La "tormenta" que escandalizó a Santa Rosa

La suspensión y el camino hacia la destitución de Sergio Salgado como intendente de Santa Rosa mostró una cara poco conocida del funcionario caído en desgracia. La batahola que produjo el joven de 32 años dejó al descubierto los enconos personales que se expresaron en una crisis institucional.
La imagen de Santa Rosa de Lima sostenida en una pancarta pareció desfigurarse en el momento en que, desencajado, el suspendido intendente Sergio Hernán Salgado mostró su cara menos pública.

“¡Esto es un delito, es un allanamiento de morada! ¿Usted para que está? ¡Ustedes son unos delincuentes!”, les gritó Salgado a los policías que custodiaban la entrada de la comuna.

Salgado, que una hora y media antes había sido suspendido por los diez concejales que lo acusaron de “indignidad y desacato al cuerpo deliberativo”, se revolvió en forcejeos entre sus seguidores que intentaron pararlo para que no entrara al municipio que acababa de ser abierto, después que un cerrajero -con una amoladora- cortara los pernos de las dos cerraduras de la puerta principal de la sede municipal.

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Nadie esperaba esa reacción del joven de 32 años y jefe comunal suspendido. El grueso de sus adeptos ya se habían retirado y de pronto él irrumpió cuando el nuevo intendente de Santa Rosa, el también peronista Antonio López, ingresó al edificio comunal para constatar la situación.

De pronto el torbellino se transformó en un"pogo" sordo que sólo respondía al ritmo del fragor que imponía Salgado con su cuerpo contorsionado, y por quienes lo maniataron para que no entrara a increparlo a López.

El clima ya se había enrarecido porque Salgado, antes de que lo suspendieran, ya había firmado un decreto declarando asueto para todas las dependencias municipales y antes de irse de su despacho pegó una copia del decreto de la medida aduciendo que debía hacerce una desinfección de todas las dependencias comunales.

La desinfección comunal es un símbolo de lo que piensa Salgado de sus rivales políticos, los diez concejales que ahora se preparan para echarlo definitivamente.

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El huracán Salgado se produjo a las 14,30 y estremeció a la tradicional siesta santarrosina. Sus laderos intentaron pararlo. Pero en medio de ese revuelo, uno de los “salgadistas”, le propinó una piña por la espalda al cronista del diario Uno Enrique Pfaab.

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Los hechos se produjeron desde las 13, hora en que López, presidente del Concejo Deliberante, juró como intendente interino con su mano sobre una Biblia que costó encontrar entre los armarios del Concejo Deliberante.

El nerviosismo ganó terreno y los concejales justicialistas finalmente garantizaron con su voto la voluntad de destituir a Salgado. Así se consumó lo que MDZ había advertido hace una semana exacta cuando reveló que el nuevo ministro de Gobierno Mario Adaro no había podido convencer a los concejales justicialistas de que desistieran de iniciar el proceso de expulsar a Salgado.

El hecho más escandaloso para acusar a Salgado fue la toma de la casa del Concejo Deliberante por parte de los 320 empleados contratados que el 1 de octubre pasado se revelaron cuando Salgado les comunicó que no podía renovarles el contrato porque los concejales -supuestamente- no autorizaron una reasignación de partidas para enfrentar el gasto de los sueldos de estos agentes.

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