Transición: una etapa que Jaque no logró aprovechar

Los 41 días previos a su asunción como gobernador estuvieron marcados por los problemas para armar su gabinete de ministros y el equipo de funcionarios. Lejos de las promesas de campaña, su relación con Cobos se deterioró. Y el gran acuerdo social que planeaba sellar en ese periodo, tardó mucho más: se firmó 10 meses después.
La promesa de los 40 millones de pesos para la seguridad que siguen sin llegar es, claramente, el compromiso político que marca a fuego al gobernador Celso Jaque. Pero lo que quizás algunos ignoran es que el sorpresivo ganador de las elecciones de octubre de 2007 no cumplió incluso con una promesa previa a su asunción.

En etapa de campaña, el malargüino prometió "gobernar" en la transición, y no lo hizo. Es decir, en el periodo posterior a las elecciones y anterior a la toma del poder. Fue cuando este diario le preguntó qué haría en sus primeros 100 días de gobierno si finalmente resultaba elegido en las urnas. Corrigió Jaque: “Antes de asumir hay un periodo que va del 29 de octubre al 10 de diciembre, que es la transición. En ese periodo llamaría a los referentes políticos, sociales y empresariales, para lograr un acuerdo básico, con uno o dos temas, en seguridad, educación, salud, fortalecimiento institucional y desarrollo económico”.

En los 41 días que duró el epílogo de la gestión de Julio Cobos y los preparativos del inicio de la de Jaque, jamás volvió a mencionarse el objetivo que el candidato a la gobernación del justicialismo prometía a mediados de setiembre, cuando prometer era fácil y quizás necesario. Si se quiere, la necesidad real de elaborar un acuerdo amplio para una provincia ya entonces en crisis recién reapareció en boca del mandatario cuando convocó al Pacto Social en Seguridad, 9 meses después de haber asumido y cuando las muertes a manos de la delincuencia empezaban a desestabilizar en serio su gobierno. No porque se lo debiera a la ciudadanía que lo votó.

La transición fue para Jaque un periodo tan complejo, que los desafíos de máxima, quedaron prácticamente en la nada. El caos marcó la designación del gabinete de ministros y también las reuniones en las que los delegados del nuevo mandatario y los funcionarios salientes mantuvieron para pasarse la posta. Algunos de entonces, se mantiene hoy, 11 meses después, sin solución a la vista.

El de fines de 2007 fue un cambio realmente fuerte a nivel político, después de ocho años de gestión radical, con muchos matices y condicionantes. Y los 41 días que Jaque tenía para preparar el terreno no alcanzaron para asegurarle un desembarco ordenado. Para colmo, el fugaz traspaso se dio en el contexto de la frágil Concertación, que se rompió primero en Mendoza que en cualquier otra parte.

Adiós Concertación

[Cobos-Jaque-abrazo]

Jaque tenía una respuesta preparada para los periodistas que durante la campaña le preguntaban por qué iba a votar la fórmula Cristina y Cobos a nivel nacional, a pesar de que Cleto era su rival en la provincia. Decía Jaque: “Cristina, como es nuestra candidata, tuvo el derecho de elegir a su compañero de fórmula, que es Julio Cobos. A él lo voy a votar porque le va a hacer bien a Mendoza tener un vicepresidente que trabaje conmigo, porque yo estoy trabajando para ser el gobernador de la provincia de Mendoza”.

Sonaban bien estas palabras. Más allá de la rara alquimia electoral de la concertación kirchnerista, una buena y sana convivencia entre el gobernador y el vicepresidente, a pesar de sus diferencias políticas, no podía resultar malo para la provincia. Pero el discurso del gobernador que había ganado las elecciones demostró una vez más que tenía fecha de vencimiento muy rápido.

Lejos de lo prometido por Jaque, su relación con Cobos pasó rápidamente de la frialdad al enfrentamiento pleno y total. Los gobernadores entrante y saliente compartieron un cafecito el lunes 29 de noviembre en el cuarto piso de la Casa de Gobierno, en el que hubo sonrisas para la cámara. Pero el jueves 31 de ese mes, apenas cuatro días después, la paz voló en pedazos.

Una denuncia del diputado Jorge Tanús, uno de los delegados top de Jaque en la comisión de transición, marcó el inicio de una guerra que continúa hasta hoy.

Tanús denunció aquel día por radio Nihuil que en la gestión de Cobos se estaban cometiendo irregularidades en las contrataciones de personal y en el pase a planta permanente de los empleados de varias reparticiones, entre ellas, el Fondo de la Transformación y Crecimiento. Como respuesta, Cobos trató a Tanús de “denunciólogo crónico” y le mandó un mensaje a su jefe político: “El señor Tanús debe respetar al vicepresidente electo”.

