Hay que transformar los organismos multilaterales de crédito

Hay que transformar los organismos multilaterales de crédito
Por Jorge Taiana Ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto

El país está formulando propuestas para que, en concierto con los demás países miembros, pueda asegurarse la reforma de un sistema económico y comercial asimétrico que ha conducido a la grave crisis internacional que afrontamos

La actual crisis económica y financiera internacional tiene causas estructurales que es necesario corregir y cuya solución requiere de una profunda reforma de las instituciones de Bretton Woods, así como del sistema de comercio internacional. Esta reforma debe responder a nuevas reglas consensuadas que promuevan la estabilidad y el crecimiento a escala global. Se trata de fundar las bases de un nuevo ordenamiento internacional, atento la incapacidad de las actuales instituciones de prevenir y hacer frente a las crisis.

La Argentina, como miembro activo del G20 en materia económica y financiera y como integrante del grupo reducido de consulta del Director General de la Organización Mundial del Comercio (OMC), considera imperioso que los países y, en especial aquellos que integran los grupos mencionados otorguen prioridad a los temas de fondo por sobre aquellos de carácter táctico. Además, nuestro país considera que el pilar fundador del nuevo ordenamiento financiero internacional deber ser la cooperación entre los miembros de los organismos multilaterales, con un peso más representativo de los países en desarrollo.

Se necesita una institución monetaria y financiera confiable, con capacidad para ejercer su función de supervisión global y prevención de crisis; cuyas recomendaciones sean aplicables a todas las partes, ajeno al anacrónico sistema de condicionalidades que ha primado hasta el presente, particularmente en el FMI.

La Argentina considera fundamental coordinar esfuerzos en cuatro áreas clave:

n La coordinación macroeconómica para la recuperación, mediante políticas fiscales y monetarias orientadas a fortalecer la demanda mundial. Es importante establecer disciplinas de ordenamiento macroeconómico y del sector externo que deben alcanzar a los principales países y no como ha sido hasta ahora, sólo a los países en desarrollo.

n La transformación de los organismos multilaterales de crédito, democratizando su accionar, aumentando la participación de los países en desarrollo en las decisiones y eliminando las condicionalidades. Instrumentar, a través de ellos obligaciones y disciplinas equilibradas a las que se sometan las principales economías, en particular aquellas responsables de la emisión de moneda de reserva.

Asimismo, la Argentina sostiene la necesidad de una nueva arquitectura financiera internacional, con más actores y que favorezca el crédito para el desarrollo, en especial para obras de infraestructura que impactarán sobre el nivel de actividad, el empleo y la capacidad exportadora de nuestros países.

n La transparencia y adecuada regulación del sector financiero y la movilización del mercado de capitales a favor del crecimiento sustentable, que impida la continuidad del mecanismo de transferencia de recursos desde los países en desarrollo hacia los países centrales, mediante la aplicación de tasas de riesgo que no responden a criterios objetivos, sino a intereses de las agencias de riesgos vinculadas a los mecanismos hasta ahora vigentes de absorción y concentración del financiamiento. Además, tomar medidas urgentes para terminar con los paraísos fiscales ayudaría, sin duda, a regular y disciplinar el sistema financiero internacional.

n El equilibrio en las negociaciones comerciales, que respete el Mandato de Desarrollo de la Ronda Doha y corrija los desequilibrios sistémicos del sistema multilateral de comercio. Al mismo tiempo, será necesario asegurar la adecuada flexibilidad para que los países en desarrollo puedan ejecutar sus políticas de diversificación y expansión productiva y, de esa manera, contribuir positivamente al crecimiento del producto y la demanda mundial.

En esas áreas como en otros aspectos de la competencia del G20 y de la OMC nuestro país ha efectuado y está formulando propuestas y contribuciones, para que en concierto con los demás países miembros pueda asegurarse la reforma de un sistema económico y comercial asimétrico que ha conducido a la grave crisis internacional que afrontamos. Seguramente, por haber sido uno de los primeros en haber experimentado en 2001-2002 los síntomas de lo que ahora observamos como crisis generalizada, a los que supimos hacer frente con adecuadas políticas anticíclicas, es que tenemos la autoridad moral para proponer el diálogo sobre la reforma que necesitamos para alcanzar un mundo mejor, con desarrollo sustentable y equidad.

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