Tras las euroelecciones, el resurgir de los grupos neonazis preocupa a Alemania.

"¡Que llegan los ‘ultras’!" Así tituló el diario El País al alarmante avance de la ultraderecha en las elecciones del Europarlamento.
Tras los comicios del pasado domingo, 120 legisladores de extrema derecha formarán parte de una cámara integrada por 736 eurodiputados. Invitado por el gobierno alemán a un seminario organizado por el Instituto Goethe, PERFIL comprobó que es en Alemania donde más preocupa el resurgir de los neonazis: aunque aquí no sumaron más del 5%, la sociedad está alerta ante cualquier avance.

"El nazismo es como un cáncer: puede aparecer en cualquier momento." Ese es el mensaje del inmenso cuadro colgado en la sala de descanso de la Reichstag, el Parlamento alemán. Para que el horror de Adolf Hitler nunca se olvide, Katharina Sieverding realizó la obra que recuerda el fuego del nazismo que sólo dejó cenizas. Detrás de las llamas se ve una columna vertebral y un tumor: el Holocausto está presente en esa pintura, pero no hay ningún diputado judío en esta legislatura.

Según la Corte Federal alemana, hay 30 mil miembros de extrema derecha en formaciones políticas. La cifra es mayor si se suma a los que integran bandas callejeras. Con 7 mil miembros, el Partido Nacional Democrático (PND) es el grupo neonazi más grande del país. "Los neonazis readaptaron su simbolismo, dejaron los borceguíes, el pelo corto y la ropa negra. Ahora se visten con traje y corbata para pasar desapercibidos. Pero siguen siendo tan peligrosos como siempre. Y la crisis económica puede ofrecerles más posibilidades porque dirán que los inmigrantes les quitan el trabajo a los alemanes", aseguró Anastasia Kotova de la Oficina Regional para la Integración y la Democracia, una organización que ayuda a las víctimas de la extrema derecha en Sajonia, la región donde el neonazismo es más poderoso. Aquí se produjeron el año pasado 645 casos de golpes de la extrema derecha y 14 personas murieron en los últimos tres años por ataques neonazis.

Buchenwald, el ex campo de concentración que visitó el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, recibe todas las semanas a presos de extrema derecha que deben pasar por esta máquina del horror que concibió el Tercer Reich para conocer de cerca las barbaridades del nazismo. "Muchos vienen por obligación, porque es parte de su condena tener estas actividades. Sólo en algunos se percibe que reflexionan cuando conocen a fondo el sufrimiento de los judíos", explicó Pamela Wachholz-Wolff, psicopedagoga del lugar.

"Los alemanes deben seguir rediscutiendo su propia historia, porque es algo vivo y en constante movimiento. Las nuevas generaciones de este país no deben olvidar lo que pasó, pero tampoco pueden pensar que no volverá a pasar", aseguró Helga Dressel, coordinadora de seminarios especiales del Instituto Goethe.

"Alemania para los alemanes", se podía leer una mañana soleada en un tren que cruza Berlín. Estaba escrito debajo de una inconfundible y terrible marca: "SS". El nazismo está latente. Como un cáncer siempre a punto de estallar.

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