La tormenta paralizó a Frías

La "Ciudad de la Amistad" abrió sus ojos ayer con las primeras luces del día para presenciar una realidad tan atípica como sorprendente.
Ruidos de motosierras, palas cargadoras y camiones rompían el silencio de una tensa calma que el clima se encargó se sembrar durante la madrugada, luego de arremeter contra la ciudad con fuertes ráfagas de viento, agua, rayos y algo de granizo.

Desde que amaneció y hasta las últimas horas de la tarde de ayer, en algunos sectores en Frías no había servicios de energía eléctrica, agua potable, telefonía celular, también se vio afectado el sistema informático en entidades públicas y bancarias, además de la imposibilidad de expender combustible en varias estaciones de servicio.

El panorama también fue preocupante para muchos comerciantes que se quedaron sin alimentos frescos, y algunos con el riesgo de perder la mercadería por el corte de la cadena de frío.

Tampoco hubo clases en la mayoría de los establecimientos educativos, debido a la falta de agua y de electricidad en los edificios.

Mamelucos de obreros -decenas de veces multiplicados al común de los días- avanzaban en cuadrillas por las calles portando palas y machetes en sus manos para levantar de lo que parecía un campo de batalla los árboles y plantas que quedaron tendidos por todos lados, tal como si fueran los cuerpos de un lamentable e inesperado combate bélico pero, en realidad, era una prueba contundente del furioso ataque nocturno que descargó la naturaleza, desde el Norte y puso únicamente a Frías en el centro de la línea de fuego.

Ramas de todas las medidas y árboles enteros sembrados por doquier que cortaron cables de todo tipo proyectaban la escena en cualquier punto cardinal, desnudada por la claridad del recién nacido día.

"¿Pedían agua?", decía un bromista de los que nunca faltan, aunque sea en las peores situaciones, mientras ojeaba EL LIBERAL, en referencia a los constantes ruegos de la gente para recibir un guiño de piedad del cielo. Agua hubo: cayeron 84 milímetros en 50 minutos. El guiño de piedad quedará para otra discusión.

Lo podría decir María del Valle Ávila, una vecina del barrio Chino (entre los más humildes que tiene la ciudad) porque el viento derribó gran parte de un árbol sobre su ranchito en el que vive junto a su pareja y cuatro niños (además está embarazada), con el milagro de que no les ocurrió nada porque alcanzaron a guarecerse en el rancho de su padre, ubicado a uno pocos metros. Todos fueron atendidos en el Hospital Zonal hasta que pasó la tormenta y pudieron volver, pero con la tristeza de que perdieron muchas cosas fruto de la lluvia.

Así lo dijeron fuentes policiales de la Seccional 23 y barrio Oeste quienes además reportaron la existencia automóviles dañados durante el fenómeno porque cayeron árboles y postes de alumbrado público encima, inclusive uno de ellos tenía gente adentro, pero por suerte nada les ocurrió a los ocupantes. Esto fue en la esquina de Carlos Monti y Quintana.

Según autoridades del hospital, no se registraron personas heridas de gravedad por causa de la tormenta, sí vecinos con ataques de pánico por el ingreso de agua en sus viviendas o miedo a electrocutarse que fueron rápidamente asistidos y algunos heridos con cortes menores por lastimaduras de vidrios en las calles.

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