, ayer, por el presidente checo Vaclav Klaus, el único que faltaba.

Klaus, que durante meses intentó hacer descarrilar el proyecto, no tuvo al final más opción que firmar tras el veredicto aprobatorio de la Corte Constitucional checa. Desde Praga, el presidente checo, euroescéptico y negacionista del cambio climático, declaró que aceptaba la decisión judicial pero que no la compartía. "Con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, la República Checa deja de ser un Estado soberano", insistía ayer.

El nuevo tratado, firmado en diciembre de 2007 como sustituto de la malograda Constitución europea, introduce nuevas reglas de voto en la UE, reduce las decisiones por unanimidad, refuerza los poderes del Parlamento Europeo y potencia la política exterior y la acción europea en los ámbitos de justicia e interior.

A cambio de dar el "sí", Klaus consiguió que su país quede exento de la Carta de Derechos Fundamentales de la UE para evitar, en una interpretación jurídica nada clara, que los descendientes de los tres millones de alemanes expulsados de Checoslovaquia tras la Segunda Guerra puedan reclamar sus antiguas propiedades.

La firma de Klaus acaba con un culebrón de ocho años, pues el inicio de la reforma de las estructuras de la UE empezó en 2001 cuando comenzó a estudiarse la redacción de una nueva Constitución Europea que, al final, ha quedado en este tratado.

El nuevo tratado modifica aspectos sustanciales del funcionamiento de la UE en un intento por facilitar la toma de decisiones y reforzar el control democrático, uno de los déficits que siempre han criticado los eurofóbicos. Elimina el veto en más de 40 políticas, que se decidirán por mayoría cualificada, entre ellas agricultura, que se lleva más del 40% del presupuesto comunitario. La unanimidad sólo seguirá vigente para política exterior, fiscalidad y política social.

Así este 3 de noviembre quedará en la historia de la UE como la fecha del alivio. A partir de ahora los dirigentes de los 27 deben acordar el nombre del primer presidente permanente del Consejo Europeo -ya bautizado como "presidente de la UE"-. Un cargo de dos años y medio, renovable una vez, para el que suenan con fuerza los primeros ministros belga y holandés, Herman Van Rompuy y Jan Peter Balkenende.

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