Traigan la cabeza de los reformistas

El cuerpo de elite de Teherán desea que se enjuicie a los dos ex candidatos Mir Hossein Musavi y Mehdi Karrubi y al ex presidente Mohammed Jatami por "su papel central" en las manifestaciones contra el gobierno.
La institución política y económica más poderosa de Irán, la Guardia Revolucionaria (Pasdarán), intervino ayer en la crisis política que atraviesa el país al pedir la detención de los principales referentes del campo reformista. Según dejó en claro el cuerpo armado de elite, Mir Hossein Musavi, líder de la oposición y candidato derrotado en las últimas elecciones, tiene que ser arrestado y juzgado por incitar las protestas, al igual que otras dos prominentes figuras.

"La pregunta que debemos hacernos es: ¿quiénes fueron los principales instigadores de este golpe de Estado fallido?", se preguntó Yadollah Javan, jefe del buró político de la Guardia. "Si Mir Hossein Musavi, Mehdi Karrubi y Mohammed Jatami (ex presidente) jugaron un papel central en promover una revolución de terciopelo en nuestro país, y los hechos demuestran que así lo hicieron, la Guardia Revolucionaria espera que la Justicia vaya tras ellos, los arreste, los someta a juicio y los castigue", sentenció ayer Javan en un artículo publicado en el semanario Sobhe Sadegh.

El pedido no estuvo solo. El general Masud Jazayeri, subjefe del Estado mayor y encargado de la propaganda del régimen, respaldó las palabras de Javan bajo el argumento de dar el ejemplo para futuras situaciones. "Es evidente que el juicio a los principales instigadores de los disturbios recientes tendrá un papel determinante para neutralizar los eventuales complots en el futuro", señaló el militar.

Ayer una Corte revolucionaria reanudó las audiencias del juicio masivo que se está llevando a cabo por estos días en Teherán contra un centenar de políticos reformistas, periodistas, empleados de embajadas extranjeras y todos aquellos detenidos por "perturbar el orden e incitar a las protestas".

De ahí que los comentarios de ayer, emitidos por uno de los órganos más conservadores del régimen, parecieran indicar un endurecimiento notable en la postura de esta parte del establishment iraní. Este grupo buscaría, de esta manera, extender los juicios por las revueltas postelectorales incluso a figuras hasta hace poco consideradas intocables, como el ex presidente Jatami.

Pero, según analistas locales, si la puesta en escena del juicio masivo está poniendo de rodillas a decenas de cuadros políticos de la oposición, podría también estar teniendo efectos colaterales no deseados por los ayatolas. Y es que las imágenes de las audiencias, en las que pueden verse a los líderes reformistas vestidos con uniformes de presos "confesando" sus "crímenes", estaría no solo dañando seriamente la credibilidad de la población iraní en su sistema judicial sino, además, aumentando de forma significativa el aislamiento internacional del país persa.

El sábado, entre los que pasaron por el banquillo de acusados, hubo un empleado local de la embajada británica y una profesora francesa. Londres y París protestaron, juzgaron la medida como inaceptable y ya anunciaron que promoverán sanciones diplomáticas en el seno de la Unión Europea (UE). En lo que numerosos observadores locales calificaron como un testimonio forzado y poco creíble, Hossein Rassam, analista político en la embajada británica, admitió ante la Corte que tanto antes como después de las elecciones había preparado un informe para sus jefes británicos sobre el clima político en el país a raíz de las denuncias de fraude.

Clothilde Reiss, la profesora francesa de 24 años y supuesta espía, también confesó ante el Tribunal que durante los días que duraron las manifestaciones le había enviado un e-mail con fotografías de las revueltas callejeras a un amigo francés que también reside en Teherán. "Le pido perdón al pueblo de Irán por mis acciones. Espero que la Corte me pueda perdonar", balbuceó la joven con un rostro pálido y lleno de angustia, de acuerdo al informe de la agencia oficial Fars News.

Mientras tanto, las autoridades en Teherán, buscando apaciguar los ánimos, anunciaron el arresto del director del centro de detención Kahrizak. Allí, en los primeros días de las manifestaciones postelectorales, murieron tres personas con signos de torturas, entre ellas el hijo de un importante político conservador. La oposición venía pidiendo una investigación sobre el tema. "Se lo echó de su cargo y se lo detuvo", sintetizó Esmail Ahmadi-Moghaddam, jefe de la policía.

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