"Trabajo para defender los intereses del pueblo, aunque a muchos les moleste"

Saltó a la fama por ser el fiscal que encabezó la investigación por las tierras fiscales. Asegura que varias veces quisieron sobornarlo y presionarlo para cambiar el sentido de un dictamen. Lamenta la «inmadurez» de la clase política actual.
A simple vista uno no diría que el hombre sentado en la silla, mate en mano, es el mismo que no titubeó cuando tuvo que enfrentar al poder y vérselas de frente con el lado más oscuro de la política vernácula.

Claro está que las apariencias engañan. Raúl John París (su segundo nombre se debe a que nació el 22 de noviembre de 1963, día en que asesinaron a John F. Kennedy) muestra todo su aplomo al referirse a su accionar como fiscal del Tribunal de Cuentas del Chaco y defiende, a capa y espada, la necesidad de actuar en forma honesta e íntegra en el ejercicio de su profesión.

Para el imaginario colectivo, su nombre comenzó a ser una constante desde el momento en que develó el mega caso de corrupción y estafa llevado adelante por el Instituto de Colonización, con las tierras fiscales.

Pero en su currículum también se aprecian otras «perlitas». Fue el fiscal encargado de destapar los desmanejos financieros del Idach en Sáenz Peña, a principios de la década del ‘90, por la cual varios referentes del instituto fueron sancionados. Asimismo, actualmente tiene entre sus manos la investigación por la guardería del Insssep, que desnuda una serie de complicidades entre miembros del TC, la obra social y el gremio del Insssep.

Investigar

siempre

Casi escondido detrás de pilas de expedientes que se amontonan en cada rincón de su departamento, París asegura: «No puedo mantenerme callado si sé que algo se está haciendo en forma irregular, por fuera de la ley».

«Lamentablemente, en este sentido, no todos mis colegas piensan igual», explica y remarca: «Algunos prefieren privilegiar la amistad o el no tocar a los superiores, pero aquí lamentablemente si alguien cometió alguna irregularidad, por más que tenga estima hacia esa persona, debo investigar y dictaminar en forma imparcial».

Su mirada y sus palabras transmiten una intensidad que es acompañada por la contundencia de los términos que elige para expresarse. «Aquí hay funcionarios que se consideran inmunes a la ley, y esa impunidad es la que termina volviéndoseles en contra», explica.

Defender a

los chaqueños

De todas formas sabe que su trabajo va más allá de la opinión o sentimiento de algún funcionario. «Yo tengo un compromiso con el pueblo del Chaco, me debo a ellos y todo lo que hago está dirigido a defender sus intereses», añade.

El ejemplo más evidente resulta ser el de las tierras fiscales: «Aquí tenemos un caso de corrupción que es, sin dudas, el más grande en la historia del Chaco, no sólo por la magnitud de la estafa económica, sino por las implicancias que tendrá para las futuras generaciones. Ante algo así, por más presiones que se reciban, uno no puede mostrarse débil. Debe seguir y soportar el aluvión de palos que vendrán, luego desde los sectores que fueron beneficiados por esas adjudicaciones irregulares».

«Lo mismo ocurre con la guardería del Insssep o el caso del Idach en los ‘90. Mi compromiso es denunciar lo que está mal. Sin importar qué persona o partido está al frente del gobierno en ese momento», puntualiza.

Asimismo, París asegura que pese a toda su experiencia «no deja de sorprenderme hasta qué punto algunas personas pueden actuar sin que les importe el daño que se genera al resto de la sociedad. La mayor enseñanza que puedo extraer de todos estos años es que hay personas muy oscuras, pero también otras que dejan todo de sí para que esta provincia progrese».

La clase politica

Una de sus más duras críticas se dirige hacia el rol de la clase política chaqueña, a la cual describe como «inmadura».

«¿Qué podemos esperar de la sociedad si los políticos constantemente se están agrediendo y peleando públicamente? Ese mensaje cala hondo en la gente», afirma.

«El problema que tenemos es que los líderes de los partidos, en vez de sentarse a acordar una serie de puntos para los próximos veinte años, están más ocupados profiriéndose chicanas unos a otros», continúa.

En tal sentido considera que «si otros países pudieron hacerlo, no veo por qué nosotros no podríamos. La verdad es una pena, porque estamos dejando pasar muchas oportunidades, y el Chaco está igual que hace 50 años».

Además, también pregona la necesidad de trascender los personalismos: «Un partido no puede quedarse limitado a lo que disponga una sola persona. Está bien que existan líderes. El problema surge cuando éstos toman el control total de las acciones y, encima, demuestran no estar a la altura de las circunstancias».

Sin embargo, para el epílogo elige una frase que lo describe de pies a cabeza: «No hay nada mejor que actuar con honestidad y dejarle a mis hijos un apellido limpio, del cual puedan sentirse orgullosos».

"Muchas veces quisieron sobornarme"

A lo largo de su carrera, París ha estado en contacto con «el lado más oscuro» de la política, tal como él mismo lo define.

Eso implica haber recibido en numerosas ocasiones intentos de soborno, extorsiones o chantajes.

«Recuerdo muy bien cuando un ex diputado me llamó a mi despacho para preguntarme ¿cuál es tu precio?, y permitir así que ese gobierno pudiera avanzar en una serie de proyectos que yo había denunciado», comenta.

Sin embargo, París lamenta «no haber tenido una grabadora» para poder tener el soporte que permitiera hacer la denuncia ante la Justicia.

Sin vueltas, afirma que actitudes como esa se repitieron en todos los gobiernos.

«Cuando hay casos sensibles al gobierno de turno o personas que tienen muchas amistades dentro del Tribunal, algunos suelen pretender que silenciemos esa situación», detalla. Y asevera en forma contundente: «Si yo sé que algo se hace fuera de la ley, no puedo quedarme callado. Lamentablemente no todos mis colegas tienen el mismo criterio».

Asimismo, el fiscal afirma: «El dinero es lo de menos, va y vuelve, pero la honestidad y la integridad, o poder caminar por la calle con la frente alta, es algo que no tiene precio y es el bien más preciado que puedo dejarles a mis hijos».

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