Un traje con la hilacha a la vista

Por: Ricardo Roa.

¿Cuál es la urgencia de imponer ahora una reforma política, sin debatir antes con los partidos y cuando faltan dos años para la próxima elección? Sólo la urgencia del Gobierno.

Y la muestra fue el acto de ayer en la Casa Rosada: salvo funcionarios y algún dirigente oficialista, no hubo nadie de la oposición y muy poco de las fuerzas aliadas (Entre aliados y sin la oposición, Cristina lanzó la reforma política) El ministro del Interior se quejó por el faltazo masivo. "Es una falta de respeto", disparó. Obvio, de los otros. No del Gobierno, que después de la derrota electoral convocó a un diálogo que terminó en reuniones sin agenda y sin consideración por ningún proyecto que no fuera el propio. Nada de consulta. Puro humo para ganar tiempo.

Si hay un tema que debe tener consenso es la reforma política: se trata de las reglas de juego de la democracia. Cualquier cosa menos lo que se está haciendo: un cambio de apuro antes de que el kirchnerismo pierda las mayorías en las dos cámaras. Y aunque se pretenda que sea la "ley de la democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral", como la bautizaron sin ponerse colorados. Tiene cuatro ejes. Elecciones primarias obligatorias. Reducción de partidos: sólo podrán presentarse los candidatos que superen un piso en esas primarias. Financiamiento de las campañas por TV únicamente con fondos públicos pero sin límite para la propaganda del Gobierno salvo 15 días antes. Y unificación de los padrones.

Duhalde había promulgado las internas obligatorias después del "que se vayan todos". Y Kirchner, que impulsó su derogación en 2006, ahora pega una vuelta redonda. La Presidenta dice que la reforma no es un traje a medida. Pero ni siquiera había empezado a hablar y ya había afiches pegados con Kirchner 2011. Más claro, agua.

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