La trama secreta detrás del rosarino de la efedrina

Los chicos del Colegio San Bartolomé hormigueaban alrededor del auto parado en la Shell de Tucumán y Corrientes como si estuvieran en Disneylandia. Algunos de ellos sacaban sus celulares para llevarse una imagen de recuerdo cuando un hombre robusto de estatura media y rostro cuadrado se les acercó. Los abarcó a todos con la mirada y con una amabilidad rígida les habló: "Fotos no. Si quieren suban que los llevo a dar una vuelta. Pero al auto no le saquen fotos".
Quizá la única desventaja de un vehículo similar al que usa para trasladarse la reina de Inglaterra sea su visibilidad apabullante. Hace un mes un inspector de la Afip se encandiló con el negro azabache de un Rolls Royce Phantom por bulevar Oroño. La curiosidad profesional le hizo anotar la patente HNL 134 para averiguar quién era su afortunado poseedor. A poco supieron que el vehículo, que sale 600 mil dólares, estaba a nombre de Mario Roberto Segovia, de 35 años, domiciliado en Fisherton. Pero al observar la planilla digital que contiene la historia fiscal de esta persona notaron un nulo movimiento de capital: cero Crédito Fiscal, cero Ganancias. Poco rendimiento para tan opulenta posesión.

Los bienes. Siguieron cruzando datos, ya con agentes de la Secretaría de Inteligencia del Estado (Side) que investigaba con antelación, y detectaron un cúmulo de bienes muebles e inmuebles como propiedad de Segovia que no se conjugaban con los ingresos de una actividad lícita. El listado está en una carpeta en el despacho del juez federal de Campana, Federico Faggionato Márquez, que no deja de abultarse. El jueves le detectaron un sexto piso valuado en 500 mil dólares en Juana Manso al 1500, en el exclusivo Puerto Madero, a 400 metros del Faena Hotel, donde se hospedaron Sting y Roger Waters en sus últimas visitas.

A eso se suman la casa de Alvarez Condarco 472 bis, de 350 mil dólares, donde hace una semana encontraron el Rolls Royce, las dos camionetas Hummer y una Land Rover y hasta una credencial de piloto civil con nombre de Segovia. También un importante lote en Alvear donde, según la pesquisa, estaba montando una fábrica de CD y DVD, ya en edificación bajo el proyecto de obra de un arquitecto rosarino. Y Faggionato tiene en trámite la verificación de varios bienes más: dos edificios en construcción en Rosario y la adquisición de tres plantas en el Victoria Mall de San Martín y Córdoba, el mismo lugar donde se allanó un estudio jurídico el lunes pasado. De esto último hay un boleto de compraventa a su nombre, cuya autenticidad se estudia en el juzgado de Campana.

El gran salto. A mediados de semana el juez Faggionato dijo que Mario Segovia es apenas un eslabón en una cadena. La pregunta aún por contestar es cómo un hombre de recursos modestos, que en 2003 afrontó un juicio por desalojo por no pagar el alquiler en un departamento de dos cuartos en Salta y Moreno, cinco años después había construido un sultanato.

Los investigadores ignoran cómo Segovia se afilió a esa organización que, en base al tráfico de efedrina a granel y metanfetaminas a México, generó un ingreso estimado de 50 millones de dólares. No sólo la elocuencia de sus propiedades liga a Segovia a esa red: en el tribunal hay horas de grabaciones de contactos telefónicos que el ahora detenido en Ezeiza mantuvo con personas investigadas hace tiempo por este caso.

Está acreditado que en 2000 Segovia era empleado en dependencia del depósito fiscal de Sadocks en la calle Río Cuarto al 1400, del barrio porteño de Barracas. En ese galpón, el 16 de mayo pasado, se encontraron 526 kilos de efedrina disimulados en una partida de azúcar que partiría a México.

Uno de los dueños de ese depósito es —igual que la mujer de Segovia— un hombre de Villa Gobernador Gálvez. Su familia vive en Rosario. Se llama Rubén Galvarini y con el tiempo llegó a asociarse con Segovia en la sociedad Importadora Rugal SRL con sede en la avenida porteña Ingeniero Huergo, frente a Puerto Madero. Se dedica a importación y exportación de todos los productos, frutos e insumos del país y del extranjero que permitan las leyes aduaneras.

Lo significativo del asunto es que quien aparece en la investigación judicial como proveedor de la efedrina incautada en aquel depósito fiscal de Barracas es Héctor Germán Benítez, que es un preso de la cárcel de Sierra Chica utilizado por Segovia para abrir cuentas bancarias y negocios. Los rastreos para saber quién era Benítez fueron minuciosos: se investigaron teléfonos, documentación, facturas y cuentas bancarias. A través de cruzamiento de datos y verificación se definió que Benítez era Mario Roberto Segovia. En la casa de Fisherton, hace siete días, se encontraron documentos firmados a nombre de Héctor Germán Benítez por trámites que son los investigados en el juzgado de Campana.

En el departamento de Puerto Madero comprado por Segovia, allanado el jueves, se encontró la citación a indagatoria de Rubén Galvarini de parte del juez penal económico Marcos Aguinsky, quien investiga el hallazgo de la partida de efedrina en el galpón de Barracas. Lo que refrenda el vínculo entre ambos.

