Los trabajadores volvimos a ser protagonistas con voz y voto

Por Víctor Santa María,

Secretario general Suterh.

El Día Internacional del Trabajo nació un 1º de mayo de 1886 a sangre y fuego en las entrañas mismas de los Estados Unidos. Aquel día, 340 mil huelguistas dejaron más de 5 mil fábricas norteamericanas para ganar las calles y exigir ‘¡Ocho horas de trabajo! ¡ocho horas de reposo! ¡ocho horas de recreación!’.

El 4 de mayo se reunieron unas 15.000 personas reclamando justicia por la muerte a manos de fuerzas policiales de 6 obreros. Los discursos de los activistas habían sido moderados y el mitín se desarrollaba con tranquilidad cuando en un confuso episodio una bomba estalló y provocó la muerte de un policía.

Disparando y golpeando a mansalva los policías cargaron sobre la multitud dejando un total de 38 obreros muertos y 115 heridos. El 11 de noviembre de 1887, un año y medio después de la gran huelga por las 8 horas, fueron ahorcados en la cárcel de Chicago los dirigentes anarquistas y socialistas August Spies, Albert Parsons, Adolf Fischer y George Engel, declarados culpables luego de un proceso en el que no se les pudo probar ningún cargo. La injusta condena estremeció al mundo entero y aunque el 1´ de mayo se conmemora exactamente el inicio de la gran huelga por las 8 horas, fueron los mártires de Chicago los que grabaron a fuego aquella fecha como el ‘Día Internacional del Trabajo’.

En nuestro país, con la irrupción del peronismo en la vida nacional, la recordación de la jornada adoptó características singulares, que si bien no olvidaban sus orígenes la convertían en un día de celebración para la clase trabajadora, que había visto satisfechas todas sus reivindicaciones históricas. En 1949, incluso, dando un paso sin antecedentes, se incorporaron a la Constitución, sancionada ese año, los Derechos del Trabajador.

A partir 1955, los 1´ de mayo recobraron el carácter de jornada de lucha por los derechos del movimiento obrero, ya que sobre los trabajadores y las organizaciones sindicales se desató una sistemática y feroz represión, característica que se verificaría cada vez más en un país con quiebre institucional.

La última dictadura, no cabe duda, fue la que llevó adelante el más salvaje y sangriento ataque al movimiento obrero argentino. Recién en los últimos años hemos visto una clara voluntad política de llevar adelante un proyecto de país, donde el trabajo y los trabajadores hemos vuelto a ser protagonistas centrales con voz y voto.

Por eso nuestro compromiso con el modelo en marcha sigue más fuerte que nunca. Ese es nuestro mejor homenaje a todos aquellos que dieron hasta la propia vida por defender nuestra dignidad, nuestros derechos y nuestro destino como trabajadores.

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