"Transversalidad", la palabra que CFK ya no usa

Asumió diciendo que basaría su gestión en la calidad institucional pero hoy habla de “crisis” y no habla de “progresismo” o “centroizquierda”.
Cristina Kirchner asumió la presidencia pensando en que la suya sería una etapa dedicada al fortalecimiento institucional. Es su primer discurso, incluso, diferenció el comienzo de su etapa del arribo a la presidencia de su marido, Néstor. “Le tocó asumir la presidencia de la República en circunstancias muy diferentes a las que hoy tenemos los argentinos”, dijo. Nada de eso le sucedió, al menos por lo que ella misma dice cada vez que toma un micrófono. En su gobierno la obsesión es el funcionamiento de la economía. En los 29 discursos que pronunció desde que comenzó el año, la Presidenta dijo 99 veces la palabra “economía” o alguna de sus derivadas.

Las constantes referencias a la hacienda tienen dos causas preponderantes, según surge de la propia boca presidencial. La primera fue el enfrentamiento entre el Gobierno y el campo, desatado con la resolución 125, que establecía un nuevo plan de retenciones móviles a las exportaciones, y el otro fue la crisis financiera internacional.

Es precisamente “crisis” otro de los conceptos fuertes que a lo largo de este año volvieron a ganar espacio en los discursos de la Presidenta. Ya mencionó esa palabra en 43 oportunidades. Y cada vez que la empleó lo hizo con una particularidad. Siempre se tomó la molestia de aclarar, a sus oyentes, a los dirigentes internacionales con los que se encontró y a los medios, que se trata de “una crisis que nos vino de afuera” y que tiene un origen muy claro, el corazón financiero de Estados Unidos.

Otra de las grandes diferencias discursivas con la época en la que su marido era presidente tiene que ver con la terminología política. La de Néstor, repetían en la Casa Rosada, y lo decía el ex presidente cuando hablaba desde el Salón Blanco, era la presidencia de la “transversalidad”. Cristina no usó ese término ni una sola vez en lo que va del año. Julio Cobos y su voto no positivo fueron letales para esa palabra. Tampoco Cristina habló de “progresismo”, ni de “centroizquierda”, dos vocablos con los cuales los Kirchner gustan identificarse, según pregonan los funcionarios que los rodean.

En el micrófono de Cristina también perdió protagonismo el ex presidente Juan Domingo Perón. Este año, la Presidenta lo nombró apenas cuatro veces, a pesar de que su marido se convirtió en titular del Partido Justicialista y se recostó como nunca antes en el aparato que reivindica al general. A su marido Néstor, en cambio, aludió en 17 oportunidades.

El “campo” también merece un párrafo aparte. Cristina no deja la suerte de sus discursos librada al azar. Piensa en cada palabra. Decide qué pone y qué saca. Con esa lógica, logró que en sus discursos no aparezcan referencias explícitas a la gente del campo –acaso su enemigo jurado desde hace ya casi un año–. Sin ir muy lejos en el tiempo, el jueves pasado, durante la inauguración de un centro de medicina robótica en la localidad bonaerense de Malvinas Argentinas, la Presidenta les disparó a los dirigentes de la Mesa de Enlace un tiro por elevación. “Necesitamos la colaboración y la ayuda de aquellos que más tienen y más han ganado para seguir sosteniendo la actividad económica, el empleo y la paz social”, les dijo, claro, sin nombrar la actividad agrícola.

Otro que quedó excluido de los discursos de Cristina fue su vicepresidente, Julio Cobos. Lejos de aquel primer discurso en el que la Presidenta les agradeció a él y a la Concertación Plural, durante este año, el nombre del vicepresidente no se escuchó en ningún discurso oficial.

Lo que Cristina repite sin variaciones es que la Argentina precisa de “todos”. Ésa es la palabra que más se lee en el discurso que publica el sitio web de la Presidencia. De allí surge otra palabra, que se puede leer al menos tres veces en cada transcripción y que se publica puntillosamente: “aplausos”.

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