La trampa del esquema de Kirchner.

Por: José Ignacio Lladós.

Santiago Montoya hizo todo lo posible para que lo echaran. Daniel Scioli no tuvo margen de maniobra. Ambos, en definitiva, fueron víctimas de un esquema político y electoral made in Kirchner.

Después del invento de las candidaturas pour la galerie , el gobernador subió a toda su administración al tren kirchnerista. No dio opción, como tampoco se la ofreció Kirchner a él. "Todos mis funcionarios están a disposición del partido", dijo Scioli en aquel momento. Más claro: todos los que fueran requeridos por el kirchnerismo para ser candidatos debían aceptar la postulación.

Pues Montoya rechazó, primero en privado, algunos ofrecimientos informales que le hicieron funcionarios provinciales y nacionales. Scioli se enteró y se molestó. Lo sintió como algo personal.

A partir de allí, se hizo pública la idea de que el recaudador sería candidato a concejal en San Isidro, donde las encuestas pronostican una catástrofe electoral para el kirchnerismo. "Era lo mismo que liquidarlo para que no pudiera competir en 2011. Lo querían mandar a perder por paliza", cuestionaron cerca de Montoya. El recaudador lo tomó como una declaración de guerra y reaccionó como no corresponde a un político de raza: con furia.

Así las cosas, Montoya decidió hacer público su malestar con dos comunicados en los que rechazó cualquier candidatura y criticó sin nombrarlo a Néstor Kirchner.

Scioli no tuvo opción. Montoya lo había desautorizado y se había puesto en contra del líder peronista, que bramó -y se ocupó de que lo mismo hiciera su entorno- durante todo un día en contra del recaudador estrella.

Scioli no quería expulsar a Montoya, a quien consideraba un funcionario muy importante de su administración. Por eso le pidió que aclarara sus comentarios. Pero Montoya oscureció y repitió todos sus cuestionamientos. Resulta una torpeza política demasiado grande para alguien que quiere mantener su cargo. ¿O será que Montoya buscaba que lo echaran?

Que ahora se haya designado en ARBA -el ente de recaudación- a Rafael Perelmiter, ministro de Economía y, antes que eso, contador personal de Scioli, indica la relevancia que el gobernador le asigna al área. Las políticas de ingresos fiscales serán, este año sobre todo, las más importantes de la administración bonaerense. En el gobierno provincial prevén, además, que en 2009 caerá la recaudación. Y querían que Montoya se hiciera cargo de las malas épocas así como antes fue la estrella de los buenos momentos fiscales.

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En La Plata se preocuparon ayer por afirmar que Néstor Kirchner no había tenido nada que ver con el despido de Montoya. "El que pone y el que saca funcionarios es Scioli", aseguró Alberto Pérez, uno de los pocos hombres en los que el gobernador confía ciegamente. La indignación de Kirchner, sin embargo, llegó directamente a los oídos de Scioli. Y pesó, lógicamente. Aunque el recaudador tampoco le había dejado demasiado espacio para maniobrar.

Entrampado por derivaciones de un esquema electoral que él no ideó y por la necesidad de defender al líder de un espacio que no permite librepensadores, el gobernador perdió a uno de sus funcionarios preferidos. La campaña no da respiro al kirchnerismo.

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