Después de este incidente, la relación entre Jaque y Cobos nunca volvió a la normalidad. Por el contrario, la tensión siguió en todos los terrenos. Ya fuera en el ámbito de la idea cobista de crear un nuevo banco estatal provincial, que el gobernador electo pinchó de entrada aunque fue una de sus promesas de campaña, o en asuntos de menos importancia, como la organización de la Fiesta Nacional de la Vendimia.

Acababa de naufragar otra promesa política de la campaña jaquista: la comunión de fuerzas del justicialismo ganador con Cobos, a favor de Mendoza. Además, seis meses antes de que se desintegrara a nivel nacional, la Concertación había quedado herida de muerte en la provincia. Aunque lo más adecuado sería decir que nunca nadie se preoocupó aquí por su supervivencia.

La comisión de la transición

[Jaque en tunuyán]

Pocos días después de ganar las elecciones, Jaque anunciaba el armado de una comisión de legisladores que se ocuparía de hacer el relevamiento ministerio por ministerio y darle un balance al gobernador electo sobre potencialidades y deficiencias. Después de dar esta noticia (primeros días de noviembre), el ganador de las elecciones viajó a Malargüe para tomarse vacaciones y recargar pilas, después del esfuerzo titánico de la campaña, que derivó en su inesperada victoria.

En algunos ministerios, como es el caso de Hacienda, el trabajo de la comisión más o menos rindió. En otros, los enviados de Jaque se encontraron con cierta resistencia de los funcionarios salientes (así habría ocurrido en algunas áreas del Ministerio de Obras Públicas). Pero hubo áreas en el que el descontrol reinó desde el primer día.

Fue el caso de la Dirección General de Escuelas. Funcionarios de la DGE en la gestión de Cobos afirman que, durante noviembre de 2007, apenas mantuvieron una sola reunión con la comitiva oficialista, en la que las personas que se iban dejaron en manos de quienes llegaban gruesos tomos con toda la información de la cartera (casi 2.000 páginas), sobre las que nunca hubo una consulta concreta. También aseguran haber advertido a sus sucesores sobre problemas que explotaron poco después, además de otros que todavía el gobierno de Jaque no ha resuelto.

Uno de ellos fue la paritaria docente de marzo, en la que un error de cálculo en la oferta salarial oficial condenó al gobernador a iniciar el ciclo lectivo 2008 con los docentes de paro. El peor debut para una relación con el SUTE que nunca mejoró, hasta hoy.

Otra polémica anunciada fue la de las autoridades del Consejo de Administración de la DGE, un antigüo organismo del Gobierno Escolar que controla las inversiones educativas. El gobierno anterior comunicó que los mandatos de sus miembros habían caducado y dejó en manos de los sucesores el recambio. Sin embargo, este mes se supo que la gestión de la directora general de Escuelas, Iris Lima, no se ocupó de enviar los pliegos de los sucesores a la Legislatura (deben tener aprobación del Senado), lo que dejó a la vista una grave irregularidad: el Consejo ha estado aprobando inversiones millonarias (controla todas las que superan los 22.000 pesos), lo cual podría convertir en nulas tales decisiones.

En medio de serias polémicas aún no resueltas, como es el caso de la eliminación de los exámenes globales, no resulta sorprendente que Iris Lima haya sido la funcionaria que más veces ha sonado como candidata a abandonar el gobierno de Jaque.

Muchos funcionarios de tercera línea de la gestión anterior (al menos diez) tuvieron que quedarse por lo menos dos meses después de finalizado el gobierno de Cobos, por expreso pedido de las nuevas autoridades, que no tenían a quienes poner en varias direcciones. Un panorama similar se dio en el Ministerio de Salud.

A pesar de todo esto, Jaque suele decir que uno de los logros de su gestión fue que las escuelas arrancaran el ciclo lectivo sin problemas de gas y de infraestructura. “Eso fue gracias a que nosotros le dejamos el problema solucionado en setiembre del año pasado”, responden quienes estuvieron al frente de la Educación en el periodo anterior.

Por otro lado, quienes se fueron de la DGE en diciembre de 2007, o unas semanas después, sostienen que en el equipo técnico del justicialismo en el área escolar nunca mostró solvencia o capacidad para atender los problemas que se venían. Tampoco se podía visualizar quien sería el líder.

Entre los viejos y los nuevos funcionarios de la DGE habría existido apenas una sola reunión, que se realizó horas antes del anuncio oficial del gabinete (7 de diciembre) y en la que una anécdota alcanza para pintar el estado de las cosas: el secretario general de la Gobernación, Alejandro Cazabán, llamó para avisar que iría a la DGE su nueva directora, pero no supo dar el nombre, porque hasta él lo desconocía.

El karma del gabinete

[Gabinete]

El primer gabinete de Celso Jaque

Jaque tiene sólo una excusa incontrastable a la hora de explicar las falencias que desde el primer minuto de gobierno exhibió buena parte de su gabinete de funcionarios: tuvo que armarlo completo, de cero. Este problema no lo tuvo su antecesor, Julio Cobos, quien heredó buena parte del staff que había acompañado a Roberto Iglesias durante su gestión.

