Una transición entre combates y fracturas

Por Joaquín Morales Solá

Gobiernan así y no de otra forma. ¿Gusta? Bien. ¿No gusta? No importa. ¿Cómo será el mañana, cuando sean minoría en el Congreso, si ahora les pasan por encima a los opositores? Importa menos aún. Los Kirchner se han refugiado en el extremo de sus posiciones y sus ideologías para profundizar la crispación de la política. Fuerzan fugaces mayorías en el Congreso. Dicen palabras de fracturas sociales. El propio ex presidente sólo se rodea de los que promueven odios y violencias. Es difícil imaginar, en tales condiciones, una transición suave y previsible hacia un nuevo ciclo político.

Néstor Kirchner, sólo un ex presidente, ni siquiera se esfuerza en disimular. A sus actos se hace acompañar por dos funcionarios: el jefe de la SIDE, Héctor Icazuriaga, y el jefe del Indec, Norberto Itzcovich. Sin disimulos, entonces: los servicios de inteligencia del Estado están a disposición personal del caudillo del Gobierno. La información que producen es la información que necesita el líder para ejercer su mando. A su vez, el Indec es (o debería ser) un organismo autónomo, que muchas veces debe darles noticias ingratas a los que gobiernan. No es el caso del Indec actual, pero esa deformación (o destrucción) ya no se oculta ni se maquilla.

En medio de esos espectáculos de devastación, Cristina Kirchner convocó a la confrontación entre "ricos y pobres"; protestó porque le piden que informe sobre los pobres y no sobre los ricos, y amenazó con hacer un "censo de los ricos". ¿Deberían los pobres salir a cazar ricos? ¿Los ricos tienen la culpa de un Estado impotente, carente de reflejos? Los ricos sólo deben pagar sus impuestos en tiempo y forma, porque no precisan que nadie les resuelva sus problemas. Los pobres son los que necesitan que se ocupen de ellos. La única investigación que cabe, hablando de riquezas, es a los políticos que se han enriquecido mientras gobiernan.

Aníbal Fernández dijo hace poco, con razón en aquel momento, que el fútbol debía resolver los problemas del fútbol. Pocos días después, borró con el codo aquellos párrafos: señaló que esa "pasión de multitudes" debía ser protegida por un Estado populista. ¿Por qué el Estado debería sacrificar enormes recursos para dirimir, incidiendo y urdiendo, en un conflicto entre privados? Kirchner ha dejado de tomar decisiones de Estado y sólo adopta decisiones personales.

El ministro de Planificación, Julio De Vido, aseguró hace pocos días que los aumentos de las tarifas de gas y de luz sólo afectarían al 15 por ciento de argentinos ricos. Más tarde, el propio De Vido anunció la suspensión de esos aumentos; avaló, así, la continuación del subsidio a los ricos, si es que fuera cierto que sólo los ricos están afectados. No es cierto.

El jefe del bloque de diputados oficialistas, Agustín Rossi, venía advirtiendo que las cosas habían cambiado para el Gobierno el 28 de junio. Perdimos. La realidad es otra , repetía. El realismo le duró hasta la semana que pasó. Nos pidieron cambiar las formas , mudó en las últimas horas. La comunicación es su único problema. El ministro de Justicia, Julio Alak, podría incorporarse también a la lista de funcionarios kirchneristas seriamente desautorizados por el kirchnerismo.

Quizá todos ellos creyeron, junto con muchos opositores, que el Gobierno estaba dispuesto a cambiar. La actual ratificación de las políticas y los estilos derrotados en junio no inmutó a los funcionarios. El resultado es que ningún ministro preservó su autoridad y el gabinete está ahora más desgastado que antes del último cambio de ministros.

