La tormenta que desata Lousteau

La tormenta que desata Lousteau

El ex embajador quiere estar lo más adentro de Cambiemos que pueda. El Gobierno lo considera el peor de los traidores.

Martín Lousteau le propuso a Mauricio Macri: si querés me quedo hasta que pase tu visita a Trump. Fue el lunes pasado en el despacho presidencial. Me parece bien, le contestó Macri como distraído, y siguió la charla. Lousteau le acababa de anunciar que renunciaba a la embajada en Washington y volvía para dar pelea política en octubre. El Presidente sólo le había dicho me hiciste perder una apuesta. La reunión con Donald Trump será el próximo jueves 27.

Cuando iban a hablar de las elecciones Macri lo llamó a Marcos Peña. Lousteau y Peña han conversado de modo educado muchas veces. Nunca acortaron un milímetro sus diferencias. Esta vez, con Macri delante, tampoco. La conversación se hizo más fría, por momentos cortante. Lousteau volvió a escuchar las condiciones inflexibles: si venís a Cambiemos ponemos a tu gente en las listas sin elección interna y vos no sos candidato; si querés ser candidato tenés que ir por afuera y enfrentarnos.

El embajador renunciante se fue contrariado, pero confirmando su sospecha: en Cambiemos lo quieren pasteurizado y sin votos que planteen competencia, o no lo quieren. Desazón, un poco; sorpresa, ninguna. Hasta que tres horas después un mensaje desde la Casa Rosada logró sorprenderlo: te tenés que ir ahora, antes de que Mauricio se reúna con Trump.

Las reglas del palacio son inflexibles. Todo aquel que desafíe la línea de mando tiene picado el boleto de salida. Alfonso Prat Gay, Carlos Melconian y ahora Martín Lousteau pueden dar fe. A Emilio Monzó ya le mostraron un par de veces el abismo. La obediencia debida cotiza alto en el mundo Macri. Hasta ahora no les fue tan mal: empezaron hace quince años como una ONG, o un partido vecinal, cinco años más tarde gobernaban la Capital y desde hace 16 meses Macri está sentado en lo más alto del poder. Pero enamorarse de la herramienta, cuando la tarea se hace mayor y mucho más compleja, puede resultar disfuncional. Pronto se verá si es así.

Lousteau, que conserva intacta su buena imagen después de ser funcionario de Macri a la distancia, les dijo a sus amigos –en su paso de la última semana por Buenos Aires- que quiere estar lo más adentro de Cambiemos que me dejen. Pide participar de la PASO sumando su propia fuerza, ECO, al club que tiene como socios principales al PRO, los radicales y la Coalición Cívica.

Le dijeron, en público y en privado, que no. Que la estrategia en los distritos que gobierna Cambiemos la decide el jefe local. En Capital es Rodríguez Larreta, que piensa como Macri, como Peña y como María Eugenia Vidal, y que ve a Lousteau como lo que es, un competidor cercano por el gobierno de la Ciudad. No quieren darle la oportunidad de una interna para después alzarse con los votos que Macri y el PRO supieron amasar en el distrito ganando todas las elecciones en las que se presentaron en los últimos diez años.

Pequeño problema adicional: Cambiemos como tal no existe en la Ciudad. Lousteau enfrentó a Rodríguez Larreta hace dos años en nombre de una alianza que tenía adentro a radicales, socialistas y la Coalición Cívica de Elisa Carrió. Hoy Carrió se fue a Cambiemos y con Lousteau son enemigos exquisitos: cada uno quiere como trofeo la cabeza del otro. Quizás en octubre se puedan sacar el gusto. Lousteau va a ser candidato y el Gobierno confía en que las señales que está dando Carrió acerca de que va a competir en Capital se confirman después de Semana Santa.

Un visitante muy notorio estuvo cenando en casa de Lilita, en Exaltación de la Cruz, en la última semana. Le preguntó, mientras masticaban una tarta difícil, si se iba a candidatear en Capital o en Provincia. Ella, con guiño y sonrisa pícara, le contestó: ¿vos me viste cambiar de domicilio?. Carrió está empadronada en Capital. Le quedan diez días para hacer el cambio. Pero los trámites la aburren soberanamente.

A Lousteau, por si hiciera falta, le están dando cuerda los radicales. Entiéndase: los radicales que no están en funciones de gobierno. Ni gobernadores, ni ministros, ni funcionarios de distintas áreas, ni Ernesto Sanz y sus amigos. En cambio, los que ven los despachos desde lejos están pintados para la guerra. Incluso algunos diputados y senadores de alta exposición y eficaz tarea parlamentaria. Quizás haya allí, de paso, la búsqueda de espacios más amplios de poder en el Congreso.

