Tornillos flojos en el modelo K

Por: Alcadio Oña

Aun si fuese una apuesta con cierto margen de error, más de un economista cree que el Gobierno debiera estar pensando, ya, en un plan macro básico por si el mundo entra en un sendero de recuperación a comienzos de 2010. Y no sólo por eso, dicen, sino porque urge encarar los desajustes internos.

Puede haber recambios ministeriales después del 28 de junio y seguro que ideas individuales existen. Pero no se tiene noticias de que en el poder se esté cocinando algo asimilable a un programa más o menos estructural.

Sin embargo, cualquier paso que se dé en esa dirección requiere de ciertas condiciones previas. Una es contar con equipos, o hacer que los equipos disponibles actúen coordinadamente y, desde luego, darles espacio en las decisiones.

Al revés de lo que ocurre a menudo. Como cuando, hace bien poco, una ministra y un secretario de Estado se enteraron de una medida que los involucraba, armada por un tercer funcionario, en el mismo acto en que se la anunció. O que un funcionario resistido por su jefa pueda encontrar cobijo en otro, al menos en las formas, con rango inferior a la jefa. O haya quienes consuman su tiempo en deshacer trabas que le vienen de áreas ajenas, aunque del mismo Gobierno. Internas archiconocidas y desgastantes, más un modelo de gestión ultra vertical.

Otro requisito central mira a las benditas cifras del INDEC. Nadie puede seriamente hacer política económica y social con datos desconectados de la realidad, por más dudas que se siembren sobre la confiabilidad de los números privados.

Con el Instituto Nacional de Estadística y Censos -un organismo del Estado, no del Gobierno- pasó lo que se veía venir desde el mismo momento cuando fue intervenido: que gracias al zafarrancho, habría trabajo para las consultoras. Casi una privatización de las estadísticas.

En el mundo de los desajustes internos también hay que, sin crédito, el Gobierno exprime la liquidez de cuanto organismo público la tenga disponible. Para afrontar gastos que no logran cubrir con ingresos impositivos: ostensiblemente, la plata del sistema previsional.

A los manotazos se creó una maraña de deudas cruzadas que, al parecer, terminará en un "bonazo" intrasector público: no en un pagadios, se supone. Pero así se sustraigan recursos previstos para otros fines, la aspiradora no tiene vida eterna: puede tirar hasta fin de año, pero ya empieza a mostrar signos de agotamiento, tal cual sabe el propio Néstor Kirchner.

El resultado es que será necesario apelar a otras fuentes de financiamiento y admitir ciertas condicionalidades, si son internacionales. De arranque, reformar las estadísticas del INDEC.

Hoy contenidos a duras penas, hacia el segundo semestre comenzarán a percibirse con mayor intensidad los problemas laborales. Y eso significa que serán imprescindibles fondos para planes sociales, que de algún lado habrá que sacar.

En la misma lista de facturas acumuladas entran, sin duda, los agujeros financieros insostenibles en unas cuantas provincias. Más plata de la que no sobra y, además, eventuales focos de presión social y dificultades en las administraciones. Aun cuando a veces se lo ignore, las provincias no son, al fin, territorios disociados de la Nación.

Así es casi seguro, sino seguro por completo, que habrá disputa por el reparto del Impuesto al Cheque cuando este año se lo quiera prorrogar en el Congreso; simplemente, porque a las provincias va el 15 % de la recaudación y el resto queda en la Tesorería Nacional. O tironeos por la parte de la coparticipación que aún retiene la ANSeS, a pesar de que han desaparecido las AFJP.

Debiera estar claro que el kirchnerismo tendrá que gobernar hasta el 2011, cualquiera sea el resultado de la elección del 28 de junio y así desde luego no valga lo mismo uno que otro.

Según la Reserva Federal, la economía estadounidense entrará en un proceso de recuperación gradual antes de fin de año. China sostendrá una tasa de crecimiento cercana al 7 %, esta vez apoyada en un mayor gasto doméstico que reemplaza al bajón de las exportaciones. Y después de un primer trimestre horrible, los economistas paulistas proyectan que Brasil empezaría a levantar en los próximos meses.

Europa, en cambio, tardará más en salir. Y más concretamente, Alemania: el PBI de la locomotora de la Unión Europea caería 6 % este año, casi la mitad de su economía depende de exportaciones notoriamente apretadas y por lo general opta por estrategias más conservadoras; para el caso, más cautas que las de EE.UU. y China.

El desempleo resulta un problema enorme, el estado del sistema financiero es en algún sentido todavía indescifrable, el crédito sigue trabado y la inflación asoma como un factor de riesgo. Pero para muchos, así sea lentamente, el mundo comienza a dar señales de vida.

De esto hablan los economistas, aquí, cuando piden un plan macro con medidas ordenadas y articuladas, sin tanta soja y ANSeS dependencia. Y bajo la hipótesis de que a la Argentina pueden reabrírsele oportunidades.

Nadie puede, seriamente, cuestionar las políticas inclusivas, el crecimiento o el papel del Estado, la protección del empleo y la necesidad de cerrar de verdad la enorme brecha social. Sólo que a esta altura, de apuro en apuro y apelando cada vez más a decisiones espasmódicas, ya no queda muy claro de qué modelo habla el Gobierno cuando habla del modelo.

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