La "trampita" de la reforma electoral

Por Fernando Laborda

Uno de los puntos de mayores fricciones que provoca el proyecto oficial de reforma electoral entre los distintos bloques de diputados opositores es el que impone fuertes requisitos a los partidos, como un porcentaje mínimo de afiliados, para presentar candidaturas.

Según el texto de la iniciativa, el número mínimo de afiliados requerido para el reconocimiento y mantenimiento de la personería de los partidos políticos será del cinco por mil sobre el total del padrón del distrito correspondiente. Para ser reconocida como partido de orden nacional, toda fuerza política deberá estar admitida en al menos cinco distritos y la suma de sus afiliados en todo el país no podrá ser inferior al uno por mil del total de los inscriptos en el Registro Nacional de Electores.

Esta restricción, que según voceros del Gobierno apunta a terminar con los llamados "sellos de goma", complicará la oficialización de candidaturas presidenciales a agrupaciones pequeñas, tales como las conducidas por Fernando "Pino" Solanas y Elisa Carrió, e incluso a dirigentes peronistas no kirchneristas que quisieran competir por fuera de la estructura nacional del PJ.

Por el contrario, beneficiará a los partidos grandes, como el PJ y la UCR, cada uno de los cuales conserva en teoría varios millones de afiliados, aunque, a decir verdad, muchas de esas afiliaciones datan de 1983 y probablemente muchas de esas personas ni siquiera sepan que siguen estando afiliados a esas fuerzas políticas.

Es por eso que una de las mayores críticas que desde los partidos chicos se le han hecho al proyecto oficial es que no propicie la caducidad de todas las afiliaciones vigentes hasta hoy ni el inicio de un proceso de reafiliación que abarque a todas las agrupaciones políticas.

La intención del kirchnerismo con esa suerte de "trampita" es clara. Se busca tender un puente hacia la conducción del radicalismo, por un lado, y forzar a negociar a partidos de centroizquierda que podrían sacarle votos al oficialismo, como ocurrió en las últimas elecciones porteñas con el fenómeno encarnado por Solanas. ¿Qué podría negociar el kirchnerismo con esas agrupaciones? En principio, su aval a algunos proyectos legislativos del Gobierno.

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