Un largo silencio hubo en el tema más importante de la transición hasta la primera semana de diciembre de 2007, cuando se conoció una noticia que descolocó a todos: el ministerio de Seguridad, esa área para la que Jaque decía que tenía un plan propio, iba a quedar en manos del Partido Demócrata, a través de Juan Carlos Aguinaga.

A pesar de esto, a Aguinaga no le costó convertirse en una figura de peso, ya que la mayoría de los funcionarios de Jaque eran nuevos, desconocidos o con pocos antecedentes. Sólo podían compartir cartel con él los otros veteranos de la política, como Juan Marchena, el elegido para el Ministerio de Gobierno; y Alejandro Cazabán, el hombre que recaló en la Secretaría General de la Gobernación para eclipsar toda la gestión de Jaque.

A 11 meses de aquellas designaciones (el equipo completo se confirmó sólo dos días antes de la asunción de Jaque) , es toda una señal que dos de los tres hombres fuertes que posaron para la foto el 7 de diciembre, Aguinaga y Marchena, hayan abandonado el barco. A lo que hay que agregar que, otras sorpresas, como Iris Lima (Educación) y Guillermo Migliozzi (Producción), siguen en duda, ya que nunca lograron brillar en sus áreas.

Y es definitivamente un dato negativo para Jaque el haber acumulado casi cincuenta renuncias de funcionarios de distintos niveles en una gestión que todavía no cumple el año de vida.

Esta cifra habla, inequívocamente, de equipos de trabajo que nunca fueron sólidos ni estuvieron preparados para la difícil misión de gestionar el gobierno.

En los pasillos de la Casa de Gobierno todavía se comenta que casi ningún ministro tuvo la facultad de designar a sus colaboradores: los ministerios se armaban desde el cuarto piso completos. Así fue que Marchena tuvo que aceptar que sus dos principales subsecretarios fueran Diego Lavado, en Derechos Humanos; y Mario Adaro, en Trabajo. Así lo había dispuesto el máximo hombre de confianza para Jaque: el Chiqui Cazabán.

Algo parecido le ocurrió al ministro de Salud, Sergio Saracco, cuyo nombre surgió junto al del cuñado del gobernador, Ricardo Landete, a quien le asignaron el rol de controlar a su “superior” desde una subsecretaría. Desde entonces, se han producido muchas polémicas entre ambos funcionarios. Y el médico toxicólogo que conduce la cartera de Salud es un eterno candidato a la renuncia.

Como era de esperar, también cuentan desde la entraña del Poder Ejecutivo que tampoco contó Lima con poder para nombrar a sus colaboradores. Lo que de alguna manera explica la rápida salida del subsecretario de Planeamiento, Juan Carlos Nievas, que se produjo a sólo seis meses de la asunción.

El caos de los días de diciembre de 2007, cuando el gobernador electo eligió a su gabinete, sigue explotando hoy, con escándalos como el del ex subsecretario de Hidrocarburos, Osvaldo Musso, acusado de haber falseado el título de ingeniero; o el del ex director de Juventud, Ariel Guirín, quien tuvo que renunciar después de protagonizar una grave pelea en un boliche de Maipú.

Entre las distintas razones que da el propio justicialismo mendocino para el magro resultado que ha tenido hasta aquí en su retorno al poder, aparece constantemente el personalismo inexpugnable de Jaque: aseguran que muchos cuadros técnicos del PJ quedaron fuera del gobierno, debido a que el gobernador no los tuvo en cuenta

Pero también se habla a su favor de un punto ya mencionado en esta nota: la dificultad de construir de cero un gobierno, más cuando la victoria en las urnas no estaba en los papeles de nadie.

Como dato positivo, aseguran en el PJ que, descontando la transitoria presencia del Partido Demócrata en el Ministerio de Seguridad (engendro que, una vez más, atribuyen al secretario Cazabán), el gobernador supo respetar el equilibrio interno en las designaciones de su gobierno. Así fue que su rival en la interna, Guillermo Carmona, fue elegido para la secretaría de Ambiente. Y el poderoso sector azul del justicialismo, constructor de su victoria en las urnas, consiguió el control de dos áreas clave: Irrigación y el Instituto Provincial de la Vivienda.

La búsqueda de equilibrio llevó incluso a reservar algunos sillones importantes para dirigentes que provienen o responden a un grupo de poder empresario.

Pero todo el esfuerzo hasta aquí no fructificó. Y no ha alcanzado para cumplir las viejas promesas de campaña. Entre ellas, la más ambiciosa y cargada de sentido, la cual Jaque continúa manteniendo en su discurso: “A mí me eligieron para transformar Mendoza y lo voy a hacer”.

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