   Las escuchas telefónicas son tan lapidarias que Segovia, que intentó una resistencia verbal tras ser detenido, quedó desencajado al oír fragmentos de ellas. El juez Faggionato ordenó investigarlo inicialmente porque Benítez (Segovia) le compraba efedrina a Raúl Ribet, uno de los primeros imputados presos en la causa.

   Segovia cayó en el aeroparque porteño el domingo y un día antes detuvieron, en Ezeiza, a dos mexicanos que iban a embarcar en un vuelo de Mexicana hacia el DF con 9,5 kilos de metanfetaminas en una valija. Estos se llaman Alberto Martínez Domínguez y Salvador de la Cruz Acuña.

Cinco estrellas. Estos dos individuos, según la pesquisa, estuvieron en Rosario hace algo más de veinte días. El 5 de noviembre una persona llegó a hacer una reserva en el Hotel Ros Tower. Era Sebastián Segovia, primo del supuesto principal traficante. Para pagar el anticipo de la estadía, según se acreditó en el tribunal, se utilizó una tarjeta de crédito de Roberto Mario Segovia. El juzgado pidió el listado de pasajeros y descubrió que un día después de la reserva en el hotel de Mitre al 200 figuraban alojados los dos mexicanos, que el jueves pasado rehusaron declarar.

  

Caídos en Rosario. A poco de ser detenido Segovia el domingo, cuando iba a Puerto Iguazú, con destino a la Triple Frontera, en la ciudad cayeron cuatro personas de su entorno personal y profesional próximo. Una de ellas es su mujer, Gisele Itatí Ortega, de 30 años, con quien tiene tres hijos. Ordenaron detenerla porque, según la acusación, tenía plena conciencia de las actividades ilícitas de su marido.

   Gisela Itatí Ortega no aparece inscripta en la Afip de modo unipersonal o integrando sociedades. Su nombre sí surge en Rosario en el último sorteo de adjudicación de 500 licencias de taxi. El orden de mérito obtenido por ella fue el 475 según la información oficial.

   Contra el contador Roberto Guerini, que manejaba las sinuosas finanzas de Segovia, inciden las escuchas. Pero la detención se explica más en motivos profesionales: la ley penal tributaria y de lavado de dinero exige controles sobre el patrimonio que un matriculado debe realizar. Y Segovia aparece detentando una cantidad y calidad de posesiones sin ingresos lícitos de volumen semejante. A Guerini lo detuvieron en la puerta de su casa, en Rivera Indarte 3755. Adentro secuestraron 50 mil dólares, 12 mil pesos y 3 mil euros.

   Los otros dos detenidos son Sebastián Segovia y Daniel Bocchi. A los dos se les adjudican conocimiento cabal del tipo de negocios de Mario Segovia. Actuaban, según la causa, como sus secretarios. En especial el primo tenía un vínculo muy estrecho con él.

La misma imputación. Hasta ahora el cargo para los cinco detenidos es el mismo: tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravada por la intervención de más de tres personas y contrabando. Según el ministro de Justicia de la Nación, Aníbal Fernández, entre 2006 y 2008 Segovia habría traficado a México 8100 kilos de efedrina, la sustancia usada para elaborar metanfetaminas, con un valor de 35 millones de dólares. Cerca de la causa judicial evalúan que la magnitud del tráfico trepa a los 50 millones de dólares.

Los lugares allanados. Además de la casa de Segovia en Fisherton y de Guerini en el pasaje Rivera Indarte, se allanaron otros doce domicilios particulares y comerciales. La casa de Daniel Bocchi en Juan Manuel de Rosas al 4100, la vivienda de la madre de Gisela Ortega en Villa Gobernador Gálvez, una vivienda en Dorrego 757 atribuida a un familiar de Segovia, Eduardo Delgado, a quien el juez Faggionatto está dispuesto a ubicar.

   La policía bonaerense también acudió a una vivienda de Santiago 5034 y a otra en Comodoro Rivadavia 2897. En Villa Gobernador Gálvez también allanaron la droguería Galénica, en San Martín 1715. Este laboratorio había pedido autorización a la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción (Sedronar) para importar 2.500 kilos de efedrina. Pero la escasa información que dio la droguería para el destino final de ese insumo hizo que en marzo pasado, cuando el escándalo por la efedrina no se había destapado, el Ministerio de Salud de Santa Fe lo impidiera. También se allanó la casa del presidente de Galénica, en la calle Cornelio Saavedra al 6400, de Rosario. Y un estudio jurídico y contable de Córdoba 1015 el lunes pasado.

   Ninguno de los detenidos ha querido declarar. Lo primero que van a preguntarles, si acceden, es qué recorrido vital explica una dote de posesiones tan exuberante. En breve habrá más allanamientos en Rosario que, se especula, harían evidente nuevas tenencias de Segovia. Algunas otras, según se estima, no aparecerán como propias sino delegadas a prestanombres que actúan como testaferros. La sorpresa, como la investigación, recién empieza.

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