La trama interna del gasto público: mucho en subsidios, poco en salud

Por: Alcadio Oña

Hay un comentario que se reitera en casi todos los informes fiscales privados: por necesidades de caja, el Gobierno debería meter mano en los subsidios. Claro que eso implica costos políticos y trabajo bien hecho. Nada que se vea, según datos oficiales al 6 de setiembre:

El Ministerio de Planificación ya tiene comprometido el 82 % de la partida anual destinada a sostener el modelo energético: 6.936 millones de pesos, sobre un total de 8.421 millones.

De los 2.984 millones pautados para el transporte automotor de pasajeros, gastó un 89 %. A razón de 330 millones mensuales, 11 millones por día.

En los ferrocarriles usó el 79 % del presupuesto. Esto es, 2.418 millones respecto de una asignación total de 3.076 millones. O 10 millones diarios.

Así resulten considerables, no son los únicos fondos que van a esos sectores. Pero lo que hay basta para advertir que las partidas están a punto de agotarse, cuando aún faltan cuatro meses para terminar el año. Una de dos: o se toma la decisión de subir las tarifas o habrá que poner mucha más plata.

Justamente, achicar subsidios indiscriminados y en muchos casos injustificados fue lo que se pretendió con el impuestazo al gas y el saque a las boletas de electricidad. Sólo que el Gobierno lo instrumentó tan mal que el operativo entró en un atolladero. Volverá a la carga, pero el ahorro fiscal no será el que se había proyectado con las medidas originales.

Se sabe que Aerolíneas Argentinas es una aspiradora de recursos públicos. Al 6 de setiembre había consumido 1.557 millones de pesos. Le aumentaron el cupo a 2.090 millones, aunque a este paso surge evidente que será necesario poner bastante más dinero para sostener la compañía.

Julio De Vido cuenta con una caja enorme, que se agranda constantemente a golpes de superpoderes. Y la usa: ya comprometió el 69 % de los 38.244 millones de pesos que tiene asignados. Precisará nuevos decretos para tirar el resto del año.

Es también conocido que durante la campaña electoral el Gobierno gastó fuerte en planes de viviendas, el grueso en la provincia de Buenos Aires. Si de verdad considera que son imprescindibles, deberá seguir bombeando plata para terminarlas. O bajar el ritmo de construcción, ahora que pasó el tiempo político.

Algo parecido ocurre con las inversiones en municipios: calles, alumbrado y otras obras visibles. Privilegiados con el 71 % de los recursos totales, los denostados intendentes bonaerenses habrían pactado con Néstor Kirchner que la chequera continuará abierta.

Hay otras cosas que deslumbran en la cartera de De Vido, como las inversiones de Vialidad Nacional en Santa Cruz. No sólo por el monto, sino también por las proporciones: para la provincia de los K se habían programado 130 millones y hasta ahora le dieron 436 millones. Más que a Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe; muchísimo más que los 65 millones de Misiones o los 40 millones de La Pampa.

Todos los años llueven recursos nacionales sobre Santa Cruz, pero por lo visto nunca alcanzan. Hoy mismo tiene un agujero fiscal de 2.000 millones, está cruzada por conflictos y el gobernador Peralta salta de apuro en apuro. Tan duro es el panorama, que el kirchnerismo perdió la elección.

Pero no todo reluce igual en los dominios del ministro de Planificación. Hasta comienzos de setiembre, apenas había gastado el 36 % presupuestado para plan "Más escuelas mejor educación". Pura espuma allí donde el déficit y las urgencias nacionales son notables.

A veces los números cansan. Y otras sirven para conocer en qué se van los recursos del Estado:

En el demoradísimo plan Matanza¿Riachuelo sólo se usó el 37 % del cupo fijado en el Presupuesto.

Para prevención y control de enfermedades, 375 millones de los 1.310 millones asignados. La partida es grande, salvo que apenas se utilizó el 29 %.

Un 48 % en el programa "Atención a la madre y al niño", cuando ha transcurrido el 66 % del año.

El 22 % en políticas para el sector primario. Cualquier asociación con el conflicto con el campo es inevitable.

Y un raquítico 5 % en fomento a las pequeñas y medianas empresas.

Gestiones ineficientes pueden explicar el magro empleo de los fondos disponibles, aunque desde luego gastarse todo no indica lo contrario. O montos que se ponen para llenar el Presupuesto y luego van a otras actividades. El punto es que las mismas planillas oficiales revelan desidia en acciones de Estado prioritarias.

Alguien podría alegar que los subsidios al transporte de pasajeros vuelan porque el Gobierno quiere proteger a los sectores de bajos ingresos. Otra cosa es cómo se gasta y dónde termina semejante montaña de plata: por de pronto, no se ve en el estado de los trenes y colectivos que padecen los supuestos beneficiados.

Según una definición conocida, los recursos públicos son siempre insuficientes. Lo que le sigue es que deben ser gastados según un orden de necesidades riguroso, de manera transparente y eficiente. Y más si, como ahora, las cuentas fiscales lucen muy apretadas. Por eso suele decirse que el Presupuesto Nacional es el lugar donde se fijan las políticas de Estado: claro está, cuando se cumple.

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