El trabajo ya no es lo que era

Por: Osvaldo Pepe

Los jóvenes de hasta 30 años con capacidad de acceso y permanencia en el sistema laboral, que son los menos, tienen una mirada sobre el trabajo diferente a las de generaciones anteriores. La más notoria es que no les interesa un empleo "para toda la vida".

A tono con cierto aire efímero, volátil y virtual de este tiempo, un estudio refleja que ese segmento social descree del trabajo concebido como una identidad o un modelo aspiracional con sentido de pertenencia. Lo que predomina en ellos es el ingreso atractivo y la exploración de nuevos horizontes que le garanticen ascenso económico rápido y una mayor capacidad de consumo.

Hacia fines de los 90, Jeremy Riffkin, que fue funcionario de Bill Clinton, alertó en su obra "El fin del trabajo" sobre el derrumbe del modelo laboral de las sociedades industriales. Allí planteó como motor innovador el cambio de paradigma del consumo, que fue transformándose de vicio en virtud, una de las claves del siglo XX: el trabajo implica más tener que ser, más propiedad y menos

trascendencia. Así, esta nueva generación de profesionales quiere jerarquía y plata. Y los quiere rápido. Aspiran a ser elites de un modelo en gestación, pero definitivo en su esencia: el trabajo tal cual lo conocimos en décadas pasadas ya no volverá y ellos se ven como audaces sepultureros.

Pero la realidad los confronta. En EE.UU. la desocupación de octubre fue de 10,2%, la mayor en 26 años, y apenas si bajó en noviembre. Acá hasta el propio INDEC admite que el índice volvió a subir, mientras según la ANSeS el pago de subsidios por desempleo creció 47% en dos años. El mundo está en problemas: el mercado laboral es reacio con los más jóvenes y expulsor con los veteranos.

Nadie debería celebrar su propio éxito con tanto fracaso alrededor.

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