Esos radicales beligerantes en la Capital están empujando a Lousteau a la pelea con el macrismo. Sin compartir tribu interna se anotan en la cruzada desde el titular del UCR local, Emiliano Yacobitti, hasta el inoxidable Enrique Nosiglia y un operador agudo como el ex jefe de Gabinete delarruista Christian Colombo.

¿No hay riesgo de que se rompa Cambiemos? se les pregunta. Dicen que no, que la competencia fortalece, que el espacio no peronista debe abrirse para contener a todos los que quieren estar allí, y Lousteau es uno de ellos. Lo dicen sin perjuicio -¿o sin conocimiento?- de que el ex embajador en Estados Unidos esté conversando con peronistas de perfil adecuado para el electorado medio porteño como el ex canciller kirchnerista Rafael Bielsa.

Los radicales quizás crean que amagando aliarse ahora con Lousteau pueden pasar una de dos cosas. Que el PRO les termine dando más espacio del previsto en las listas para pagarles su fidelidad a Cambiemos. O que esos mismos espacios puedan conseguirlos compitiendo con el macrismo en las PASO, con la ventaja comparativa de haber dado desahogo a su incomodidad ideológica y casi genética con Macri.

El Gobierno ya les mandó su mensaje: si van con Lousteau en la Capital, van a tener que ir a las PASO contra nosotros en todo el país. El dardo va dirigido a la Provincia, donde el radicalismo conserva tres docenas de intendencias, comparte posiciones de gobierno y tiene una representación interesante en la Legislatura, todo fortalecido en la última elección donde se colgaron de Macri y de Vidal. ¿Qué les queda si tienen que pelear en la interna contra María Eugenia? amenazan los macristas.

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Todo el que desafíe la línea de mando del PRO tiene boleto de salida. Prat Gay, Melconian y Lousteau pueden dar fe

Lousteau juró ante sus amigos que está dispuesto a ir por afuera de Cambiemos si no le dejan otra opción. Y sostuvo que no le asusta perder, en la interna o en la general, si eso le permite consolidar un 25-30% de votos propios en la Ciudad y perfilarse para la competencia por el gobierno en 2019.

Este fin de semana voló de regreso a Washington, para levantar su casa y volver acá con su familia. Le llevará algunas semanas la tarea, así que estará allí cuando aterrice Macri el próximo 27 para la breve visita a Trump. Ese día ni pienso salir a la calle para que nadie confunda las cosas, aseguró antes de irse.

Está satisfecho porque, dice, hizo los deberes que se esperan de un embajador. Le armó a Macri un plan para el día de visita que incluye una reunión en el Capitolio con líderes del Senado y la Cámara de Representantes. También, la entrega de una condecoración a Jimmy Carter, ex presidente de EE.UU. entre 1976 y 1980, que le permitirá reivindicar la defensa de los derechos humanos, a la que la administración Carter ayudó a su modo durante los años de la dictadura de Videla y Massera.

Según explicó en reuniones en sus oficinas de Palermo o en una casaquinta radical en Pilar, eso funcionará como una red de seguridad alrededor de Macri para resguardarlo del efecto Trump. ¿Qué es eso? le preguntaron. La imprevisibilidad absoluta, contestó. Y entró en detalles: Trump tuvo reuniones bilaterales tormentosas con la premier británica Theresa May y con la poderosa alemana Angela Merkel. También hubo frialdad y destrato para ambas líderes europeas cuando se presentaron con Trump ante la prensa. Londres y Berlín tienen espalda para aguantar un desplante de Washington. Buenos Aires, mal que nos pese, juega en otra liga.

Pero si Lousteau tiró la carta de los deberes bien hechos como una última petición de clemencia política, pronto supo que nada alcanzaba. La comprobación le llegó cuando un diputado del PRO que asistió a la cena del martes pasado en Olivos, donde Marcos Peña reunió a todo el bloque propio, le contó que cuando preguntaron por qué no se le abría la puerta a Lousteau alguien contestó: Martín nos quiere pelear desde adentro un territorio que es nuestro y si hace falta lo vamos a tratar como si fuese Aníbal Fernández y el kirchnerismo. ¿No será demasiado?

El tremendismo de la frase remite a la dimensión de la tormenta posible que Macri y su equipo ven venir detrás de este individualista feroz y ambicioso, al que en su enojo hoy consideran el peor de los traidores.

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