¿Kirchner fue perjudicado por eso? No. Logró arrancarle a la Cámara de Diputados un importante número de votos a favor de la prórroga de las facultades delegadas al Ejecutivo. Hubo voces ausentes en un momento crucial para las instituciones: ¿qué hicieron o dijeron Francisco de Narváez, Mauricio Macri o Carlos Reutemann? Algunos de ellos no son diputados, pero tienen un lugar en el liderazgo de la oposición. Silencio. O palabras de ocasión. El Gobierno se benefició de esa distracción: va camino a retener todas las facultades para fijar, por ejemplo, las retenciones a los productos agropecuarios, entre ellas las de la soja, razón y causa del peor y perdidoso combate que libró el kirchnerismo.

Más grave que todo ello fueron algunas cabriolas de última hora: ¿qué hacían los cinco diputados de Chubut votando junto con el kirchnerismo cuando su gobernador, Mario Das Neves, llena espacios de radio y televisión capitalinos con discursos antikirchneristas? Das Neves juega a presidenciable delante de los micrófonos, pero está negociando detrás del escenario. De Narváez se preocupaba más por arbitrar entre los próximos proyectos presidenciales de Macri y de Felipe Solá que en ejercer como importante diputado.

Es muy probable que el Senado también apruebe esa prórroga de facultades extraordinarias. Los dos senadores de Tierra del Fuego fueron cruciales para el empate de la resolución 125, hace un año. Pero el próximo jueves, el mismo día en que la cámara considerará las facultades delegadas, el Senado tratará de aprobar un aumento sideral al IVA de teléfonos celulares y computadoras. Tierra del Fuego y las empresas radicadas allí son los principales beneficiarios de esa política. Política regresiva (el proyecto trata de "artículos suntuarios" a los teléfonos y las computadoras) que camina a contrapelo del mundo y del progreso.

Los diputados radicales se abstuvieron cuando se trató ese proyecto sobre teléfonos y computación, pero los senadores radicales votarán en contra. La activa intermediación de algunos dirigentes radicales de la Capital torció la voluntad de los diputados, pero no logró hacerlo en el Senado. Fue un lobby feroz , aceptó un diputado radical. Sea como sea, con lobby o sin lobby, aumentando impuestos que atrasarán al conjunto de la sociedad argentina, negociando entre sombras, lo cierto es que el Gobierno está en las puertas de darse otro lujo político.

¿Hasta cuándo? Ese es otro tema. Los éxitos de ahora son fulbito de entretiempo , apestilló el líder de los senadores radicales, Ernesto Sanz. El 10 de diciembre cambiará la composición en el Congreso y el Gobierno se encontrará en minoría. Ese es el peor dilema de la oposición: la sociedad creyó el 28 de junio que las cosas cambiarían en el acto con la derrota de Kirchner, pero Kirchner sigue ganando combates después de caído. Es cierto que la sociedad votó por alternativas fragmentadas de la oposición. Y también es cierto que los tiempos institucionales no son los tiempos sociales.

¿Cómo organizará la oposición ese ahora y ese después? Kirchner le ha dado la razón a Elisa Carrió, que eligió desconfiar del Gobierno y no ir al diálogo. Kirchner siempre debilita a las expresiones más contemporizadoras de la política. Pero la otra posición opositora no es insubstancial: ¿no era mejor ir, aceptar el diálogo y terminar como una víctima del kirchnerismo? ¿No era mejor eso, dicen los moderados, que ser los autores de un portazo al oficialismo, del que éste sacaría provecho luego? La consecuencia es una colisión entre la teoría y la práctica.

De todos modos, la responsabilidad de los opositores consiste ahora no tanto en debatir sobre quién tuvo razón en el pasado, sino en definir cómo administrarán el inevitable futuro. Según economistas privados, la economía fue un desastre en julio: cayó un 13 por ciento la producción industrial y un 9 por ciento el PBI mensual. Ningún gobierno camina erguido en esas condiciones.

Dialogar no significa conceder , bramó Kirchner entre amigos desaforados. ¿Qué significa entonces? Sólo una ficción. Confrontación. Intransigencia. Radicalización. Gobiernan así. No conocen otro modo ni otro mundo. El país inminente que viene no será mejor que el que ya conocemos.

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