La trama corrupta alcanzó a Rajoy

Un testigo clave salpicó al líder del PP al afirmar que nadie le había pedido que cesara las relaciones con las empresas acusadas.
"Yo no me voy a comer este marrón solo." Con estas palabras el secretario general del Partido Popular de Valencia, Ricardo Costa, dejó en claro a su gente de confianza que no estaba dispuesto a asumir el rol de chivo expiatorio en el llamado "caso Gürtel", la trama de corrupción que desde hace meses sacude los pilares del PP a nivel nacional. Y no se lo comió. Ayer, luego de cuatro días de especulaciones sobre cuál sería su reacción después de que Mariano Rajoy presionara para que se lo apartara del partido por su implicación en el escándalo, Costa respondió con una atronadora conferencia de prensa en la que afirmó que él no hizo más que seguir las directivas de sus jefes políticos, es decir, el propio Rajoy y el presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, uno de los hombres del partido con mayor poder territorial y al que ahora apuntan todas las miradas.

La conferencia de prensa de Ricardo Costa comenzó a las once de la mañana y desde que terminó todo el Partido Popular a nivel nacional quedó sumergido en el silencio. La portavoz parlamentaria Soraya Sáez de Santamaría y la secretaria general nacional Dolores de Cospedal suspendieron sus habituales conferencias de prensa matinales. A Mariano Rajoy se lo tragó la tierra. El resto de los dirigentes también respondían con el silencio a las preguntas de los periodistas. Las palabras de Costa en su aparición pública y las implicancias políticas que tienen explican el porqué de semejante desaparición.

Ricardo Costa comenzó a sentir que el mundo se le caía encima hace apenas un par de semanas cuando la Justicia levantó el secreto de sumario sobre una parte sustancial de los 17.000 folios que componen la trama del "caso Gürtel", el mayor escándalo de corrupción que ha afectado al PP desde su fundación como partido en los años ochenta. A pesar de que Costa no está procesado en la causa, las conversaciones telefónicas intervenidas por la policía dejan en claro que mantenía un contacto habitual con los dos empresarios que se encontraban en el vértice de la red corrupta, Francisco Correa –el hombre que se hacía llamar "don Vito Correone"– y Alvaro Pérez, alias "el Bigotes", los dos en prisión desde que estalló el escándalo.

De esas charlas se desprendía que la red corrupta le había regalado un reloj de 20 mil euros y había contribuido a que se comprara un auto de lujo. Después de que se hicieran públicos estos documentos, Francisco Camps, el presidente de la Generalitat Valenciana de quien Costa es la mano derecha, salió en defensa de su figura y afirmó: "Si se va Ricardo, también me voy yo". Costa sintió entonces que su futuro no estaba en peligro, a pesar de las evidencias.

Pero la suerte de Costa comenzó a cambiar cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, también del Partido Popular, expulsó del bloque parlamentario regional la semana pasada a tres de los diputados implicados en la causa, harta de que el partido no diera señales claras a la sociedad y continuara defendiendo a los implicados en el escándalo. La movida de Aguirre dejó en evidencia a Francisco Camps y al mismísimo Mariano Rajoy, que hasta el momento se había cuidado de meter mano en el asunto. A partir de ese momento todas las miradas se dirigieron hacia Valencia, donde Camps seguía defendiendo a capa y espada a sus hombres.

Camps no defiende a sus hombres más cercanos porque dude de su culpabilidad, sino porque él mismo aparece en las conversaciones intervenidas de la red corrupta, calificando de "amiguito del alma" a Alvaro "el Bigote" Pérez, y hasta su propia esposa aparece en el expediente expresándole a Pérez que se había "pasado cuatro pueblos" al enviarle costosos regalos como forma de agradecer los contratos que las empresas de Pérez y "Don Vito" Correa conseguían del gobierno valenciano.

Después de la aparición de Esperanza Aguirre cortando cabezas, Rajoy le envió un ultimátum a Francisco Camps exigiéndole que apartara o bien a Costa o bien al vicepresidente de su gobierno, Vicente Rambla, también implicado en el escándalo.

El pasado 9 de octubre Camps cedió a la presión y anunció el cese de Costa como secretario general del partido a nivel regional. Pero ayer por la mañana Costa dijo que él no iba a renunciar, porque había actuado siguiendo las directivas de su partido, es decir, de Camps y también salpicó a Rajoy al afirmar que nadie le había pedido desde Madrid que cesaran las relaciones con las empresas de la trama corrupta, algo que Rajoy había afirmado hacía unos meses cuando estalló el escándalo. Para dejar bien claro que estaba lanzando un órdago a gran escala, retó a Rajoy a que creara una comisión de investigación si tenía alguna duda de su honestidad. "Yo no tomé la decisión de trabajar con estas empresas", remató Costa dando a entender que la trama corrupta había comenzado a actuar antes de que él llegara a su puesto y que él se limitó a dejar las cosas como estaban.

Ayer por la tarde, luego de una jornada cargada de tensiones, el comité ejecutivo del PP de Valencia decidió contra todo pronóstico y contra el deseo expreso de Rajoy, no pedirle a Costa que cese en su cargo y el propio Costa volvió a comparecer ante la opinión pública explicando que sólo aceptara este "cese temporal" a cambio de que Madrid ponga en marcha la investigación que él exigió. En otras palabras, el PP valenciano le lanzó un desafío de enorme envergadura a Mariano Rajoy, cerrando fila en torno de sus hombres implicados en el escándalo y poniendo al líder popular en serios aprietes al cuestionar seriamente su autoridad. Al cierre de esta edición Rajoy seguía sin dar señales de vida, y nadie sabe cuál será su reacción ante el inesperado giro que ha dado el caso, aunque queda claro que ahora la pelota está en su tejado y que cualquiera sea su decisión los costos políticos que deberá pagar serán muy altos. Y para sembrar aún más la confusión, a últimas horas de la noche la sede nacional del PP emitió desde Madrid un comunicado en el que afirmaba que Camps les había notificado que Ricardo Costa había "cesado voluntariamente" en su cargo como secretario general del partido y como portavoz del PP en el parlamento regional, algo que el mismo Costa había rechazado en su última comparecencia. En otras palabras, una enésima vuelta de tuerca en un escándalo que a estas alturas ha desbordado por completo a sus protagonistas.

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